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Un atentado suicida y bombardeos del régimen dejaron varias decenas de rebeldes muertos en Siria cuando los beligerantes reunidos por la ONU en Ginebra tratan a duras penas de iniciar las discusiones para buscar una solución política al conflicto.

El viernes por la mañana, un kamikaze mató a por lo menos 42 personas, la mayoría rebeldes, haciendo estallar un coche bomba al nordeste de Al Bab, el bastión del grupo Estado Islámico (EI) arrebatado la víspera a los yihadistas, según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH).

"El balance se eleva a 42 muertos pero podría agravarse ya que hay decenas de heridos, muchos de ellos en estado crítico" según el OSDH.

Por otro lado, una treintena de rebeldes murieron en bombardeos aéreos del régimen de Damasco contra 'bolsas' rebeldes al oeste de la ciudad de Alepo, reconquistada hace dos meses por el ejército, indicó la misma fuente.

"El régimen quiere reforzar sus posiciones alrededor de Alepo y toma los disparos de cohetes de los rebeldes como pretexto para bombardear sus posiciones e intentar expulsarlos de los suburbios de la ciudad", indicó a la AFP Rami Abdel Rahman, director del OSDH.

Pese al alto el fuego concluido a finales de diciembre bajo los auspicios de Turquía, que apoya a los rebeldes, y Rusia, que apoya al régimen, la violencia nunca ha cesado.

La tregua no implica a los grupos yihadistas, en particular el EI, muy presente en el escenario sirio, pero sí al régimen y a la oposición armada.

La guerra en Siria ha dejado más de 310.000 muertos desde 2011 y ha provocado el desplazamiento de 13 millones de personas, la mitad de la población del país.

Llamamiento a la responsabilidad

El conflicto, internacionalizado con la implicación de una decena de países, entrará en unos días en su séptimo año.

El enviado de la ONU en Siria, Staffan de Mistura, comenzó el jueves apelando a la "responsabilidad histórica" de todas las partes, pero con pocas esperanzas de una resolución rápida del conflicto.

En las tres rondas de negociaciones celebradas el año pasado en Ginebra, los dos bandos beligerantes nunca llegaron a sentarse en una misma mesa y De Mistura actuó como intermediario.

Esta vez, el diplomático pretende poner a las dos partes frente a frente, pero lo tendrá difícil, dada la tensión palpable entre ambas y al inmenso cisma que los separa tras seis años de conflicto.

En la ceremonia de inauguración de las negociaciones el jueves en el Palacio de las Naciones, ambas delegaciones se hicieron el vacío y mostraron un profundo recelo.

El Alto Comité de Negociaciones (ACN, oposición), no obstante, se mostró a favor de negociar de forma directa, mientras que el régimen aún no ha hecho pública su postura.

"Pedimos negociaciones directas. Nos ahorraría tiempo y sería una prueba de seriedad en vez de negociar en salas separadas", dijo el portavoz del ACN Salem al Meslet a la AFP.

La ausencia de "discusiones directas podría retrasar las cosas", coincidía una fuente occidental bajo anonimato.

Otra cuestión aún no resuelta es la composición de las delegaciones. Una fuente opositora bajo anonimato explicó a la AFP que hay divergencias sobre el peso de los distintos grupos opositores, puesto que además del ACN, hay disidentes provenientes de El Cairo y Moscú, considerados más moderados frente al régimen de Damasco. La delegación del ACN se niega a que estos últimos tengan el mismo estatuto de negociadores.

Pero el principal escollo sigue siendo el futuro político del presidente Bashar Al Asad. El ACN insiste en que su salida tiene que formar parte de la negociación, mientras que el régimen lo rechaza.

"En la mente de los rusos y del régimen, se pone en marcha un gobierno de unión nacional, Bashar al Asad sigue como presidente y se hace entrar a opositores en (el ejecutivo en los ministerios de) Caza y Deportes. En la mente de la oposición, está claro que el presidente sirio no puede permanecer en el poder", resumía la fuente diplomática occidental.

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