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  • EFE

La sequía que padece Bolivia ha agravado los racionamientos de agua en La Paz afectando a alrededor de 340.000 habitantes y ha provocado que el presidente Evo Morales destituya a dos autoridades por su mala gestión del problema.

Se trata de la peor sequía que sufre Bolivia en 25 años y que también afecta a otras ciudades y al campo, donde en diferentes municipios grupos de campesinos e indígenas organizan desde la semana pasada ritos y procesiones para pedir a Dios por lluvias.

El presidente boliviano pidió hoy disculpas por la mala gestión de las autoridades para enfrentar la escasez de agua, sobre todo en la ciudad sede del Gobierno, y lamentó no haber recibido a tiempo las alertas necesarias para gestionar mejor las necesidades de la gente.

Morales destituyó a la autoridad nacional de regulación del sector de agua y al gerente de la empresa estatal del agua en La Paz Epsas por haber mantenido silencio hasta que el nivel del agua en los embalses cayó a entre 5 % y 8 %, los más bajos en una década.

Todo hace suponer que las autoridades destituidas no avisaron a tiempo del problema esperando las lluvias que en noviembre solían ser intensas, pero que en el último tiempo han sido muy eventuales.

En lugar de los destituidos, el Gobierno nombró a Víctor Rico como jefe de la Autoridad de Fiscalización y Control Social del Agua (AAPS) y a Marcel Claure, como gerente de la Empresa Pública Social del Agua y Saneamiento (Epsas), que tienen experiencia en el área y están a cargo de diseñar un plan de emergencia ante la escasez.

El presidente Morales dijo que las lagunas y represas de abastecimiento de La Paz evidentemente "están vacías, hay serios problemas" y que las soluciones serán a mediano plazo.

Según datos entregados hoy a Efe por el municipio de La Paz, en los distritos afectados por el racionamiento están 94 barrios con alrededor de 340.000 habitantes, más de un tercio de la población proyectada por la Alcaldía para 2016.

Se trata de barrios de la populosa ladera este de la ciudad y de la zona sur paceña, donde viven sectores de la clase media y alta.

El alcalde de La Paz, el opositor Luis Revilla, que vive en un barrio del sur, celebró que Morales haya tomado decisiones para enfrentar el problema ante el agravamiento de la escasez y pidió impulsar la formación de una nueva Empresa Metropolitana de Aguas.

Criticó que Epsas, que depende del Gobierno, sea una compañía con un presupuesto anual de 34 millones de dólares, de los que la mitad cubre salarios para una "burocracia enquistada" que no está resolviendo los problemas de la ciudad, dijo.

Asimismo, Revilla advirtió a la población de que el agua que están recibiendo tras dos o tres días de corte tiene que ser purificada para evitar una emergencia sanitaria porque ahora no hay certeza de que el líquido que se distribuye sea limpio y potable.

"Está saliendo el agua turbia en mi casa y la recomendación que he hecho a mi familia es que tenemos que hervir el agua y comprar pastillas en las farmacias para purificar el agua", comentó.

La población afectada recibe el agua por horas y quienes no llegan a recibirla se proveen de camiones cisternas y vertientes naturales existentes en algunos sectores de la ciudad, que está también atravesada por varios ríos, pero muy contaminados.

El opositor Samuel Doria Medina también hizo declaraciones sobre el tema y cuestionó la paradoja de que Bolivia haya promovido en Naciones Unidas el reconocimiento del agua como un derecho humano, pero el presidente "no esté enterado de la situación del agua".

"Son ya diez años que no se han hecho inversiones en el departamento de La Paz, en ninguna represa, ni en ninguna solución para el tema del agua sabiendo que los nevados cada vez tienen menos nieve y menos agua, que la temperatura del planeta está subiendo", apuntó Doria Medina.

El político aludió al hecho de que Epsas es una empresa que lleva varios años intervenida por el Gobierno y que en 2007 nació sobre la base de la firma Aguas del Illimani, compañía expropiada por Morales a una filial de la firma francesa Suez.

La Conferencia Episcopal Boliviana también se pronunció sobre los estragos del calentamiento global y la sequía e hizo un llamado a elevar "rogativas para que Dios misericordioso nos permita a nosotros y nuestra tierra gozar del agua, don y fuente de vida".

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