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En su primer discurso como presidente, Michel Temer instó a rescatar a Brasil de la crisis económica y política que había llevado al “impeachment" de Dilma Rousseff. Un año después, el propio Temer, blanco de una investigación judicial por corrupción, parece lejos de su objetivo.

La carrera política del conservador Michel Temer dio un vuelco cuando, siendo vicepresidente de la izquierdista Rousseff, se vio al frente de Brasil gracias a la destitución de la mandataria por manipulación de las cuentas públicas.

Rousseff lo acusó de haber orquestado un “golpe parlamentario” junto al entonces presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, apodado el “Frank Underwood de la política brasileña”, en referencia al maquiavélico protagonista de la popular serie “House of Cards”.

Pero Cunha se reveló menos hábil que lo previsto y duerme desde octubre pasado en una cárcel de Curitiba, condenado a 15 años de cárcel por corrupción, en tanto que Temer, de 76 años, disfruta de los palacios de Brasilia junto a su esposa Marcela, 43 años más joven, y su hijo “Michelzinho”, de 8 años.

El destino de Cunha ejemplifica el terror de centenas de empresarios y políticos brasileños desde el lanzamiento en 2014 de la Operación Lava Jato, que investiga un esquema de sobornos en Petrobras.

Todo ello en un país que en 2009 prometía ser la nueva China, pero que cuatro años después se perfilaba como la nueva Grecia, iniciando un descenso económico del cual parecía difícil salir.

Temer, siempre sonriente y discreto, se mostraba sin embargo confiado en su capacidad de gerente. Y siempre atribuyó sus índices de popularidad bajo mínimos a su rechazo de políticas “populistas”. Y asegura que no tiene ninguna intención de presentarse a las elecciones de 2018.

Este mismo jueves, se negó terminantemente a renunciar, pese a que la corte suprema le abrió una investigación, y advirtió que la interrupción de las reformas de mercado que propone podrían desestabilizar al país.

“El inmenso esfuerzo realizado (...) se puede volver inútil. No podemos tirar a la basura de la historia tanto trabajo en pro del país”, declaró en un discurso a la nación.

Sin bromas

Temer sobrevivió en los envenenados pasillos de Brasilia desde 1987 y presidió durante 15 años el heterogéneo PMDB.

En sus primeras semanas de gobierno, la foto de su gabinete formado exclusivamente por hombres veteranos, blancos y conservadores saltó a las portadas, antes de que tres de ellos tuvieran que dimitir por verse relacionados con el fraude a Petrobras. 

Tampoco caló su discurso de unidad nacional en una parte de la población hastiada por una crisis sin fin, que cuestiona su legitimidad y le mostró su hartazgo al mundo abucheándolo en la apertura de los Juegos Olímpicos. 

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Los mercados, sin embargo, lo recibieron con alivio y acogieron optimistas sus planes de ajuste.

Su propuesta de reforma del sistema de jubilaciones mantuvo en ascenso al real y a la Bolsa de Sao Paulo, que este jueves sufrieron un derrumbe en medio de la hecatombe política. 

“Embarque”

Michel Miguel Elias Temer Lulia nació en 1940 y creció en una finca del interior paulista, como el menor de ocho hermanos de una familia de inmigrantes libaneses católicos, llegados a Brasil 15 años antes. 

En la capital económica del país se convirtió en un prestigioso abogado constitucionalista e inició la carrera que lo llevó a ser tres veces presidente de la Cámara de Diputados durante sus seis mandatos como legislador del PMDB.

Sus modos refinados, sin embargo, siempre le apartaron de los brasileños. 

“Dicen que tengo que cambiar mis maneras, que soy demasiado ceremonioso. ¿Pero cómo? Siento envidia de quien hace bromas. Yo no sé hacer eso”, contó a la revista Piauí en 2010.

Marcela Temer, su joven tercera esposa y madre de su quinto hijo, también fue motivo de cotilleo durante su trabajo como vicepresidente y aún más frente al Planalto. Esta exconcursante de certámenes de belleza fue ensalzada en un polémico perfil de la revista conservadora “Veja” como la primera dama perfecta: “Bella, recatada y de su hogar”. El artículo no tardó en hacerse viral.

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Temer se dio también a la poesía, y hoy suenan algo desconcertantes los versos de “Embarque”, uno de los poemas que escribía en servilletas hasta que en 2013 dio el paso de publicarlos en su libro “Anónima intimidad”. 

“Embarqué en tu nave / Sin rumbo. Yo y tú / Tú, porque no sabías / Para dónde querías ir / Yo, porque ya tomé muchos rumbos / Sin llegar a ningún lugar”. 

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