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  • EFE

Creencias animistas, el miedo a perder los bienes y el ganado y el desconocimiento del peligro son algunas de las razones por las que miles de indonesios de la isla de Bali permanecen dentro de la zona de riesgo del volcán Agung pese a las erupciones.

Aunque Agung expulsa lava y ceniza de forma continua desde hace casi una semana, "miles de personas" se niegan a abandonar sus hogares, declaró a Efe el director de información de la Agencia Nacional de Gestión de Desastres (BNBP, en indonesio), Sutopo Purwo Nugroho.

En el centro de evacuados de Swecapura, a unos 25 kilómetros del volcán, más de mil evacuados se acomodan en carpas improvisadas y en el interior de un polideportivo reconvertido en campo de acogida.

El ganadero Made Sukarta, que vive a cuatro kilómetros del volcán en el pueblo Sebudi y lleva más de dos meses en Swecapura, lamenta en declaraciones a Efe que ha perdido cerca de cinco millones de rupias (310 euros) al tener que vender su única vaca.

"La mayoría de la gente se queda por las vacas o las gallinas, no tanto por los dioses", señala este indonesio que pese a las advertencias de las autoridades ha regresado en una ocasión al interior de la zona de seguridad, establecida en la actualidad en un radio de hasta 10 kilómetros alrededor del cráter.

Para algunos de los locales la actividad del Agung es una acontecimiento divino y aceptan sin protestar el poder del dios del volcán. Muchas personas atraviesan durante el día los carteles que alertan al visitante de que empieza la zona amenazada por una posible erupción para comprobar sus hogares, sobretodo aquellos que residen a entre seis y diez kilómetros del volcán.

Algunos residentes se bañan en los ríos, ignorando el peligro de lahares, como se llama a los flujos de sedimentos piroclásticos y agua que acompañan las erupciones y provocan dañinas crecidas. Según los últimos datos oficiales, el número de evacuados en centros de acogida ronda los 48.000 y a esta cifra habría que sumar el número indeterminado de indonesios que han sido acogidos por familiares y amigos.

La PNBP calcula que entre 90.000 y 100.000 personas residen dentro de la zona de peligro. El Centro de Vulcanología y Mitigación de Peligros Geológicos mantiene la alerta de erupción del volcán en el nivel máximo, el cuatro.

El cráter expulsó hoy una columna de ceniza de color blanco de hasta dos kilómetros de altura.

El aeropuerto internacional Ngurah Rai de Bali continúa operando vuelos, después de cerrar desde el lunes hasta el miércoles por la tarde a causa de la nube de ceniza, aunque algunas compañías como Air Asia y Jet Star-Qantas han avisado de posibles cancelaciones y retrasos.

Más de 100.000 pasajeros se vieron afectados por la cancelación de casi 900 vuelos durante el cese de operaciones del aeropuerto, y miles de turistas quedaron varados en la isla.

Las autoridades aeroportuarias y de meteorología indicaron esta mañana que el aeropuerto de Lombok, reabrió tras el cierre del jueves porque la nube de ceniza del Agung se había desplazado a esa isla vecina, al este de Bali.

La erupción del sábado pasado fue la primera magmática en 54 años de este volcán situado en el este de Bali, en el distrito Karangasem, lejos de la mayoría de las atracciones turísticas que permanecen seguras.

En 1963, las erupciones del Agung duraron casi un año y mataron a más de 1.100 personas.

Bali es el principal destino turístico de Indonesia con una afluencia anual de alrededor de 5,4 millones de visitantes extranjeros, según datos oficiales.

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