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  • EFE

Al aspirante republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, le ha estallado el escándalo en la recta final de una campaña electoral en la que nunca ha tenido palabras amables para las mujeres y sí ha sido acusado de misoginia, comportamientos lascivos y acoso sexual.

"Cerdas", "perras", "guarras" o "animales repugnantes" son algunos de los calificativos con los que el multimillonario se ha referido al sexo femenino ya desde antes de que comenzara su andadura hacia la presidencia de Estados Unidos el pasado año, pero nada parecía afectar a su imagen pese a que en los debates se le recordasen sus palabras.

Sin remordimientos, consideró, ya en campaña, que no era de extrañar que los ejecutivos no quisieran emplear a mujeres, porque al quedarse embarazadas salían poco rentables. Su rival demócrata, Hillary Clinton, defendía desde el otro lado del arco político la licencia de maternidad pagada, pero sus propuestas se diluían como un eco.

Acostumbrados ya a una retórica incendiaria contra las minorías, los ataques del magnate a las mujeres se habían convertido en parte de su campaña electoral, hasta que la semana pasada el diario The Washington Post reveló un video del aspirante republicano en el que se jactaba de abusar de ellas.

"Me atraen las mujeres bonitas automáticamente. Las comienzo a besar, es como un imán, no puedo ni esperar (...). Y cuando eres una celebridad te dejan hacer lo que quieras, puedes hacer lo que quieras (...). Agarrarlas por el coño. Puedes hacer de todo", aseguraba Trump en un punto de la grabación, efectuada en 2005.

Trató de pedir disculpas, pero no logró detener la tormenta.

Días más tarde, el multimillonario se enfrentaba a Clinton en el segundo debate presidencial en San Luis (Misuri) y decidió pasar a la ofensiva dando una rueda de prensa antes del cara a cara con cuatro mujeres que presuntamente habían sufrido acoso por parte del expresidente Bill Clinton.

Trump desvió la atención y salió airoso del encuentro, aunque escenificó uno de los debates presidenciales más duros y enfangados que se recuerdan, e insistió en varias ocasiones en que lo dicho en aquel video eran "solo" palabras y que él nunca habría hecho algo así, a diferencia del exmandatario y marido de su rival.

Sin embargo, ya era demasiado tarde. Lejos de que aquella estrategia le sirviera para exculparse se ha vuelto en su contra, al provocar en los últimos días un rosario de testimonios por parte de diversas mujeres que aseguran haber sufrido abusos sexuales por parte del magnate en las últimas décadas.

Las lascivas palabras del video no se quedaron, como pretendía y acostumbraba, en "solo eso, palabras", y le han granjeado el mayor escándalo de la carrera presidencial a menos de un mes para las elecciones.

Las condenas contra el multimillonario, que parecían no afectarle en el pasado, esta semana se han vuelto más potentes provocando una caída libre de sus aspiraciones presidenciales en las encuestas.

Uno de los discursos más poderosos sobre lo ocurrido fue el protagonizado este jueves por la primera dama, Michelle Obama, quien en un acto de campaña desde Nuevo Hampshire a favor de Clinton abanderó las críticas al multimillonario a gritos de "ya basta".


"Los comentarios vergonzosos sobre nuestros cuerpos. La falta de respeto a nuestras ambiciones e intelecto. La creencia de que puede hacer lo que quiera con una mujer. Es cruel, aterrador. Y la verdad es que duele. Duele", dijo la primera dama en una de las intervenciones más potentes en lo que va de campaña.

"Simplemente no podemos aguantar esto o exponer a nuestros hijos a esto por más tiempo (...) Ahora es el momento de que todos nos plantemos y digamos 'ya basta'", urgió ante miles de seguidores en un tono muy personal.

Aunque su esposo, el presidente Barack Obama, también se ha apresurado a deplorar los actos y acciones del magnate, ha sido Michelle quien le ha asestado al republicano uno de los golpes más duros.

Mientras sus palabras -esas sí, las de Michelle- aún resuenan en los medios y las conversaciones políticas, cada vez son más las mujeres que deciden salir a la luz pública a contar cómo supuestamente fueron acosadas por el magnate, una avalancha que parece estar lejos de terminar.

Las mujeres más cercanas a Trump han guardado un relativo silencio ante el escándalo: su esposa Melania calificó de "inaceptables y ofensivas" las palabras de su marido, pero pidió a los votantes aceptar sus disculpas, según un comunicado.

Su hija Ivanka ha evitado responder a las preguntas de la prensa sobre los errores del magnate neoyorquino. 

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