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  • EFE

Los amantes de la lectura hacen fila estos días en la céntrica colonia Roma de la capital mexicana, donde el terremoto del 19 de septiembre derrumbó 13 edificios, para rescatar libros entre los escombros.

Y es que muchos capitalinos han acudido al remate convocado a través de Twitter por Selva Hernández, dueña de la librería "A través del Espejo", ubicada en el número 118 A de la avenida Álvaro Obregón.

El movimiento telúrico de magnitud 7,1 en la escala de Richter causó "daños visibles, pero no de riesgo" en el local, donde varios libreros terminaron en el piso tras resultar dañada una de las paredes del inmueble.

En una entrevista con Efe, Hernández dijo estar sorprendida y "llena de esperanza" por la respuesta de muchas personas que llegaron al local para comprar y rescatar libros.

"Me enternece el corazón saber que hay tanta preocupación por los libros y tantos jóvenes queriendo comprar libros a buen precio; significa que somos un país muy lector", destacó.

Aunque no se trata de vidas, estas obras "causan emociones bonitas", apuntó Hernández, quien contó que tras el terremoto a la gente le "daba mucha pena ver libros en el suelo y que los estuvieran pisando".

"Fue terrible ver la librería tirada", dijo Hernández, quien decidió anunciar descuentos de hasta 90 % en los precios de los libros.

"Lo primero es sacar por lo menos una tercera parte de los 120.000 ejemplares con los que contaba la librería para hacer espacio y reconstruir los libreros que se dañaron mucho", explicó.

El edificio donde está la librería no tiene daños estructurales y los departamentos no presentan daños, salvo el local de Selva, donde el 60 % de los libreros -que estaban fijados en la pared- cayeron por el sismo y se destrozaron.

Con la voz entrecortada, recuerda que el 19 de septiembre "el movimiento fue brutal y el peso de los libros detonó que se zafaran los refuerzos y cayeran".Los jóvenes destacaron entre las filas y los escombros de la librería, cuyos empleados asistieron voluntariamente a trabajar estos días.

Los jóvenes destacaron entre las filas y los escombros de la librería, cuyos empleados asistieron voluntariamente a trabajar estos días.

El dinero recaudado con la venta de los libros será destinado a la reconstrucción del local con la menor cantidad posible, "porque en México el horno no anda para bollos y no hay que gastar mucho", indicó la librera.

Hernández, la tercera generación de una familia de libreros, dijo estar acostumbrada a mover libros de un lado a otro, ya sea por inundaciones o cambio de ubicaciones de los 60 establecimientos que maneja la familia.

Su hija menor, Greta, invitó a sus amigos del colegio y a sus madres a apoyar en la librería previo al gran remate y como terapia ante la ausencia de clases.

Greta, quien también quiere ser librera, dirige a sus solo 12 años con gran astucia la dinámica para ingresar al local, deteniendo a aquellos que intentan "colarse" sin hacer fila.

Después de terminar el remate, cerrarán unos días para remodelar y anunciar la reapertura de la librería, donde exhibirán "en libreros más pequeños" 60.000 libros que conservan en bodegas que han ido adquiriendo de generación tras generación. 

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