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A sus 82 años, Maria Thereza Sombra no recuerda a Río de Janeiro más arruinado que hoy. Y asustada por las penurias en la comisaría de su barrio, convenció a sus vecinos de abastecerla con productos de todo tipo: desde cámaras de seguridad hasta papel higiénico.

La grave crisis de Río, el Estado más afectado por la recesión en Brasil, ha tenido efectos especialmente dramáticos en los sectores de salud y seguridad, con hospitales carentes de insumos, funcionarios batallando para recibir su salario y comisarías sin hojas para registrar denuncias o sin gasolina para patrullajes.

Los problemas de seguridad y servicios, que permanecieron en segundo plano durante los Juegos Olímpicos, se reavivan en la "Cidade Maravilhosa", declarada en estado de "calamidad pública" en junio. La violencia y los tiroteos también repuntaron con la partida de los atletas internacionales, y la policía lanzó recientemente un SOS. "Si en la actual crisis que está pasando Río, la policía queda atada de pies y manos ¿qué va a ser de nosotros? Tenemos que ayudar a los que nos tienen que defender; si no, nadie podrá salir de casa", argumenta María Thereza, profesora jubilada y presidenta de una asociación de vecinos del acomodado barrio de Flamengo.

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