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Dos días después de ganar la medalla de oro en los 63 kilogramos en lucha grecorromana, Judith Sierra aún siente los estragos del combate. Sus hombros y brazos están adoloridos, pero su estado de ánimo se define en una frase: pura felicidad.

Para la joven de 19 años, originaria del barrio Ducualí, de Managua, la gesta representa la culminación de meses de arduo entrenamiento en un deporte que hasta apenas cuatro años le era casi desconocido.

En 2013 Sierra formaba parte de un grupo de jóvenes que estudiaban repostería en el Centro Juvenil Don Bosco, un sitio en el que históricamente la oferta de carreras técnicas y la práctica de diferentes disciplinas deportivas se ha compaginado a la perfección. Fue en el viejo gimnasio del centro donde Sierra comenzó a interesarse en la lucha libre. 

“En el curso nosotros elaborábamos el pan y lo íbamos a vender en el mismo centro, yo me acercaba al gimnasio y le ofrecía pan a los muchachos que entrenaban lucha, los miraba y me gustaban las cosas que hacían”, recuerda.

En una de esas tardes platicó con el entrenador del club, Marcial Flores y le preguntó si podría integrarse. “El problema era que yo entraba a las 12 a mi curso de repostería y salía a las 5:00 p.m. y ellos terminaban a las 4:00 p.m., así que él aceptó hacer una excepción, quedarse hasta las 5:00 p.m. y ayudarme una hora, ahí fui creciendo en la lucha”, dice Sierra.

Ese mismo año participó en su primera competencia, en la categoría infantil y obtuvo su primera victoria en Nicaragua ante una rival con un poco más de fogueo que ella. 

En 2014, con 15 años, formó parte de la delegación nicaragüense que participó en la cuarta edición de los Juegos Escolares Centroamericanos del Consejo del Istmo Centroamericano del Deporte y la Recreación (Codicader), en Colombia, y aunque los resultados no le favorecieron, esa gira le sirvió para asumir nuevos retos en su corta carrera.

Los Codicader del año siguiente significaron para Sierra el trampolín, que catapultó su formación como atleta, compitió en dos categorías y conquistó dos medallas a título individual y una más con el equipo. Eso le permitió ser seleccionada para formar parte de un torneo nacional eliminatorio en el cual los ganadores integrarían el equipo nacional de lucha que competiría en los Juegos Deportivos Centroamericanos.

Meta lograda

Dice un viejo adagio que el trabajo duro paga buenos dividendos, y eso lo tiene claro Sierra, quien desde inicios de este año comenzó una exigente preparación que le representó, entre otras cosas, tener que separarse de su familia y postergar sus estudios, al menos mientras duró la preparación.

Desde marzo de este año, junto con los demás integrantes de la Selección Nacional de Lucha se trasladó a vivir a un pequeño complejo habitacional y deportivo que el Gobierno acondicionó en la ciudad de Dolores, departamento de Carazo. Ahí completó una intensa rutina de entrenamiento de seis días a la semana, primero con entrenadores nacionales, y desde julio de este año con el entrenador iraní Reza Azimi, a quien la joven atleta da mucho del crédito por haber alcanzado la medalla de oro.

Según Sierra, con Azimi mejoraron aspectos de técnica y lucha, pero también desarrollaron otros elementos, tales como resistencia pulmonar y fortaleza.

“Los lunes por la mañana hacíamos técnica de lucha, en la tarde un tope fuerte, hacíamos seis tiempos de cuatro minutos cada uno, con empujones y jalones; luego ocho minutos de lucha sacando de la zona, luego subíamos y saltábamos cuerdas. Los martes corríamos una cuesta cargando a otro luchador en la espalda, levantábamos pesas los miércoles, los jueves hacíamos lucha y técnica de nuevo, el viernes corríamos por la mañana y levantábamos pesas en la tarde, el sábado nuevamente corríamos y domingo descansábamos”, detalla.

Ese método de entrenamiento fue la base para que la joven atleta alcanzara su objetivo, aunque confesó que la noche previa a la competencia pudo conciliar el sueño hasta las tres de la mañana debido a lo nerviosa que estaba. “Pensaba en cómo iba a luchar, la estrategia a emplear. En la mañana me sentía súper nerviosa, iba a cada rato al baño”.

Esos nervios fueron superados una vez que tuvo su primera lucha. En el segundo combate ya se sentía plenamente relajada y así se clasificó a la ronda de medallas, en donde se enfrentó a la panameña Emily Sánchez, a quien derrotó 10-2  y obtuvo la medalla de oro.

Sierra actualmente vive con su abuela materna, dos hermanas y tres sobrinos. Su mamá falleció cuando era niña. Sus hermanas trabajan en el sector comercio. Ella aspira  estudiar medicina y especializarse  en pediatría.

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