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Perú intentaba reponerse el domingo de los estragos causados en sus costas por avalanchas de lodo y piedras, así como por el desborde de ríos que, tras haber golpeado la capital, se ensañaban nuevamente
con la zona norte, inundando ciudades y cortando carreteras.

El sábado, una turbia y potente riada, la quinta de los últimos días, llegó hasta el mismo centro de la ciudad de Trujillo, la tercera más importante del país, colmando sus calles y obligando a la ciudadanía a quitarse los zapatos y a abrazarse unos con otros para poder atravesar las calles sin ser arrastrados.

Los "huaicos", como se conoce en el Perú a las avalanchas que descienden de los cerros tras fuertes lluvias o desbordes de ríos, volvieron a deslizarse como serpientes de lodo por las calles de la ciudad, arrasando todo a su paso: viviendas, pertenencias, personas. También complicó la operación de aeropuerto de la ciudad.

Las lluvias tampoco cesaban en el norte. En Piura, las calles volvían a anegarse tras el incesante llanto de "El Niño Costero", un calentamiento del mar frente a la costa peruana, que genera alta evaporación y nubes cargadas. Las precipitaciones generan avalanchas desde las alturas andinas e incrementan el caudal de los ríos, que se desbordan y destruyen todo a su paso, en busca del mar.

Las autoridades informaron que  la cifra de muertos es de 75,263 heridos, 20 desaparecidos, unos 100,000 damnificados y 630,000 afectados.

Huarmey bajo el agua

Las precipitaciones han dejado sumergida a la ciudad de Huarmey -300 km al norte de Lima, con vecinos que reportan inundaciones que superan el metro de altura. Imágenes de televisión muestran como algunas personas usan botes para moverse por las principales calles y recuperar sus pertenencias.

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Zozobra en Lima

En tanto, tras los "huaicos" y desbordes de ríos que golpearon Lima, cientos de personas residentes del sector de Chosica amanecieron ayer domingo en carpas instaladas en campos deportivos o colegios cercanos a donde estaban sus viviendas, ahora arrasadas por la avalancha.

La alerta roja ante nuevos "huaicos" en la capital se levantó la noche del sábado y poco a poco era restituido el servicio de agua potable, restringido ante la turbiedad de las aguas del rio Rímac, difíciles de captar para consumo humano. Ello obligó a los ciudadanos a salir a buscar el líquido hasta en las piletas de la Plaza Mayor de la capital.

La amenaza de nuevos desbordes del Rímac es constante. Sigue desplazándose con furia, quebrando puentes, inundando vías y amenazando las casas construidas en su ribera. Las clases siguen suspendidas.

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