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El Salvador necesita prorrogar las medidas “extraordinarias” de seguridad, porque con estas se han visto “notables” reducciones —del 20% de víctimas y del 18% de agentes del orden asesinados— que hacen un país “más tranquilo”, aseguró el portavoz del Gobierno de El Salvador, Eugenio Chicas.

“Si ya logramos (en 2016) disminuir la violencia, con la implementación de estas medidas, se debe de prorrogar este plan que garantiza que esta situación continúe como hasta ahora”, manifestó el secretario de Comunicaciones durante una entrevista en el canal estatal.

Chicas recordó que las medidas “extraordinarias”, cuya vigencia vence en abril próximo, son herramientas que se adoptaron con la “finalidad de enfrentar la ola criminal que preocupaba al país y a la comunidad internacional”.

Además, el portavoz del Ejecutivo apuntó que “relajar las medidas de seguridad no sería conveniente para el país”, ya que a su criterio “el país ha dado muestras de avance en la lucha contra la violencia”.

Un tema de largo plazo

“La seguridad es un tema de corto, mediano y largo plazo, por eso no es conveniente retroceder (...) este año nuestro objetivo es enfocar esfuerzos en el control territorial porque la población demanda tener un clima de seguridad en sus comunidades”, expuso.

Chicas agregó que la expectativa del Gobierno es que esta semana los diputados de la Asamblea Legislativa den su aval para que se continúe con la implementación de estas medidas. 

Estas políticas endurecieron el régimen en las prisiones que albergan pandilleros, desde donde ordenaban homicidios y extorsiones, e incluyen la suspensión de visitas, el encierro permanente de los reos y traslados expeditos a la cárcel de máxima seguridad.

Recientemente, el arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas, dijo que si las medidas “extraordinarias” de seguridad implementadas por el Ejecutivo para combatir la violencia “han funcionado y han surtido efecto, como lo han informado las autoridades, deben continuar”.

En contraposición con la Iglesia católica, el viernes pasado, un conglomerado de iglesias evangélicas y luteranas de El Salvador, acompañados por familiares de pandilleros, solicitaron a la Asamblea Legislativa que no se prorroguen las “medidas extraordinarias” de seguridad en seis cárceles que albergan a “mareros”.

El Gobierno atribuyó recientemente a este paquete de medidas la reducción del 20.7 % de los asesinatos en 2016; no obstante, el año se situó como el segundo más violento de la historia reciente del país, solo por detrás de 2015, con 5,278 homicidios.

La ofensiva del Gobierno, criticada por organizaciones civiles debido al aumento de denuncias por violaciones a derechos humanos, también llevó a un incremento en los choques armados.

Mueren más pandilleros

El número de pandilleros muertos en refriegas con la Policía y el Ejército se disparó el 46.71 % en 2016, al sumar 603, en comparación con 2015, cuando cayeron 411, según cifras oficiales.

En cambio, la cifra de policías y soldados muertos en cumplimiento de su deber cayó de los 82 en 2015 a 67 en 2016, con una disminución del 18.29 %.

El Salvador es asediado por las pandillas Mara Salvatrucha (MS13), Barrio 18 y otras minoritarias que son acusadas por las autoridades de mantener los altos índices de violencia que sitúan al país como uno de los más violentos del mundo.

El país centroamericano reportó tasas de asesinatos de 103 y 81.7 por cada 100,000 habitantes en 2015 y 2016, respectivamente.

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