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  • EFE

Las cárceles de Honduras son deprimentes, pero para algunos de los reos más peligrosos y con poder económico han sido un verdadero paraíso gracias a que han contado, desde hace mucho tiempo, con la complicidad de autoridades de un sistema penitenciario corrupto.

Los reos peligrosos y con mucho dinero han sido la autoridad real en el interior de las cárceles, donde durante mucho tiempo la única ley que ha imperado ha sido la de ellos, según han reconocido en su momento funcionarios de Gobierno y del Poder Judicial.

Incluso algunos de esos reos se han ufanado de vivir mejor en la cárcel que afuera, donde su vida corre más peligro.

Ese tipo de prisioneros han sido durante muchos años una clase privilegiada, con celdas con aire acondicionado, televisión, cocina, refrigerador, bar, aparatos de sonido, teléfonos, incluso han sido dueños de múltiples negocios en las cárceles.

Un exjefe de presidios dijo a Efe que hay reos que con "autorización del director de la Penitenciaría Nacional salen, o salían antes, desde el viernes y regresan el domingo violentando las leyes de un sistema penitenciario, que no solo ha sido obsoleto, sino también corrupto, aunque no todo el personal sea deshonesto".

Según informes oficiales, los reos peligrosos, pandilleros, narcotraficantes y sicarios, entre otros, han ordenado crímenes de reciente y vieja data desde el interior de cárceles de ciudades como Tegucigalpa, San Pedro Sula y otras de las más importantes del país.

"Eso no podría ocurrir si hubiera autoridad en las cárceles, donde quienes por lo general han mandado son los reos", enfatizó la misma fuente que habló con Efe en Tegucigalpa.

Dijo además que el ingreso a las cárceles de armas blancas, de fuego, municiones, drogas, alcohol, computadoras, teléfonos móviles y muchas otras cosas no permitidas para los reos solamente es posible "con la complicidad de los jefes y guardias penitenciarios".

Las cárceles de Honduras también han sido escenarios de muertes de reos, ahorcamientos, asesinatos y otros, más de 400, fallecidos en incendios en este siglo, en al menos tres prisiones.

Los presidios del país centroamericano, de los que al menos dos albergan a más de 2.000 reos, son verdaderas trampas mortales por el hacinamiento, entre otras causas.

Además, no han sido centros de rehabilitación del delincuente, sino "universidades del crimen", según fuentes públicas y privadas.

Otro problema, principalmente en las cárceles de Tegucigalpa y San Pedro Sula, son los integrantes de las "maras" (pandillas), de las que las más temibles son las MS-13 y la M-18, cuyos miembros guardan prisión en celdas separadas.

Según las autoridades, entre los reos peligrosos y criminales que llegaron a imponer su ley en los principales presidios del país figuran jefes de pandillas, algunos ligados al narcotráfico, extorsión y asesinatos, entre otros crímenes.

Pero el paraíso con múltiples privilegios que por mucho tiempo han tenido en la cárcel algunos de los reos "altamente peligrosos", señalados por las autoridades hondureñas, ha comenzado a convertirse esta semana en un infierno al ser enviados, al menos 37, a una cárcel de máxima seguridad en la que estarán privados de casi todo.

De las características de la prisión, recién construida en el departamento de Santa Bárbara, occidente del país, identificada como El Pozo, los hondureños han conocido a través de un comunicado oficial que señala que en esa cárcel "los reos de alta peligrosidad pierden hasta la noción del tiempo".

"Encerrados en un celda de dos por dos metros, los segundos, minutos y horas pasan lentamente. Para quienes purgarán años de sentencia, El Pozo ya es un infierno", subraya la información.

Añade que cada celda permanece a oscuras, sin aire acondicionado, y que "una pesada puerta blindada con cuatro mecanismos de cerrojo y un candado son el primero de muchos obstáculos hacia la libertad".

La orden de enviar a El Pozo a los primeros 37 reos peligrosos la dio el presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, quien dijo el pasado día 19 que la decisión se enmarca en la reforma integral del sistema penitenciario del país compuesto por 25 centros.

Hernández recordó que otras dos nuevas prisiones se están construyendo "con rigurosidad" y "apego a normas internacionales para la privación de libertad de personas".

En El Pozo, con 80 celdas, "el aire solo entra a través de una ventana rectangular reforzada con gruesos barrotes y una rejilla de hierro", según la descripción.

"Se mueven inquietos de un lado a otro, confinados en el pequeño espacio que hay entre la pared, una cama de cemento y un urinario de aluminio reforzado. No hay espejos de vidrio, no hay televisión, no hay radio, no hay libros que leer. El infierno es poca cosa", agrega.

La medida es avalada por algunos sectores y criticada por otros, aunque todos coinciden en que hay que endurecer las penas contra los reos más peligrosos.

No han faltado quienes pregunten si a El Pozo también serán enviados en algún momento los corruptos responsables de un millonario desfalco en el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS). 

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