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  • EFE

El color blanco que todo lo tiñó en la firma de la paz colombiana en Cartagena de Indias se extendió un mes después a la XXV Cumbre Iberoamericana, un foro con pocos sobresaltos en el que los líderes volvieron a lucir sus guayaberas con icónicas palomas de la paz prendidas en la solapa.

Y es que el proceso de paz fue el protagonista no oficial de esta reunión celebrada en la misma histórica ciudad del Caribe colombiano que la firma del acuerdo al que finalmente el pueblo colombiano dio la espalda en el plebiscito del 2 de octubre, y que en este momento renegocian el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC.

Por eso, ante el delicado momento que atraviesan los retomados diálogos de La Habana, los líderes de Iberoamérica hicieron un guiño a los esfuerzos del país anfitrión por lograr una paz estable y duradera, y lucieron todos en la solapa un broche dorado con la silueta de la paloma de la paz.

También tuvieron ocasión de dejar sus buenos deseos por escrito en un panel blanco con una paloma serigrafiada de fondo.

En ese lienzo, el rey de España, Felipe VI, plasmó "todo el ánimo y apoyo a Colombia en su esfuerzo y determinación por lograr la paz", mientras la presidenta chilena, cuyo país es junto a Venezuela acompañante del proceso de paz, escribió: "Colombia desea y merece la paz, Chile seguirá acompañándolos en sus esfuerzos por una paz duradera".

"Con una gran esperanza de paz para Colombia", anotó por su parte el canciller cubano, Bruno Rodríguez.

La tradicional fotografía "de familia" de los asistentes se tomó, además, en el mismo escenario en el que el 26 de septiembre plasmaron su firma en el acuerdo inicial de paz el presidente Juan Manuel Santos y el líder de la guerrilla, Rodrigo Londoño alias "Timochenko".

Y la clásica guayabera blanca fue, una vez más, la prenda estelar de la Cumbre de Cartagena, elegida por buena parte de los mandatarios presentes en la reunión, como ya lo fue en la anterior Cumbre de Veracruz y en casi todas las que han tenido como sede una ciudad caribeña

Confeccionada con un tejido ligero y natural, el lino, que ayuda a soportar los rigores del calor y la alta humedad, y con estratégicos bolsillos, pliegues y jaretas, la guayabera -invento cubano- está considerada en el Caribe prenda protocolaria de máxima etiqueta.

La nota de color en ese mar de níveas camisas la pusieron las féminas, con la secretaria Iberoamericana, Rebeca Grynspan, de vivo fucsia, y la presidenta de Chile, Michele Bachelet, con un vestido rosado y una chaqueta gris con rayas oscuras.

Aunque la indumentaria que atrajo más miradas no fueron los coloridos vestidos, sino la chaqueta marrón de aspecto abrigado que lució el canciller de Paraguay, Eladio Loizaga, bajo las miradas atónitas de algunos, dado que la temperatura media de la ciudad ronda los 30 grados con una humedad del 85 %.

También llamó la atención de los presentes que a diferencia de cumbres anteriores, varios presidentes hicieron el "paseíllo" oficial a su llegada a la reunión tomados de la mano de sus esposas.

Así ocurrió con el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, y el de México, Enrique Peña Nieto, entre otros.

Pocas anécdotas más dejó esta Cumbre de Cartagena, parca en sorpresas y la primera que se celebra desde que se tomó la decisión de convertir en bienal una cita que había sido anual desde su primera edición en 1991.

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