•   Bakú, Azerbaiyán  |
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  • EFE

El papa Francisco recordó que la religión es incompatible "con el intento de imponer con violencia" otras formas de ver, escudándose en Dios, en el discurso que pronunció hoy ante el presidente de Azerbaiyán, Ilham Alíev, y otras autoridades.

"La adhesión a los genuinos valores religiosos es totalmente incompatible con el intento de imponer con la violencia a los otros las propias formas de ver, escudándose en el santo nombre de Dios", dijo el papa, que hoy llegó a este país transcaucásico de mayoría musulmana para una visita relámpago de diez horas.

Francisco, que visita este país después de permanecer dos días en la vecina Georgia, resaltó en su discurso la necesidad de "oponerse eficazmente a estas peligrosas desviaciones" y la necesidad de que "crezca la cultura de la paz".

Recordó el drama de muchos conflictos "que se alimentan de la intolerancia, fomentada por ideologías violentas y por la negación práctica de los derechos de los más débiles".

En este país los musulmanes chiíes suponen el 62 por ciento de la población, los suníes el 26 por ciento y los cristianos ortodoxos son el 12 por ciento, mientras que luteranos y judíos son grupos minoritarios y hay 500 católicos.

Por lo que el papa apreció de Azerbaiyán su carácter multicultural y de respeto por el resto de las religiones.

En la imponente sala principal del Centro Cultural de Bakú diseñado por la arquitecta Zaha Hadid, el pontífice instó a que la fe sea "más bien fuente de inspiración para la mutua compresión, el respeto y la ayuda recíproca, en favor del bien común de la sociedad".

"Toda pertenencia étnica o ideológica, como todo auténtico camino religioso, debe repudiar actitudes y concepciones que instrumentalizan las propias convicciones, la propia identidad o el nombre de Dios para legitimar intentos de opresión y dominio".

Francisco también se refirió a los conflictos aún presentes en el país, como el que mantiene desde 1988 con Armenia por el enclave de Nagorno Karabaj, que en abril experimentó una nueva escalada después de haber permanecido latente durante más de dos décadas.

Aunque sin citarlo, expresó "su cercanía a quienes han debido abandonar su tierra y a tantas personas que sufren a causa de conflictos sangrientos".

Y abogó por una ayuda de la comunidad internacional, pero al mismo tiempo invitó a las partes "a hacer todo lo posible para alcanzar una solución satisfactoria con el fin de hacer posible la apertura de una fase nueva".

"Confío en que, con la ayuda de Dios y mediante la buena voluntad de las partes, el Cáucaso pueda ser un lugar donde, a través del diálogo y las negociaciones, las controversias y las divergencias logren componerse y superarse".

Francisco deseó que el Cáucaso "se convierta también en una puerta abierta hacia la paz y un ejemplo en el que fijarse para resolver antiguos y nuevos conflictos".

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