
Por los días que vino a Nicaragua, las noticias internacionales hablaban de un hecho trágico más en la interminable fuente de noticias de violencia de México: “El periodista Miguel Ángel López Velasco, su esposa y uno de sus hijos fueron asesinados y sus cuerpos fueron hallados dentro de su domicilio en el puerto de Veracruz, informaron autoridades estatales”.
Así decía el portal noticioso de Univisión, y los cables de agencias de noticias internacionales agregaban los tres decesos a las estadísticas de periodistas muertos por acciones del narcotráfico, a los datos de los miles de ciudadanos muertos por las mismas causas, y a la situación de violencia general que desde 2006 dejó de ser noticia para convertirse en cifras actualizadas al mes, al año, al quinquenio.
Por esos mismos días, Centroamérica hablaba de los narcos y de la inseguridad en la Cumbre de Seguridad en una zona, esta zona, que la ONU calificó como la más violenta del mundo, por el alto índice de asesinatos por cada 100 mil habitantes: la tasa centroamericana de homicidios es de 34 por cada 100,000 habitantes, mientras la latinoamericana es de 25 por cada 100,000, y el promedio mundial de nueve por 100,000.
Armando Rodríguez Luna, investigador del Colectivo de Análisis del Seguridad con Democracia, Casedes, vino a Managua a hablar del tema durante el foro Construyendo una Estrategia Nacional contra el Crimen Organizado”, instaurado por el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), donde habló para EL NUEVO DIARIO sobre la crisis de seguridad en México.
ABC de los narcos
¿De dónde surgió el problema? A mediados de la década pasada, de 2004-2005, se empezó a hacer cada vez más evidente que México estaba ocupando un lugar estratégico en el tráfico de drogas proveniente de Sudamérica hacia Estados Unidos.
¿En qué consistía este cambio? Finalmente se identificó que México era el paso del 90% de la cocaína que transitaba hacia EU, que alrededor de este 50% pasa por el Pacífico, que un 30% cruza por el Caribe y el 20% accedía por Centroamérica. En primera instancia, los estados más importantes para el tráfico de drogas proveniente de Sudamérica por el Pacífico eran Guerrero y Sinaloa, así como eran las dos entidades federativas con mayor cantidad de domicilios relacionados con el tráfico de drogas.
También destacaba otras dos entidades federativas: Baja California y Chihuahua. Esos dos estados son importantes no por el tráfico que llega del Pacifico, sino por el trasiego directo hacia EU, y ahí se generaba una importante cantidad de violencia y de asesinatos alrededor de este tráfico de drogas.
Calderón: “Son ellos o nosotros”
¿Qué ha pasado? A raíz del acceso a la presidencia de Felipe Calderón en 2006, estalla la llamada Guerra contra el Narcotráfico y Crimen Organizado, con el apoyo de Estados Unidos y la asistencia del Ejército de México, más órganos de inteligencia y de seguridad, reforzados con tecnologías y equipamiento militar de Washington.
Esta situación comenzó en diciembre de 2006, cuando el gobierno federal anunció que iniciaría una “batalla” contra el crimen organizado en el estado de Michoacán, donde ese año se habían contado cerca de 500 asesinatos de miembros de los cárteles.
“Cuando observó este panorama, Felipe Calderón al llegar a la presidencia en 2006, plantea declararle la guerra al crimen organizado, y las razones que aduce son muy sencillas: en primer lugar, el crimen organizado está buscando el control territorial de México y está buscando, además, socavar las instituciones en esas regiones del país, por otra parte, añade, esto es una guerra, porque aquí no hay posibilidad de convivir con el acto, no hay regreso, son ellos o nosotros”, relata el experto mexicano.
Calderón, según Rodríguez, plantea una estrategia con dos objetivos: en primer lugar, reposicionar al Estado en aquellos lugares en donde se supone que el narcotráfico está socavando las instituciones y que está asumiendo un control territorial, y el segundo, de más largo plazo, es la reforma del marco jurídico de instituciones de seguridad y defensa.
Militares: ¿remedio contra el narco?
Las únicas instituciones que pueden recuperar y garantizar el control del Estado sobre las regiones en poder del narco, son las Fuerzas Armadas, por las capacidades operativas y porque, además, existe una relación importante en términos cívico-militares con el Ejecutivo, que le permite tener un control directo sobre las acciones de los militares sin necesidad de ninguno de los otros dos poderes de la unión, y porque también existe un aval por parte de EU para que las Fuerzas Armadas sean el principal actor en esta guerra contra el narcotráfico en México.
Entonces se instrumentan diferentes operativos en Michoacán, Guerrero, Nuevo León, Tamaulipas, Chihuahua, Durango, Sinaloa, Baja California, Durango y Veracruz. Dentro de estos operativos conjuntos participan fuerzas de seguridad pública, la Policía Federal, las Fuerzas Armadas, y participan elementos de la Procuraduría General de la República, la Policía Judicial, la Policía Ministerial. Entre 2006 y 2010 se desplegó hasta el 25% del total de las Fuerzas Armadas. Muchos de los generales, particularmente los retirados, se empezaron a incorporar en las instancias de seguridad pública estatales y municipales en Chihuahua, Baja California, Veracruz y Guerrero. Se convirtieron en los inspectores de seguridad pública de estos lugares y empezaron a asumir un control y un mando sobre las fuerzas de seguridad pública bajo doctrinas militares, asumiendo que de esta manera las instituciones de seguridad pública serían menos corrompibles, y entonces tendrían bajo una disciplina militar muchas más capacidades para enfrentar al crimen organizado.
Contraofensiva narco
Los cárteles, a la ofensiva, se reorganizan, hacen alianzas, compran armas, destinan más recursos a la defensa de los territorios, reclutan a más sicarios, matan a los enemigos y declaran la guerra al gobierno.
¿Resultado? Según el experto, el uso de más fuerza militar aumentó el nivel de violencia y la cantidad de muertos.
“Un tema que ha causado mucho debate en México ha sido el hecho de que la participación de las Fuerzas Armadas y el tipo de estrategia que asumió el gobierno federal ha generado un aumento importante en el número de homicidios relacionados con el tráfico de drogas. Hasta hoy, todo el mundo utiliza la cifra de 40 mil muertos o ejecuciones, que es el término más mediático hasta la fecha desde 2006”, relata.
“Y esto ha generado una violencia que no ha sido capaz de controlarse por ninguna de las instancias de seguridad en México, y es en realidad la violencia la que más impacta y que más afecta a la sociedad, porque no solo se trata de muerte de sicarios, muerte de capos, muerte de gente relacionada con el tráfico de drogas, o bien funcionarios de las instituciones armadas o de la seguridad pública, sino que también hay partes de la sociedad civil que sin ninguna relación con este fenómeno están también siendo impactados de esta manera con sus vidas”.
Alianzas de cárteles
Según sus investigaciones, a partir de 2007 hay una tendencia importantísima al número de crecimiento de homicidios o ejecuciones. El gobierno ha dicho que las muertes son entre cárteles y que la distribución de la violencia en el país estaba totalmente focalizada en las regiones en donde hay un trasiego de drogas proveniente de Sudamérica por el lado del Pacífico, y donde hay un trasiego de drogas desde México hasta EU: Chihuahua, Baja California, Sinaloa, Guerrero, Oaxaca.
“El argumento del gobierno federal es que esta violencia, esas 40 mil ejecuciones o asesinatos relacionados con el tráfico de drogas simplemente están focalizados, no están fuera de control y están directamente relacionados con el tráfico de drogas y la disputa entre los cárteles, y se puede observar que las principales disputas que existen entre estos grupos, de acuerdo con la información del gobierno federal, es que el cartel de Sinaloa o el del “Chapo” Guzmán, como mejor es conocido, es el que tiene diferentes frentes abiertos contra el de Juárez, el cártel de los Beltrán Leiva --que ya está prácticamente minimizado, destruido--, contra el cártel de los Golfos-Zetas, que están divididos, y que ahora son el cártel del Golfo y el cártel de Los Zetas contra el de los Arellano Félix”, dice Rodríguez.
Este último está muy disminuido, y básicamente son esos cuatro frentes los más peligrosos. Pero otro frente importante es el de La Familia, que es aliado del cártel del Pacífico o del “Chapo” Guzmán contra el cártel del Golfo-Zetas. En esos primeros cinco niveles se encuentra la mayor cantidad de homicidios relacionados con las drogas y las disputas más cruentas.
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