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El presidente colombiano Juan Manuel Santos visitó este jueves Belfast, epicentro de un cruento conflicto de tres décadas, y comprobó la fortaleza de un proceso de paz que, pese a todo, no ha derribado todos los muros.

"Quiero decirle a los colombianos, miren lo que hicieron en Belfast, nosotros podemos hacer lo mismo", dijo Santos en un discurso en el museo del Titanic, lugar que conmemora la construcción, en los astilleros de esta ciudad, del famoso trasatlántico.

"Quise venir aquí para felicitarles y darles las gracias porque he ido siguiendo lo que hacían, y es una inspiración para mí", añadió.

Tras el encuentro, Santos dijo que el viaje de un día de Irlanda del Norte, colofón de su visita de Estado de tres días al Reino Unido, fue "una experiencia maravillosa".

"La experiencia de la reconciliación es extraordinaria y un ejemplo para nosotros", aseguró el último Nobel de la paz a la prensa.

Santos se acercó a un centro comunitario en el barrio de Girwood, en el norte de Belfast, un lugar en el que hubo unos cuarteles militares y una segregación comunitaria muy fuerte, y donde católicos y protestantes han ganado espacios de convivencia.

El presidente colombiano se reunió a puerta cerrada con un grupo de líderes comunitarios entre los que estaba Manus Maguire, que explicó a la AFP que Colombia tiene que prestar atención a los temas socioeconómicos si quiere que la paz prospere.

"El dividendo de la paz no ha llegado hasta las comunidades más desfavorecidas, ahí donde el conflicto fue más intenso", narró.

"En este barrio", prosiguió, "hay un muro que separa a protestantes de católicos, y sigue en pie 20 años después del alto el fuego, ese asunto no se resolvió".

McGuinness: muchos no creían en el fin del conflicto

Uno de los líderes políticos que se reunieron con el presidente colombiano es el hoy Viceministro Principal de la provincia británica, Martin McGuinness, otrora dirigente de la organización armada católica IRA (Ejército Republicano Irlandés), que en 1975 colocó una bomba en Londres cuya onda expansiva tiró al suelo al joven Santos.

"Nuestro conflicto duró mucho tiempo y mucha gente creía que no tenía solución, pero la transformación llegó gracias al coraje de gente de ambos lados", recordó McGuinness.

"Este es un lugar muy pequeño, y Colombia es muy grande. Significa un desafío mayor. Pero la paz en Colombia está en una posición muy fuerte y hay perspectivas reales de que triunfe", aseguró el hoy dirigente político del partido Sinn Fein.

Irlanda del Norte vivió un sangriento conflicto sectario de 30 años entre católicos -partidarios de que la provincia se una a la República de Irlanda- y protestantes -unionistas y leales al Reino Unido-, que acabó en 1998 con el Acuerdo de paz de Viernes Santo.

A diferencia del de Colombia, el acuerdo norirlandés fue aprobado en referéndum a la primera con un apoyo del 71,1%.

Dos arquitectos de la reconciliación en Irlanda del Norte, el protestante David Trimble, dirigente del Partido Unionista del Úlster, y el líder católico nacionalista John Hume, fueron galardonados con el Nobel de la Paz en 1998, como lo acaba de ser Santos.

Dos conflictos diferentes, los mismos obstáculos para la paz

El conflicto norirlandés dejó cerca de 3.600 muertos, mientras el colombiano causó más de 260.000 y 6,9 millones de desplazados. Aunque las diferencias fueron notables, explicó a la AFP Quintin Oliver, de la organización Stratagem International, todos los procesos de paz se parecen.

"Las dinámicas de los conflictos comparten algunas cosas. Como la amargura de la gente, o la dificultad de pasar página", explicó.

Oliver cree que de haber perdido el referéndum, como le pasó a Santos, "las consecuencias hubieran sido catastróficas" por la fragilidad del proceso al principio.

"Pero en Colombia puede ser diferente, porque la participación fue baja" y "porque Santos y las FARC se han comportado con mucha madurez y pueden hallar soluciones dialogando con los votantes del 'no'".

La lección que Santos puede aprender en Belfast es "la inclusividad", sostuvo. "La participación pública es muy importante. La sociedad civil, las víctimas, todo el mundo tiene que estar en la mesa de negociaciones. Por eso quizás la participación fue baja, la gente no estaba entusiasmada. Las negociaciones en La Habana fueron largas y complicadas, y la gente se mantuvo distante".

Al mismo tiempo, hay cosas dignas de elogio en el plan de paz colombiano, estimó, citando las disculpas pedidas por el líder de las FARC, Timoshenko. "Nosotros esperamos diez años", recordó.

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