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Tenía cinco años en las FARC cuando una bomba lo dejó manco. Perdió más tarde su prótesis en un bombardeo y en otro combate una bala le rozó la oreja izquierda. Pero siguió en la guerrilla y hoy apuesta por la paz de Colombia.

'Luis Quintiva', de 40 años, miembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) desde 1999, no se arrepiente de su opción insurgente a pesar del accidente que le cambió la vida. Una marca de roce de bala le recuerda, además, que "nunca" fue "miedoso" en combate.

"Ya tenía unos cinco años en la guerrilla. Estábamos dándole a los milicos y se dañó una bomba de mortero y pues hubo que arreglar. Yo no era muy experto en explosivos y coloqué la bomba para arreglarla y explotó", cuenta a la AFP bajo un toldo de lona camuflada en El Diamante, el remoto paraje del Caguán (sureste), donde las FARCcelebran hasta el viernes una conferencia para ratificar el acuerdo de paz alcanzado con el gobierno tras 52 años de enfrentamientos.

Hasta ahí recuerda este hombre menudo de sonrisa fácil y ojos chispeantes, porque quedó inconsciente y cuando despertó estaba en el hospital que tenía la guerrilla en La Julia, una zona de influencia de las FARC en el departamento del Meta (centro).

En ese hospital con "capacidad para 70, 80 personas" que "tenía de todo", desde "enfermería y rayos X hasta quirófano", estuvo cinco meses internado.

"Salí con esta amputación de la mano izquierda y un problema en la mano derecha que los médicos de la guerrilla no pudieron tratar y me mandaron para Bogotá (donde) me atendió una clínica alemana. Entré como particular. Expliqué que había sido un accidente con una moto. Todo lo pagó la guerrilla", relata.

"El dedo de disparar"

Admite que en el momento se sintió "muy mal". "¿Quién no se va a sentir mal al ver que perdió las manos y queda prácticamente medio?", dice. Pero el "trauma" lo superó con "terapia psicológica".

"Tuve prótesis, pero se me perdió después en un bombardeo. A mí me hicieron la prótesis para la mano izquierda en la clínica, me valió 12 millones (unos 4.000 dólares). Duré dos años y medio con ella. Abría bien el gancho, ya era práctico. Pero ¿para qué dormir con ella? Un día la dejé colgada en la toldillera y cayeron las bombas ¿y quién se va a acordar de eso?", rememora.

Sobre la cicatriz cerca del lóbulo de la oreja izquierda explica que "fue un tiro de encuentro con soldados cuatro o cinco años después del accidente".

"Porque seguí normal, me tocaba la exploración, la guardia, ir al combate. A mí el accidente no me impidió nada. Superé el trauma psicológico y seguí", dice, con el fusil Galil 223 a su lado, mientras se seca el sudor que le resbala por el cuello en la canícula inclemente de los Llanos del Yarí.

"Me mandaban al combate porque a mí a pesar de perder la mano sí me quedó sirviendo el dedo de disparar. Iba yo en la exploración y un soldado me salió a tiros primero y de una vez sus compañeros empezaron a echar plomo. Pero no fue más, solo fue un roce. Me atendieron los enfermeros del campamento nomás", añade.

Reencuentro de llaneros

Por su discapacidad, las FARC le ofrecieron una indemnización de unos 20 millones (6.600 dólares), pero no la aceptó. "Imagínese, discapacitado, ¿qué hago yo? Después de haber estado tanto tiempo en la guerrilla no tendría nada, habría sido luchar por nada", resume.

Como muchos guerrilleros en la conferencia, 'Luis' afirma que la esperanza en las FARC"es que la paz de Colombia se dé para todo el pueblo".

Este hombre nacido en Vistahermosa (Meta), en la misma zona donde deberá concentrarse según lo negociado, tiene un sueño pendiente si el acuerdo es aprobado por los colombianos en el plebiscito del 2 de octubre, además de terminar primaria y avanzar a estudios "de sistemas".

"Si el gobierno de verdad brinda alguna garantía, algún apoyo a los discapacitados, pues yo canto. La carrera mía hubiera sido ser cantante".

"Y todavía me inspiro. Me gusta cantar de todo: llanera, popular, rancheras, melódica, vallenato", agrega mientras entona, con evidente orgullo, un joropo de su tierra.

Pero antes deberá ponerse al día con su hermano 'Gabriel', de 34 años y también guerrillero, con quien se reencontró el sábado en medio del espectáculo musical que cada noche hay en la conferencia.

"Hacía 16 años que no hablaba con él, pero está bien", comenta 'Luis', que entró a lasFARC por "locuras de juventud", pero adquirió "conciencia revolucionaria" con "la experiencia".

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