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Este reto agiganta a Nicaragua

Foto por: Oscar Sánchez.

En esta imagen de la avenida Bolívar se observa al fondo parte de las nuevas instalaciones deportivas.

Inauguración. Con un desfile de ensueños se abren esta noche las cortinas de los Juegos Centroamericanos. Los nicaragüenses esperan ver a sus atletas responder con un rendimiento acorde con las exigencias, a mostrar algo más que su reconocida bravura, a ser realmente competitivos. Esa pretensión es un canto de vida y esperanza.

Quizás, los tiempos futuros dirán de estos Juegos Centroamericanos que se inauguran hoy, que fue algo formidable que vio la vieja raza, que vimos robustos troncos de árboles en hombros de los campeones. ¡Ojalá! La orden, como la recibida por los 300 espartanos por parte de Leónidas es: ¡A fajarnos en busca de más de 147 medallas, superando las 59 de oro conseguidas en 1990!

El reto de que Nicaragua se levante desde ese molesto sexto lugar entre siete competidores en los últimos juegos realizados en Costa Rica en el 2013, es gigantesco, pero funcionando como locales, estimulados por el estreno de instalaciones, y con nuestros atletas aguijoneados por su inmenso amor propio abriéndose paso entre los rugidos de los aficionados, podemos despertar y proyectarnos, como lo hicimos durante ocho años a partir de 1986, asombrándonos.

Pensamos, después de tres intentos fallidos, que nunca más Nicaragua volvería a intentar obtener la sede del evento, y con el atrevimiento de Emmett.

Lang, y el abierto respaldo del Gobierno, se logró; el sueño aparentemente irrealizable de contar con instalaciones apropiadas, como ese estupendo Estadio de Beisbol, ese magnífico Gimnasio para uso múltiple, esa reluciente piscina invitando a Michelle Richarson a volver a zambullirse, esas canchas de tenis revestidas de orgullo, y todas las remodelaciones tan necesarias, se han concretado.

Estamos felices por todo eso, pero ¿qué hace falta? Ver a los atletas nicaragüenses responder con un rendimiento acorde con las exigencias. Eso obliga a mostrar algo más que nuestra reconocida bravura, a ser realmente competitivos en este rincón regional de tan poca notoriedad en lo deportivo. ¿Será posible? Es lo que esperamos pese a estar conscientes que para derribar tantos factores adversos, se necesita de un excedente de garra y de clase. A partir de hoy esa intriga queda abierta.

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Con un desfile de ensueños se abrirán esta noche las cortinas de los Juegos Centroamericanos en el Estadio Dennis Martínez. Mostrando sus tres medallas de oro obtenidas en este evento como lanzadora de jabalina, Dalila Rugama, todavía emocionada por el merecido nombramiento, será la portadora de la bandera, en tanto el atleta nicaragüense de más alto vuelo en el concierto internacional en los últimos años, el púgil Román “Chocolatito” González, un ganador de cuatro coronas en categorías diferentes, encenderá al pebetero. Dichosos todos los que serán testigos de esos momentos imperecederos en la memoria y el corazón, con tanto significado.

La sed de ilusiones es infinita, diría Rubén. El país sede, casi siempre registra un gran crecimiento, por la cantidad de atletas –casi 700 en nuestro caso- y por un adiestramiento mejor planificado y realizado, aunque no estoy seguro de esto último, como sí lo estaba tanto en 1986 como en 1990, con extensión hasta 1994, consecuencia de proyecciones bien manejadas. Si estos juegos no logran dar un salto cualitativo llamativo y siguen estacionados, nuestra mejoría podría hacerse sentir.

Ser primeros, es muy difícil, casi remoto. Guatemala que ha triunfado cinco veces, vuelve a ser favorito. Su presupuesto de 120 millones de dólares anuales les proporciona una ventaja llamativa al disponer de mejores condiciones. El Salvador, ganador en tres ocasiones, y Panamá que dominó las dos primeras versiones, cuando estos juegos apenas tomaban forma y trataban de adquirir fondo, tienen que ser considerados serios competidores, sin perder de vista a Costa Rica, con cinco sublideratos.

Obviamente intentar abrirnos paso hacia la cima de la montaña, es una pretensión inaccesible. Tenemos deportes como el billar, el remo según el criterio del dirigente Gerardo Alvarez, los de combate como el taekwondo, el judo, la lucha, que pueden superar cálculos, pero esperar otras 27 o 28 medallas del atletismo es tan improbable, que sus federativos hacen consideraciones alrededor de solo 4 o 5, lo cual es excesivamente pobre; tampoco el Tenis de Mesa que llegó a captar 8 o 9 medallas, se encuentra lo necesariamente afilado, y su drástica reducción a solo una medalla en Costa Rica hace cuatro años, ha agrietado severamente sus posibilidades.

El beisbol, deporte de menor importancia en eventos deportivos de la región por limitarse a la rivalidad Nicaragua-Panamá, y proporcionar solo una medalla, podría ser aquí de gran atractivo por la vigencia de lo tradicional, aunque el baloncesto masculino con el impulso de Bartel López, Mckenzie y Thomas, está en capacidad de convertirse en un gran animador y mantener “El Alexis” hirviendo. El resurgir de las pesas es clave, así como volver a ser productivos en boxeo, pero las expectativas en natación, varias veces con cero medallas y en otras con solo una, son muy borrosas.

Hacer los juegos, formidable; disponer de instalaciones no soñadas, fantástico; pero el sometimiento a prueba de nuestro nivel de rendimiento, es lo más difícil. Por ahora, al momento de levantarse el telón, esa pretensión es un canto de vida y esperanza.