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A sus 61 años, el conservador Mariano Rajoy fue reconducido al poder en España, venciendo una guerra de desgaste contra sus jóvenes rivales que subestimaron su resistencia forjada tras 35 años de vida política.

Así como salió de un accidente de helicóptero en 2005 con sólo un dedo roto, Rajoy sobrevivió con estoicismo a una crisis política sin precedentes que dejó al país sin gobierno durante diez meses.

Ni siquiera gobernar en clara minoría ante un Congreso fragmentado y beligerante lo hicieron inmutarse: "Accedo al gobierno para perseverar", advirtió en su discurso de investidura.

Jefe del gobierno saliente, Rajoy no hacía más que gestionar los asuntos cotidianos desde que perdió la mayoría absoluta del Congreso en diciembre de 2015.

Durante este tiempo casi muerto, aprovechó para hacer campaña permanente por todo el país, jactándose del crecimiento económico del mismo y sin apenas esforzarse en labrar acuerdos con sus rivales, incapaces de formar un gobierno alternativo.

Durante su mandato entre 2011 y 2015, Rajoy recibió el apodo de presidente "plasma" por hacer comparecencias de prensa a través de una pantalla para evitar preguntas, especialmente sobre la corrupción que afectaba su partido.

Pero, ni los escándalos en su formación, con varios extesoreros juzgados en un macroproceso de corrupción, ni su gris perfil ante unos rivales más jóvenes y carismáticos, pudieron destruir a este político que hizo de su afición matutina, "caminar rápido", su lema político.

Hoy "el título podría ser: 300 días después, el aburrido presidente del plasma tumba por KO a los jóvenes líderes emergentes que venían a comérselo vivo", resume el politólogo Antón Losada, analista de medios progresistas.

Atacando a sus rivales tratándolos como "novatos" y jugando con el miedo a un cambio del modelo económico, salvó lo esencial para él: su partido siguió como primera fuerza (28,71%) en las legislativas de diciembre de 2015 y se reforzó en junio (33%).

"Dominio perfecto de los tiempos"

Para Narciso Michavila, especialista demoscópico que aconsejó a Rajoy, "es evidente que Rajoy es un líder sin carisma pero tiene un dominio perfecto de los tiempos y un conocimiento increíble de los mecanismos de decisión".

Él veía "clarísimo" que la rivalidad entre el líder del partido antiausteridad Podemos, Pablo Iglesias, y el dirigente del partido socialista PSOE, Pedro Sánchez, impediría la formación de un gobierno de izquierda y "dejó que todo el mundo se peleara", dice Michavila.

Hasta que los socialistas --divididos y presionados para desbloquear el país-- se desprendieron de Sánchez y permitieron gobernar a la derecha.

Nacido el 27 de marzo de 1955 en la conservadora Galicia (noroeste), Rajoy es el hijo mayor de quien fungiera como presidente de un tribunal provincial. Estudió derecho y se convirtió en registrador de la propiedad antes de unirse a Alianza Popular, fundada por antiguos ministros del dictador Francisco Franco, entre ellos Manuel Fraga Iribarne, que se convertiría luego en el Partido Popular.

Cinco veces ministro del gobierno de José María Aznar, fue su portavoz cuando tuvo que justificar la desastrosa gestión de la marea negra provocada en Galicia por el buque petrolero "Prestige" en 2002, o la entrada de España en la guerra de Irak en 2003, reforzando su capacidad de resistencia ante las críticas.

Manifestación en Madrid  contra el segundo mandato de Mariano Rajoy / AFP"Inmóvil"

La oposición socialista y los dirigentes de Cataluña, donde el independentismo aumentó desde su llegada al poder, lo describen como un jefe de gobierno "inmóvil" e "intratable".

Ahora, buscando la confianza perdida en el Congreso, promete abrirse al diálogo a todos los niveles.

Pero Rajoy, que aplicó desde 2011 una austeridad draconiana prometida a Bruselas, no parece dispuesto a alterar el núcleo de su política.

Así, sigue defendiendo la controvertida reforma del mercado laboral de 2012 a la que él atribuye la creación de un millón de empleos, aunque muchísimos de ellos precarios.

"No estoy dispuesto a derribar lo construido. Se pude mejorar, sin duda, pero que nadie espere que yo contribuya a su demolición", advirtió en su discurso de investidura.

Padre de dos hijos, el mayor de ellos su tocayo, lleva con discreción su vida privada.

También trata con discreción e intenta hablar lo menos posible del pacto anticorrupción signado con el partido de centroderecha Ciudadanos, que teóricamente lo obligaría a hacer limpieza dentro de su partido.

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