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El fiscal Rodrigo Janot quedará tallado en la memoria política de Brasil como el hombre que denunció a cinco presidentes, incluido a Michel Temer, a quien convirtió en el primer mandatario en funciones en ser acusado de un delito común.

Polémico, amante de frases altisonantes y cuestionado por otorgar un crédito excesivo a los delatores que colaboran con la justicia, Janot dejará el próximo lunes la Procuraduría General de la República (PGR) tras cuatro años marcados por la Operación Lava Jato, una investigación sin precedentes sobre el submundo ilegal que opera detrás de la política y los negocios.

Pero antes de irse, el fiscal plantó una bomba de relojería en el Palacio de Planalto al denunciar nuevamente a Temer, esta vez por liderar una organización criminal en su partido, el conservador PMDB, que expolió al Estado por más de una década. Y también lo acusó de obstruir las investigaciones en su contra.

Su gestión orientada a investigar al poder está lejos de generar consenso y no son pocas las voces del campo jurídico que lo ven como el gran impulsor de un ascenso descontrolado de la PGR hasta convertirla en poco menos que en un cuarto poder de la República.

“Antes de empezar, sabía perfectamente que habría un costo por enfrentar este modelo político corrupto y productor de corrupción, cimentado en años de impunidad y descuido”, dijo Janot en su último discurso, minutos después de presentar los cargos contra el presidente.

Frenesí 

En una ahora célebre frase pronunciada sobre el final de su mandato, Janot, que ayer cumplió 61 años, afirmó: “Mientras haya bambú, habrá flechas. Hasta el 17 de septiembre la lapicera estará en mi mano”.

Y cumplió. Su gestión cierra con un frenesí de denuncias contra los principales partidos brasileños y los exmandatarios Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) y Dilma Rousseff (2011-2016), del izquierdista Partido de los Trabajadores, y José Sarney (1985-1990), del PMDB.

Antes, había hecho lo propio con Fernando Collor (1990-1992), completando una lista que contiene a casi todos los jefes de Estado desde el retorno de la democracia al país en 1985.

Padre de una hija también abogada, fanático del Atlético Mineiro, el club de futbol de su ciudad natal, Belo Horizonte, y abogado desde 1979, Janot completó sus estudios en Italia.

Es reconocido como un “hombre afable” hasta por uno de sus principales rivales en la arena jurídica, Carlos Almeida Castro, “Kakay”, defensor de los hermanos Batista, dueños del gigante de la alimentación JBS, en el centro del escándalo de corrupción denominado ‘Lava Jato’.

“No tenía el perfil perseguidor que demostró en el final. Es serio y no tengo restricciones éticas sobre él, pero Lava Jato tomó una dimensión tal que perdió el control de la historia”, dijo a la AFP.

“Empezó a presentar denuncias sin ninguna base jurídica. Empequeñeció el cargo y secuestró la agenda del país. Fue el dueño de la agenda nacional. Paralizó al [Poder] Ejecutivo, al Legislativo. Se equivocó mucho en el final”, añadió.

Su momento más oscuro coincidió con el acuerdo de colaboración más importante que gestionó, precisamente con los Batista, que fundamentó la primera acusación contra Temer, por corrupción pasiva.

El pacto le valió críticas feroces y fue anulado por él mismo tras detectar que le habían ocultado información relevante.

Durante su gestión, Janot presentó 35 acusaciones en el marco de Lava Jato, que alcanzaron a nueve ministros, a un tercio de los senadores y a cerca de 40 diputados con mandato vigente.

La guerra 

Pero su jefatura de la PGR quedó impregnada por su enfrentamiento con Temer.

La primera “flecha” contra el mandatario fue la denuncia por corrupción pasiva que en agosto fue frenada por la Cámara de Diputados, en una muestra del respaldo legislativo con el que cuenta el jefe de Estado, para blindarse incluso ante las nuevas denuncias, según los analistas.

No obstante, Temer deberá responder por ese cargo cuando pierda la protección de los fueros al dejar la presidencia el 1 de enero de 2019. Su defensa acusó a Janot de tener una “obsesiva conducta persecutoria”, pero la Corte Suprema respaldó al fiscal.

El lunes, la travesía del hombre para quien “el único día fácil fue el de ayer”, terminará cuando sea sustituido por Raquel Dodge, elegida por Temer de una lista de tres juristas.

“Su gran intención de inviabilizar al gobierno de Temer es una pelea que ya perdió”, dijo Sylvio Costa, director del portal especializado Congreso en Foco.

Temer enfrenta más fortalecido nueva denuncia de corrupción

La historia se repite. Tres meses después de haber sido denunciado por corrupción y de lograr salvar la piel, el presidente brasileño Michel Temer enfrenta nuevas acusaciones que debería volver a superar, aunque a riesgo de seguir tensando un país que vive a golpe de escándalos.

El mandatario, que asumió el poder en 2016 tras el ‘impeachment’ a la izquierdista Dilma Rousseff, apareció tranquilo ayer en un acto en Río de Janeiro, un día después de que el fiscal general formalizara una segunda denuncia en su contra por “organización criminal” y “obstrucción a la justicia”.

Temer no hizo referencia a esa situación que teóricamente podría costarle el mandato y bromeó con que tiene “poco tiempo de gobierno, más o menos un año y medio más”, hasta que lo entregue el 1 de enero de 2019.Michel Temer, presidente de Brasil.

El fiscal general, Rodrigo Janot, que ya lo había acusado de “corrupción pasiva”, dio una última estocada el domingo pasado antes de dejar su cargo y acusó a Temer de convertirse en el “líder de una organización criminal” que recibió sobornos para facilitar contratos en empresas públicas.

Ese esquema supuestamente orquestado por su partido, el PMDB, tendría la participación activa de dos de sus ministros, el jefe de Gobierno Eliseu Padilha y el secretario general de la Presidencia, Moreira Franco, así como de miembros del PT (el partido de Rousseff y Lula da Silva) y el PP (derecha).

Janot también denunció al presidente por obstrucción a la justicia, por supuestamente intentar evitar que un operador monetario del PMDB, Lúcio Funaro, firmase un acuerdo de delación premiada.

La defensa de Temer ya había acusado a Janot de «conducta persecutoria obsesiva» y la Presidencia dijo el jueves que todas sus acusaciones son “realismo mágico en estado puro”.

Los números ayudan a Temer 

En junio, Temer se había convertido en el primer presidente brasileño en ejercicio en ser acusado de un crimen común, cuando Janot lo acusó de beneficiarse de un soborno del gigante de la carne JBS.

Un audio del presidente grabado clandestinamente por uno de los dueños de la empresa, Joesley Batista, desató un huracán político.

Pero la Cámara de Diputados, donde Temer tiene mayoría y buena parte de sus integrantes son investigados por corrupción, rechazó encaminar el pedido de inculpación a la Corte Suprema, la única habilitada para juzgar a un mandatario.

“El presidente ya demostró que tiene apoyo suficiente en el Legislativo para bloquear la denuncia y todo indica que ese apoyo se mantendrá”, aseveró a la AFP Thomaz Favaro, de la consultora Control Risks.

Los mercados, que esperan que Temer prosiga con su política de ajustes, estaban cerca de la euforia. A media tarde, la bolsa de Sao Paulo subía 1.46%.

Aunque el presidente tiene una popularidad de apenas 5%, la nueva denuncia llega cuando Brasil empieza a sacar la cabeza de su histórica recesión. La inflación también está cediendo y permitió al Banco Central seguir recortando su tasa básica de interés.

“La inestabilidad política tiene efectos muy negativos en la economía y la continuidad de Temer y su equipo económico permite recuperar la credibilidad en Brasil”, estima Favaro.

Más desgaste 

Los analistas dan por seguro que Temer superará esta nueva denuncia.

“No existe una votación tranquila para un tema de esta delicadeza, esto va a dar trabajo al gobierno. La primera costó 15,000 millones de reales (4,800 millones de dólares) para liberar recursos para su base aliada. Temer compró su victoria para enterrar la primera denuncia y tendrá que hacerlo de nuevo”, asegura Sylvio Costa, director del portal especializado Congresso em Foco.

Pero para que la denuncia llegue a la Cámara de Diputados, antes debe ser validada por la Corte Suprema.

A favor de Temer podría jugar que parte de las acusaciones de Janot están basadas en las confesiones de los directivos de JBS, que esta semana perdieron su inmunidad porque se descubrió que habían ocultado información relevante.

La Corte Suprema debe decidir el miércoles si la anulación del acuerdo de delación premiada invalida asimismo las pruebas, como lo pretende la defensa de Temer, a pesar de que la denuncia también tiene en cuenta los testimonios del cambista Funaro.

“Esta denuncia es más amplia y consistente que la primera, pero la hace un fiscal debilitado por los problemas que hubo con la delación de JBS, mientras el Gobierno celebra datos económicos positivos y tiene mayoría en diputados”, resume Costa.

“Para que esta denuncia acabe con Temer se necesitaría una movilización popular que ahora mismo no existe”, añade.

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