•   La Habana, Cuba  |
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  • EFE

La participación en las elecciones municipales celebradas la semana pasada en Cuba y cuya segunda vuelta se celebra hoy confirmó una tendencia descendente atribuible al desencanto hacia el sistema de partido único, los cambios económicos, la migración y una ley electoral desfasada.

Aunque en la isla no es obligatorio votar, la participación se mantuvo décadas por encima del 90%, pero en los comicios municipales de 2015 se desplomó seis puntos hasta el 88.3% y este año bajó aún más hasta el 85.9%, según datos hechos públicos por la Comisión Electoral Nacional.

Tras la caída de votantes de 2015, ese órgano achacó la abstención a la ausencia de electores que se encontraban de viaje, ya que las de ese año fueron las primeras elecciones celebradas tras la reforma migratoria que eliminó el permiso de salida al extranjero para los cubanos.

"Probablemente la bajada tiene que ver con que el país requiere un cambio en la ley electoral y la forma de organizar las elecciones", algo que "se anunció y no se materializó", afirmó a Efe el exdiplomático cubano Carlos Alzugaray. Aunque "puede haber cansancio", Alzugaray atribuye el descenso participativo a que "hay que cambiar ya el sistema electoral".

"No lo interpreto como rechazo del sistema sino por un 'me da igual que salga uno u otro', lo cual tampoco es bueno", sostuvo.

El oficialismo cubano defiende que su sistema es de los más democráticos del mundo porque, sin campañas ni programas electorales, permite que el pueblo elija a sus representantes municipales -de donde salen parte de los diputados nacionales- a partir de candidatos a los que sus vecinos votan a mano alzada en cada barrio, en las "asambleas de nominación".

Los detractores del régimen, sin embargo, condenan la existencia de un único partido legal (el Partido Comunista de Cuba), consideran el sistema una farsa porque ningún independiente supera los primeros filtros para convertirse en candidato y denuncian que quienes lo intentan son hostigados.

Para Alzugaray, el problema reside en que "no hay campañas o propuestas. Votas por una biografía, pero eso no dice nada sobre su capacidad de gobernar y legislar".

El opositor Manuel Cuesta Morúa cree que la dirigencia del país temió cambiar la ley electoral "en medio de una transición en el poder", que Raúl Castro abandonará en febrero del 2018.

"El modelo de representación en Cuba ya no coincide con la realidad social", consideró Cuesta Morúa, portavoz de la plataforma ciudadana #Otro18 que trató, sin éxito, de presentar candidatos independientes a estas municipales.

Con la eliminación del permiso de salida "la gente empezó a viajar, a ver otros mundos y eso influyó en la relación de la gente con el poder".

A su juicio, la crisis del modelo ya se evidenció con la baja participación en las "asambleas de nominación" de candidatos, a pesar de que en estas elecciones el Gobierno puso en marcha una potente campaña de difusión y llamada al voto.

Cuesta Morúa aseguró que hubo "más participación en las asambleas donde concurrieron candidatos independientes" porque "la gente fue conociendo la existencia de voces alternativas", pero "la represión que sufrieron" esos potenciales candidatos "desestimuló a la gente", que no acudió a votar.

Otro factor a tener en cuenta es la ausencia del expresidente Fidel Castro, fallecido hace un año.

Aunque llevaba una década retirado, su figura como líder de la revolución tenía un efecto aglutinador que se ha ido diluyendo en estos meses a pesar de la presencia constante de su figura en los medios estatales.

"También influye", dijo Alzugaray, quien recordó que en algunos barrios de La Habana, tras el paso del huracán Irma, "la gente pedía que viniera Fidel como el tipo que les iba a resolver el problema".

Para Cuesta Morúa, la ausencia de un poder carismático "desencanta a la gente" porque Castro encarnaba "la relación directa del líder con las masas" y "sabía tocar determinadas teclas".

La economía puede jugar asimismo un papel importante: el auge del trabajo por cuenta propia hace que potenciales electores no vayan a votar porque ya no necesitan un expediente ciudadano impecable para acceder a un empleo estatal.

"El cuentapropismo influye, el estómago no guarda relación con el poder ahora mismo", afirma Cuesta Morúa, en tanto Alzugaray descarta que en Cuba se controle quién vota y quién no.

También los destrozos causados por el huracán Irma han hecho que los votantes estén más preocupados por reponerse del golpe económico que por acudir a las urnas y de hecho, el Gobierno pospuso las elecciones más de un mes a causa del ciclón para que el país pudiera concentrarse en la recuperación.

Aún así, Alzugaray sostiene que las cifras de las municipales "no encienden todas las alarmas ahora" pero obligarán a las autoridades a estudiar si se replica el fenómeno en las provinciales y nacionales, aún sin fecha.

La participación en los comicios generales del 2013 fue del 90.8% frente al 96.8% de las anteriores, en 2008.

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