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Unicef advierte que la niñez indígena guatemalteca está excluida y marginada

Asesor Regional de Protección Infantil de Unicef, José Bergua.

Unicef incide en la necesidad de hacer una "transformación profunda del Estado" para buscar un sistema económico con un modelo productivo que oriente a las instituciones hacia "la garantía del bien común, incluyendo la necesidad multiétnica, pluricultural y multilingüe".

Los niños y adolescentes indígenas de Guatemala, que enfrentan una brecha "injusta" fundamentada en la "exclusión y el racismo" y la pobreza, necesitan políticas enfocadas y diferenciadas para enfrentar una compleja situación económica que se acentúa en los pueblos originarios.

Esta es una de las conclusiones del estudio "¡Mírame!, Soy indígena y también soy Guatemala", presentado hoy por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), que denuncia que la problemática de los niños y adolescentes "se agudiza" cuando se trata de indígenas, principalmente en temas como nutrición, salud, educación y pobreza, aspectos en los que están en "desventaja".

"Esto, además de mostrar una desigualdad inadmisible desde la perspectiva de derechos, constituye el rostro más lacerante del racismo y la discriminación que han caracterizado históricamente al Estado guatemalteco, pero también representa un obstáculo para el desarrollo integral de todo la población", señala el estudio.

Guatemala, un país multicultural formado por cuatro pueblos -mestizo o ladino, garífuna, xinka y maya-, es el segundo de Latinoamérica con mayor porcentaje de población indígena, casi la mitad de la población.

Según estimaciones de 2016, esta nación centroamericana tiene 16,2 millones de habitantes, de los que 7 -un 43,3 %-, tienen menos de 18 años.

Este segmento se analiza de manera detallada en este informe, pues 7 de cada 10 personas entre 0 y 17 años crecen en un hogar pobre y 3 de cada 10 en un hogar "extremadamente pobre", situación que se agrava para los indígenas, "una evidencia de la desigualdad y el racismo", que se agrava en el rural.

Es en estas áreas donde, entre 2006 y 2014, la pobreza multidimensional se situó en el 71,6 %, frente al 33,6 % de las zonas urbanas, un dato que impacta principalmente en el hambre, pues la desnutrición cónica en menores de 5 años, que afecta al 46,5 % de esta población, es más incidente en los indígenas, el 61,2 %.

En Guatemala, explica, solo el 45,8 % de los hogares indígenas tienen acceso a tuberías de agua dentro de su vivienda, el 24,8 % utiliza una tubería exterior y el 9,4 % accede a este servicio básico por medio de ríos, lagos o manantiales.

Con respecto al saneamiento, únicamente el 25,7 % de los hogares indígenas cuenta con inodoro conectado a red de drenaje, mientras que el 60,5 % utiliza letrina o pozo ciego.

Estas situaciones tienen repercusiones en aspectos como la salud y, en este sentido, en 2015 se reportó una mortalidad materna en indígenas del 163,2, mientras que en las mujeres no indígenas fue del 68,4. Pero también afecta a la educación, donde una de las mayores trabas es el acceso de calidad en su propio idioma.

Una de las causas relacionadas con la deserción escolar es el trabajo infantil, que afecta al 71 % de los niños indígenas, frente al 45,2 no indígena.

Una de las causas que apunta el informe para explicar esta situación es la "debilidad del Estado guatemalteco", que se materializa, sobre todo, en la falta de presencia territorial y en la escasa inversión pública de carácter social.

En este sentido, el último estudio del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales señala que el Estado invierte 6,87 quetzales diarios en cada ladino o mestizo (casi 1 dólar), mientras que para una persona indígena esta cifra alcanza los 3,09 (40 centavos de dólar).

Ante esta situación, Unicef incide en la necesidad de hacer una "transformación profunda del Estado" para buscar un sistema económico con un modelo productivo que oriente a las instituciones hacia "la garantía del bien común, incluyendo la necesidad multiétnica, pluricultural y multilingüe".

"En los procesos de transformación (...) es imprescindible integrar la visión indígena acerca del desarrollo, lo cual implica una visión de sostenibilidad ambiental", advierte el documento.

Tomar en cuenta estas consideraciones ayudaría a mejorar la situación de la niñez en Guatemala, un país que tiene la posibilidad de, con el espíritu de la Agenda 2030, "encaminarse a una senda diferente" para dar respuesta a toda la población con el fin de que "nadie se quede atrás", añade.