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Con la selección del exministro de Hacienda, José Antonio Meade, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto revivió la añeja práctica del ‘dedazo’, según la cual el mandatario saliente designa al candidato presidencial del PRI.

Meade, quien no milita en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), es la apuesta de Peña Nieto para mantener en el poder al PRI, al que intenta presentar como más abierto y transparente pero que persiste en prácticas de antaño.

Según analistas, las pugnas internas en otros partidos auguran candidatos débiles y la presidencial se jugaría entre Meade y el veterano izquierdista Andrés Manuel López Obrador, que encabeza encuestas anticipadas para la presidencial del 1 de julio de 2018.

“Lo que tenemos ahora fue la restauración de una práctica priista donde el presidente controla centralmente el proceso de designación de su sucesor pasando por encima de las estructuras de su partido político”, dijo a la AFP el investigador y académico Alberto Olvera.

Hasta 2000, el presidente mexicano escogía directamente al candidato del PRI. Y en una democracia endeble, de facto designaba a su sucesor.

Luego de 71 años de gobiernos consecutivos del PRI, el “dedazo” se interrumpió en los 12 años que gobernó el conservador Acción Nacional (PAN), entre el año 2000 y 2012.

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