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El escritor español Pablo Sánchez analiza, en esta entrevista, los posibles escenarios tras el referéndum previsto hoy en Cataluña, España.

Sánchez, nacido en Barcelona, doctor en Filología Hispánica y profesor en el Departamento de Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Sevilla, considera que “con toda seguridad que ganará el SÍ, porque los defensores del NO no se han sentido representados por un referéndum ilegal”. 

Sin embargo, advierte que “habrá que negociar, pero ahora mismo el bando independentista es el que debe ceder, porque es el que se ha saltado las leyes”. 

“Lo que sí es evidente es que la población catalana quiere cambios en la política española. Pero muchos no aceptamos que se nos obligue a elegir a la fuerza entre ser españoles o catalanes, porque podemos respetar e integrar ambas identidades sin problema y consideramos que el nacionalismo es un problema obsoleto”, sostiene en esta entrevista, que fue realizada por correo electrónico. 

Empecemos por lo básico, ¿de ganar el sí, podría declararse la independencia de manera unilateral?

El SÍ ganará con toda seguridad, porque los defensores del NO no se han sentido representados por un referéndum ilegal y no consensuado dentro de la propia Cataluña, y por tanto no van a votar. El gobierno catalán se ha autoimpuesto que, en caso de victoria del sí (que es segura, porque el referéndum no se ha planteado con reglas neutrales), debe declarar la independencia. En ese sentido, es posible, desgraciadamente, que suceda la declaración. Ahora bien, el Estado español actuará para impedir que la declaración sea efectiva en cualquier sentido, jurídico o político. Después de eso, el escenario es impredecible, en parte por la ausencia de precedentes en el contexto de la Europa occidental.

¿Considera que es viable aún una negociación entre ambas partes?

La situación está bloqueada y ninguno de los dos bandos va a ceder. Es evidente que habrá que negociar, pero ahora mismo el bando independentista es el que debe ceder en primer lugar, porque es el que se ha saltado las leyes. Una vez resuelta esa cuestión, habrá que buscar una nueva relación entre Cataluña y España, con diversas propuestas sobre la mesa.

¿Cree que el gobierno español se ha excedido al solicitar que se precinte los centros de votación, entre otras medidas?

En absoluto. No es, como dice el independentismo, un ataque a la democracia y a la libertad de expresión. No hay nada democrático en organizar un referéndum vinculante (es decir, no una consulta ciudadana) por el que una parte quiere decidir autoritaria e ilegalmente sobre bienes que son colectivos y generales. El referéndum es ilegal, está planteado para favorecer los intereses de una minoría frente a una mayoría y se apoya en una evidente actitud de subversión y ruptura con el orden jurídico. Ninguna democracia avanzada del mundo permitiría una secesión unilateral de una parte de su territorio (una de las partes más ricas, hay que recordarlo), que es lo que el referéndum quiere propiciar o legitimar.

Este jueves, miles de estudiantes se pronunciaron a favor del referéndum, ¿no se está generando un caldo de cultivo contra el Gobierno?
Sin duda. La campaña propagandística del independentismo está siendo muy intensa desde hace meses y recurre con todo el descaro a los medios públicos de comunicación, que son absolutamente parciales.  

¿Ante qué posibles escenarios estamos en caso que se realice la consulta?

El escenario más probable es la desobediencia pacífica, que permitirá un cierto grado de votación y movilización no cuantificable y de ambivalente interpretación política, porque para un bando será un éxito y para el otro un fracaso.

Otro escenario menos probable, pero no imposible, es la intervención policial, que dependerá de la agresividad de las diferentes formas de resistencia que haya en la movilización ciudadana.

Se dice que hay muchos catalanes que están en contra del referéndum, ¿a qué cree que se deba?

Son muchos, en efecto. Más o menos la mitad de la población. Ninguno de los indicadores de que disponemos (resultados electorales, encuestas, etc.) demuestra que el independentismo sea claramente mayoritario hoy, a pesar de lo que se quiere transmitir a nivel internacional. Lo que sí es evidente es que la población catalana quiere cambios en la política española. Pero muchos no aceptamos que se nos obligue a elegir a la fuerza entre ser españoles o catalanes, porque podemos respetar e integrar ambas identidades sin problema y consideramos que el nacionalismo es un problema obsoleto.

De ganar el sí, ¿qué le queda al gobierno español?

Si se declara la independencia unilateralmente, el gobierno español tendrá que activar los mecanismos constitucionales para controlar al gobierno catalán y suspender su capacidad de decisión. Habrá que ver hasta qué punto llega la intervención española, qué instituciones son reorganizadas y con qué medios: económicos, judiciales, policiales o militares, incluso. Y habrá que ver cómo se organiza la respuesta del independentismo. La posición de la Unión Europea seguramente será decisiva.

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