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Negocios de todo EE. UU. cerraron sus puertas como parte de una protesta denominada “Un día sin inmigrantes”, un espontáneo boicot contra la políticas migratorias del presidente Donald Trump que ha contado con el apoyo de empresarios y vecinos en numerosos puntos del país.

Un gran número de empresas de construcción, restaurantes, servicios de cuidado de niños o supermercados cerraron sus puertas para demostrar a Trump que, sin el trabajo inmigrante, Estados Unidos quedaría paralizado y sus comunidades privadas de una parte integral de su vida diaria.

Inmigrantes en ciudades como Washington, Boston, Filadelfia o Los Ángeles abandonaron sus puestos de trabajo, se negaron a comprar o a tomar el transporte público, para disociarse por un día de la economía estadounidense y demostrar su importancia.

“Es una protesta de ausencia, no de presencia. Algo puede tener tanto o más impacto que una marcha al uso”, explicó el profesor de sociología de la Universidad Americana, Ernesto Castañeda, en Mount Pleasant, el barrio hispano de Washington por excelencia.

En la capital estadounidense, inmigrantes salvadoreños, colombianos, indios o coreanos se sumaron a una huelga nacida de manera espontánea para protestar contra las medidas de Trump que quieren poner fin a las llamadas “ciudades santuario”, acelerar las deportaciones de indocumentados y prohibir la entrada a refugiados.

41 MILLONES

Según la Oficina del Censo, Estados Unidos ha visto un crecimiento histórico de población inmigrante y, según los datos más recientes de 2013, un 13% nació en el extranjero, equivalente a más de 41 millones de personas.

Ese número es aún mayor si se incluyen los nacidos en Estados Unidos de padres inmigrantes, cuyo carácter ha quedado definido irremediablemente por los vínculos a dos o más países y la diversidad cultural.

Trump ha firmado una orden ejecutiva para privar de fondos a las ciudades que deciden no utilizar sus recursos de seguridad para colaborar con las autoridades federales, encargadas de inmigración, y entregar a los indocumentados que viven en sus vecindarios.

Decenas de alcaldes de las principales ciudades del país se han negado a ceder y comprobar el estatus migratorio de sus vecinos o entregarlos a las autoridades migratorias, por temor a crear un ambiente de paranoia que paralice sus comunidades por el miedo.        

Además, Trump ha pedido reforzar las agencias del Departamento de Seguridad Nacional encargadas de deportar a inmigrantes, algo que ya ha comenzado con el aumento de las redadas del ICE de todo el país, que ha afectado no solo a personas con antecedentes, sino a inmigrantes con faltas leves o sin ninguna deuda con la ley.

UN NUEVO DECRETO

Trump adelantó que la próxima semana emitirá un nuevo decreto sobre inmigración después de que el primero, que vetaba la entrada de inmigrantes y refugiados al país, fuera suspendido por la justicia.

“Voy a emitir un nuevo decreto en la próxima semana que protegerá nuestro país de forma amplia”, dijo Trump en una conferencia de prensa en la Casa Blanca.

El presidente republicano ordenó hace tres semanas prohibir la entrada a Estados Unidos a refugiados y ciudadanos de siete países de mayoría musulmana. Pero una corte de Seattle (noroeste del país) suspendió la medida, decisión que avaló posteriormente un tribunal de apelaciones en el que fue el primer gran revés del gobierno de Trump. El Departamento de Justicia informó que el Gobierno abandonó la apelación del decreto en una moción presentada ante la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito.

También reiteró su intención de construir “un gran muro” con México que no será “una broma como el actual” y afirmó que se involucrará personalmente para “reducir su coste”, que las últimas estimaciones sitúan por encima de los 21,600 millones de dólares.

“Va a ser un gran muro. Y lo negociaré yo, de modo que el precio se bajará como el resto de las cosas que he negociado para el Gobierno”, dijo Trump en una rueda de prensa no prevista en su agenda en la Casa Blanca, en la que no mencionó, como en otras ocasiones, que será México quien se haga cargo de la factura.

Este jueves Trump también designó al cubano-estadounidense Alexander “Alex” Acosta para ser su secretario de Trabajo. Acosta sería el primer hispano de su gabinete.