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  • AFP

Donald Trump reconocerá este miércoles a Jerusalén como capital de Israel, rompiendo con décadas de diplomacia estadounidense e internacional pese a las advertencias llegadas de todo el mundo contra el riesgo de un estallido de violencia.

El papa Francisco, Naciones Unidas, China y Reino Unido -ambos países miembros del Consejo de Seguridad- sumaron el miércoles sus voces a las expresiones de inquietud, mientras el primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu evitaba toda referencia a la cuestión en su primer discurso desde el anuncio de Washington.

"No puedo callar mi profunda preocupación por la situación que se ha creado en los últimos días" en torno a Jerusalén, declaró el pontífice argentino. "Hago un llamamiento desesperado para que todos se comprometan a respetar el statu quo de la ciudad, en conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas", agregó.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, "habló en numerosas ocasiones, también sobre este tema, diciendo que todos debemos mostrarnos muy prudentes sobre lo que hacemos", advirtió el enviado especial de la ONU a Oriente Medio, Nickolay Mladenov, durante una conferencia Jerusalén.

El gobierno chino se declaró "inquieto por una posible escalada de las tensiones". Y el jefe de la diplomacia británica Boris Johnson expresó la "preocupación" británica, afirmando que el estatuto de Jerusalén debe ser objeto de una "solución negociada" y asegurando que el Reino Unido no tiene ninguna intención en seguir a Washington en este tema.

Golpe fatal al proceso de paz

"El 6 de diciembre de 2017, el presidente Trump reconocerá Jerusalén como la capital de Israel", informó un responsable de la administración estadounidense que pidió anonimato, aludiendo al "reconocimiento de una realidad" histórica y contemporánea.

El presidente estadounidense ordenará también que se prepare el traslado de la embajada de su país de Tel Aviv a la Ciudad Santa. No fijará sin embargo un calendario para esta mudanza, que podría tardar "años" por la necesidad de encontrar un emplazamiento, financiar y construir nuevas instalaciones.

Este anuncio suscitó una multitud de advertencias contra la reacción de la calle en los territorios palestinos y los países árabes y contra el peligro de asestar un golpe fatal a un proceso de paz ya moribundo entre israelíes y palestinos.

Todo reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel es un casus belli para los dirigentes palestinos, que estiman que Jerusalén Este, ocupada y anexionada por Israel, debe ser la capital del estado al que aspiran.

Los grupos palestinos convocaron manifestaciones en los próximos días.

"El presidente cumple una promesa central de su campaña, una promesa que habían hecho varios candidatos a las elecciones presidenciales", declaró el responsable estadounidense.

Para defender su decisión, el ejecutivo subraya que retrasar el reconocimiento de Jerusalén como capital "no ha contribuido en nada, durante más de dos décadas, a alcanzar la paz".

'Ira de los musulmanes'

Trump, que suele alardear de sus talentos de "negociador", asegura estar determinado "a lograr un acuerdo de paz duradero" entre israelíes y palestinos, pero la ecuación se anuncia ahora sumamente complicada.

Durante una conversación telefónica el martes, el presidente palestino Mahmud Abas le advirtió de "las consecuencias peligrosas de tal decisión sobre el proceso de paz, la seguridad y la estabilidad en la región y en el mundo".

Y en las últimas 24 horas llovieron en cascada los llamamientos contra una decisión de consecuencias incalculables.

El rey Salmán de Arabia Saudita advirtió a Washington que semejante decisión puede provocar "la ira de los musulmanes". "Es un paso peligroso", dijo el rey saudí según la televisión estatal Al Ekhbariya.

"Señor Trump, Jerusalén es una línea roja para los musulmanes", advirtió por su parte el presidente turco Recep Tayyip Erdogan. El también presidente en ejercicio de la Organización de Cooperación Islámica anunció la celebración de una cumbre de los 57 países "en 5 a 10 días" si Washington reconoce Jerusalén como capital de Israel.

Jordania, guardiana de los lugares santos musulmanes de Jerusalén, advirtió por su lado contra "una decisión de consecuencias graves" y los riesgos de "escalada".

En Europa, se elevaron también muchas voces. El presidente francés Emmanuel Macron expresó su "preocupación". "Todo lo que contribuye a atizar la crisis es contraproducente", insistió el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel.

Cada seis meses desde hace dos décadas, el presidente estadounidense debe decidir si acepta trasladar la embajada en Israel a Jerusalén, como prevé una ley adoptada en 1995, o firma una derogación para mantenerla en Tel Aviv, como hace el resto de la comunidad internacional.

Durante sus mandatos, Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama optaron cada seis meses por esta última opción.

Trump volverá ahora a firmar esta derogación dado que la nueva embajada no estará lista en varios años, subrayó la Casa Blanca, pero pedirá al departamento de Estado que prepare el traslado.

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