Pablo Ramón / EFE
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La calle Ocho de la Pequeña Habana vivió un día entero de fiesta después de conocerse la muerte de Fidel Castro, con la música de altavoces y bongós a pleno volumen y los presentes dispuestos a estar allí por muchas horas.

"Yo de aquí me voy para el trabajo", dijo a Efe, pasada la medianoche del sábado, Giraldo Álvarez, un joven que afirmó estar en el lugar desde que supo de la noticia, solo con paradas para "comer y dormir un poco" para recuperar fuerzas en la noche.

Unas 200 personas mantuvieron viva la llama que se había encendido horas antes, cuando el reguero de personas era incesante.

El anuncio de la muerte de Fidel Castro, líder de la revolución de 1959 y mandatario de Cuba hasta que cayó enfermo en 2006, en vez enlutar a los cubanos de Miami, la capital del exilio, los puso a bailar y a festejar desde la medianoche del viernes.

Como muchos otros, Álvarez aseguró que lo celebraba por su abuela, "que se murió con 100 años esperando", y por su padre, que es "balsero".

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Él se encarga de animar la fiesta con el enésimo "Nuestro día (ya viene llegando)", el himno de los exiliados cubanos interpretado por Willy Chirino, que pasó por el Versailles el sábado, lo que provocó una avalancha de gente sobre las puertas del café, desbordado durante toda la jornada.

Allí, una de las empleadas del pequeño café anexo al restaurante Versailles lucía exhausta ya entrada la madrugada del sábado al domingo: "este día fue muy duro, esto está siempre lleno, pero hemos vendido más de lo normal".

"Que no se muera nadie más", añadió una compañera suya con semblante cansado.

LAS VENTAS

La fiesta del Versailles creó una onda expansiva que benefició al resto de negocios a su alrededor en un día fuera de lo normal.

Inaugurado hace poco, el asador argentino Mi Buenos Aires Querido tuvo un día "inesperado" e hizo más caja de lo habitual, indicó una de sus responsables, Virginia, que también indicó que no estaban "preparados" pero que lo están "llevando bien".

Preguntada por si el segundo día después de la muerte de Fidel continuaría la tendencia al alza de las ventas, Virginia señaló que "al ser un domingo en el que la gente viene después de un fin de semana largo (el jueves fue Acción de Gracias y muchos hicieron puente), se espera que sigan llegando más".

Carlos, que portaba un puñado de banderas de Cuba para vender, estaba decepcionado porque el día "podría haber sido mejor". "Hemos venido demasiados vendedores, siete u ocho", lamentó después de haber pasado 12 horas allí.

CONSIGNAS

De vuelta al centro de la acción, las consignas ya habían dejado de ser políticas hace muchas horas y, más allá de los gritos alternados de "viva Cuba Libre", los éxitos de la música latina sonaron uno tras otro: "Hasta que se seque el Malecón", "La vida es un carnaval", "La gozadera" y de nuevo vuelta al "Nuestro día (Ya viene llegando)".

"Pero es normal que lleven tantas horas de fiesta", afirmó

Claudio, "porque les habían tratado a patadas, les metieron presos y les maltrataron mucho".

Sin embargo, y aunque entendía al resto de sus compatriotas, él es de los que no le deseó la muerte a Fidel porque se considera "un hombre religioso".

Mientras decenas de desconocidos se lanzaron a bailar unos con otros en pleno ambiente de noche de sábado, en la parte de atrás de la calle una mujer sostuvo durante horas el retrato de una persona.

"Es mi padre, Luis Raúl Figueroa, que murió peleando contra Fidel en el campo de batalla hace 55 años", reveló Beatriz Figueroa, que llevó la fotografía para que él estuviera "en alma y en cuerpo celebrando que cayó el asesino". 

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