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  • EFE

Doce meses después de los atentados yihadistas en París, donde murieron 130 personas, varios de los establecimientos atacados esa noche se esfuerzan por volver a la normalidad.

Para los parisinos, el paso del tiempo ha sido su mejor aliado. La noche del 13 de noviembre de 2015 el cielo de París estaba despejado, el pronóstico era estable y, a pesar del frío, las terrazas en los restaurantes estaban repletas de gente.

Pero apenas entraba la noche cuando una lluvia de balas cayó sobre seis establecimientos y segó la vida de 39 personas.

“Todo se ha aliviado, al principio fue difícil, pero todo va bien ahora”, dice a Efe un empleado del bar Le Carillon que pide no identificarse por temor a represalias.

En este bar -recomendado por la revista Time Out en 2016- y, cruzando la calle, en Le Petit Cambodge, 15 personas fueron asesinadas esa noche por los terroristas.

Ubicados en plena intimidad de París, donde rara vez llegan oleadas de turistas, para algunos, los ataques movieron la fibra más sensible de los parisinos y les unieron en fraternidad. Chahrem, de 35 años y original de Argelia, visita casi devotamente Le Carillon “todas las semanas”.

Para él, “la vida continúa, lo malo pasó y hay que seguir”, aunque admite que “ha pasado mucho tiempo” antes de que la gente vuelva a visitar el bar. Sobre cómo ha cambiado el barrio, asegura que ”ahora hay más fraternidad, la gente está más unida y hay menos egoísmo”.

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Poco a poco, la cotidianeidad ha vuelto a las terrazas, los clientes charlan de nuevo, bajo el amarillo de las estufas y cerveza en mano.

Desde el exterior las risas se cuelan, de cuando en cuando, en las conversaciones. Pero el recuerdo de aquellos que estuvieron y de quienes se enteraron luego sigue presente. A sólo minutos de la plaza de la República, el restaurante italiano Casa Nostra todavía se levanta.

Doce meses después “todos los que trabajaron esa noche ya no están, los dueños han cambiado a los empleados”, revela una de las trabajadoras. ”Ahora está bien, se va llenando, pero la gente ya casi no se sienta afuera (en las terrazas)”, añade.

El 13 de noviembre todas las mesas de la terraza estaban llenas; en el Casa Nostra y, justo en frente, en el Bonne Biére, cinco personas perecieron esa noche. Se cambiaron las ventanas rotas y las marcas de bala desaparecieron con las remodelaciones, pero en las tertulias de los clientes aún se perciben cuchicheos de lo ocurrido. 

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