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  • ACAN-EFE

La codicia, el deseo desmedido de tener y consumir, la adicción a los placeres y, sobre todo, el amor al dinero dan como resultado el latrocinio. Una tentación a la que pudieran haber sucumbido Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti.

Este matrimonio político separado por las rejas y la corrupción dirimirá su divorcio el próximo lunes ante un juez.

El expresidente y la exvicepresidenta de Guatemala, ambos en prisión preventiva desde el año pasado, son los galanes del "affaire" de corrupción conocido como "La Línea", un caso que provocó el mayor escándalo político vivido en el país desde que se instauró la democracia en 1985: la dimisión de ambos en menos de cuatro meses.

Algunas lenguas afiladas aseguran que los dos eran inseparables, más al estilo de los modistos italianos Domenico Dolce y Stefano Gabbana que al del dueto musical Pimpinela. Pero la distancia -no se han visto desde el pasado mes de mayo-, el temor a que las confidencias salgan a luz o el afán de dejar su sombra impoluta son algunos de los factores que han roto la relación.

"Yo no meto las manos al fuego por nadie", manifestaba este mismo mes Baldetti al ser cuestionada por su confianza en el actuar del expresidente y antiguo hombro amigo. "¿Ni por Otto Pérez Molina?", insistía la prensa, pero ella se mostraba rotunda: "Por nadie".

Atrás quedaba el esplendor de un tiempo en el que esta política, periodista y maestra de profesión, se convertió en la primera mujer vicepresidenta de Guatemala entre 2012 y 2015, período en el que ella y Pérez Molina, uña y carne, fueron más que los dirigentes del país.

La Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Ministerio Público (MP-Fiscalía) son rotundos en sus escritos y acusaciones: ambos son los líderes de la red de corrupción aduanera "La Línea", que defraudó al menos 3 millones de dólares a un Estado empobrecido en el que el 59,3 por ciento de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.

Cuando Baldetti y Pérez Molina, militar retirado, fueron señalados, detenidos, acusados y enviados a prisión preventiva, aquellas promesas de enfrentar con "mano dura" la criminalidad y la falta de transparencia en la gestión de recursos públicos se convirtieron solo en pavesas de un futuro que nunca llegó a ser.

El descontento fue notorio: la gente salió a la calle para exigir que se continuará desnudando la caja de Pandora de la corrupción.

La trama, de la que ambos obtuvieron la mitad de los beneficios según testigos, operaba dentro de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) y permitió el ingreso, de manera ilegal, de más de 500 contenedores de mercancías.

La investigación, que empezó en mayo de 2014, suma infinidad de pruebas, la mayoría escuchas: 88.920 interceptaciones telefónicas, unos 6.000 correos electrónicos, 200.000 documentos, 100 informes, agendas, folios y más de una veintena de empresas involucradas.

En esas escuchas, los integrantes de la estructura hablaban entre ellos de "la R", "la dos", "la señora" o "la mera, mera", apelativos que los investigadores han atribuido a Baldetti. A Pérez Molina preferían llamarlo "el uno", "el mero, mero", "el presidente" o "el dueño de la finca".

Pero con el paso del tiempo la investigación ha dado un giro. La Fiscalía ha presentado su mayor prueba, Salvador Estuardo González, alias "Eco", otra más de las decenas de personas implicadas en la red de corrupción que se ha convertido en testigo del caso, o como establece la ley local, en "colaborador eficaz".

Sin pelos en la lengua, aunque temeroso de las represalias contra él o su familia, "Eco" señala vehementemente a Pérez Molina y Baldetti como líderes de la trama, aunque será el juez encargado, Miguel Ángel Gálvez, el que determine si hay indicios suficientes para abrir un juicio oral y público por cohecho pasivo, defraudación aduanera y asociación ilícita.

"Eco" tiene una posición que puede ser difícil, pero que otros envidian para sacar provecho: Juan Carlos Monzón Rojas, ex secretario privado de Baldetti, o la propia Roxana, según medios locales, también anhelan obtener un acuerdo como colaboradores eficaces.

Sobre la exvicepresidenta, la Fiscalía lo tiene claro: no hay trato. Pero el caso de Monzón es más complejo: si tiene nuevos datos sobre la trama existe una posibilidad. El tiempo lo dirá.

Tanto Pérez Molina como la exvicepresidenta reiteraron, hasta la saciedad, su inocencia. A la mente vienen aquellas declaraciones, con gran repercusión, en las que Baldetti decía: "No he robado ni un centavo, ni uno, del pueblo de Guatemala. Se lo juro por la vida de mi madre que está muerta".

Aunque la frase es anterior a su implicación en "La Línea", los guatemaltecos no olvidan, ni perdonan. La falta de credibilidad es aún latente en la sociedad, igual que la inestabilidad y la desconfianza en la clase política.

Y es que la herida de una corrupción profunda y arraigada en Guatemala queda patente en la población, constituida por una sociedad desigual, sin servicios básicos y donde los niños se mueren de hambre: el 46 por ciento tiene el "rostro hinchado".

Ya lo decía Simón Bolívar: "La corrupción es la peor lacra de la condición humana, quien roba al pueblo se roba a sí mismo, y debe ser declarado como un traidor a la Patria".

Gálvez tiene la última palabra. Si habrá o no juicio es una incógnita, ahora bien, el lunes Pérez Molina y Baldetti, si ninguna acción judicial lo retrasa, se volverán a ver las caras otra vez: dos vidas frente a frente.

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