EFE
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La expresidenta brasileña Dilma Rousseff abandonó ayer Brasilia, donde residió desde 2003, y partió hacia la ciudad de Porto Alegre, en el sur del país, donde volverá a vivir tras haber sido destituida la semana pasada por el Senado.

Rousseff salió del Palacio de la Alvorada, la residencia oficial de la Presidencia que todavía tenía derecho a ocupar, aclamada por unas pocas decenas de partidarios que se reunieron a las puertas de la mansión para esperar su partida.

La expresidenta ordenó que su vehículo se detuviera, se acercó sonriente a saludar a algunas de las personas, les agradeció su "solidaridad" y partió hacia el aeropuerto.

"Despedirse jamás, volveremos", gritaron los manifestantes, que agitaban banderas rojas del Partido de los Trabajadores (PT) y también coreaban "no al golpe" y "fuera (Michel) Temer", por su antiguo vicepresidente y ahora gobernante efectivo de Brasil.

Algunos la siguieron hasta el aeropuerto de Brasilia, donde casi se cruza con Temer, con quien se enemistó durante el proceso que ella califica de "golpe parlamentario" y que regresó apenas unas horas antes de China, donde asistió a la Cumbre del G20.

La expresidenta, de 68 años y nacida en Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais (sureste), vivió en Porto Alegre (Río Grande Do Sul) desde 1973, cuando recuperó la libertad después de tres años en la cárcel por su activismo contra la dictadura que gobernaba entonces.

Abandonó Porto Alegre a fines de 2002, cuando se mudó a Brasilia después de que su padrino político y antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, la designó ministra de Energía y Minas.

Tras dos años en ese cargo, fue nombrada titular de la cartera de la Presidencia y en 2010 fue elegida por Lula como su sucesora.

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