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El presidente estadounidense, Donald Trump, fustiga el acuerdo para limitar el programa nuclear iraní, pero funcionarios de su gobierno dicen que lejos de sepultarlo, el mandatario está considerando pasar ese balón al Congreso.

Varios funcionarios cercanos al los debates en el seno de la Casa Blanca dijeron a AFP que Trump decidió no certificar el cumplimiento por parte de Irán del acuerdo, cuando se cumpla el plazo del 15 de octubre.

El acuerdo firmado por Estados Unidos durante el gobierno de Barack Obama -así como por Alemania, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China- en 2015 ofrece a Teherán un escape de las duras sanciones económicas a cambio de limitar el enriquecimiento de uranio y permitir inspecciones internacionales.

La ley obliga al presidente estadounidense informar al Congreso, cada 90 días, si Irán respeta el acuerdo y si el levantamiento de las sanciones está en el interés nacional de Estados Unidos, una obligación que ya lo ha puesto en aprietos políticos en dos ocasiones.

Públicamente, la administración de Trump ha acusado a Irán de violar el "espíritu" del acuerdo, conocido como JCPOA, aunque algunos funcionarios admiten en privado que hay una delgada línea entre forzar los límites y una violación del pacto.

El general Joseph Dunford, jefe del Estado Mayor Conjunto, dijo al Congreso que los informes que ha recibido "indican que Irán se está adhiriendo a las obligaciones del JCPOA".

Ruta intermedia

Trump dijo que el acuerdo es una "vergüenza para Estados Unidos" y urgió a los aliados y cofirmantes a renegociarlo, algo a lo que se muestran reticentes, aunque Francia se mostró dispuesto a añadirle "dos o tres pilares".

Esta opción intermedia permitiría dejar claramente expresada la oposición de Trump sin desechar totalmente el acuerdo y quizás lo eximiría de las revisiones cada 90 días.

Según el plan, Trump podría declarar a Irán en violación del tratado o, de manera menos provocadora, negarse a certificar el cumplimiento de Teherán, lo que le daría al Congreso 60 días para decidir si impone sanciones.

El presidente "parece que se está inclinando hacia esa vía", dijo un funcionario, que como otros prefirieron el anonimato por lo sensible el asunto.

Los halcones en el gobierno buscan una confrontación con Irán, mientras que otros advierten sobre los riesgos de encender más el Medio Oriente y dañar seriamente los lazos con los aliados europeos que consideran que el acuerdo es de vital importancia para sus países.

Algunos asesores del presidente también advierten de escalar tensiones en momentos en que las tensiones con Corea del Norte están muy elevadas.

"Estrategia cuestionable"

Las discusiones en la Casa Blanca salieron al terreno público el martes cuando el secretario de Defensa, Jim Mattis, contradijo la afirmación de Trump de que el acuerdo "representa una amenaza directa a la seguridad nacional" de Estados Unidos.

Ante la comisión de las Fuerzas Armadas del Senado, Mattis dijo que el acuerdo "es algo que el presidente debe considerar preservar".

Preguntado sobre si creía que el pacto con Irán es de interés nacional, respondió: "Sí, senador, lo creo".

Al pasar el balón al Congreso, el mandatario podría aun dejar la puerta abierta para acabar con el acuerdo.

Los legisladores podrían decidir imponer sanciones, que sin son cumplidas, dejarían a Estados Unidos en violación de los términos del pacto.

En julio, cuatro influyentes senadores republicanos -Tom Cotton, David Perdue, Ted Cruz y Marco Rubio- enviaron una carta al gobierno denunciando que Irán había roto el acuerdo en cuatro puntos.

Cotton recomendó seguir la vía de "rechazar la certificación del acuerdo y empezar el trabajo de fortalecerlo y contrarrestar la agresión iraní, con la amenaza de sanciones y acciones militares si es necesario".

Pero a puertas cerradas, la propuesta es vista con recelo por muchos republicanos en el Congreso que ya tienen una difícil relación con el presidente, y no es claro si obtendrá suficiente apoyo para pasar.

"Absolutamente veo por qué la Casa Blanca quiere pasarlo al Congreso: el presidente saca partido al no certificar el acuerdo, pero el Congreso debe tomar la responsabilidad por lo que eso significa", dijo Kori Schake, una exasesora de seguridad de la Casa Blanca.

Para Schake es una "estrategia cuestionable" en la que el presidente se da el lujo de ser temerario contando con que el Congreso "actuará heroicamente y prevendrá el desastre".

"Requiere mucha confianza de que el presidente no les dará la espalda y les recriminará" si dejan vivo el acuerdo, dijo.

La Casa Blanca calcula que la amenaza de sanciones podría sumar apoyo internacional a una postura más dura frente a Irán, al que Washington denuncia por su programa de misiles balísticos y su apoyo a milicias en Oriente Medio.

Pero los aliados de Estados Unidos creen que esos asuntos deben ser discutidos separadamente al tema nuclear.

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