15 de marzo de 2008


Drama oculto de adolescentes colombianas
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Tetas grandes para ser prostitutas de narcotraficantes

AURORA INTXAUSTI | Nacionales

Madrid / EL PAÍS
Aspiraba a una vida en la que la pobreza en la que estaba inmersa fuese tan sólo un mal sueño. Aumentar el tamaño de sus senos hasta que no cupiesen en las manos abiertas de un hombre era para ella el único camino que le iba a permitir disponer de dinero y llevarla al paraíso.

Catalina tenía 14 años cuando se encontró de bruces con Gustavo Bolívar Moreno (Girardot, Colombia, 1966), el periodista y escritor colombiano autor del exitoso libro Sin tetas no hay paraíso (El tercer hombre). Bolívar estaba en un barrio de Pereira rodando su serie de televisión Pandillas, cuando se le acercó la muchacha y le preguntó: “¿Qué puedo hacer para conseguir dinero?”.

La historia de la niña fue adaptada para televisión, y la serie arrastró día a día a millones de espectadores en Colombia, al igual que ocurre actualmente en España. Las versiones no han gustado al autor de esta historia, y ha decidido dirigir una película basada en su novela, para mostrar con imágenes el drama de amor y corrupción de unas jóvenes que se prostituyen con los narcos para tratar de vivir una vida mejor, y la realidad de un país en la que las niñas acceden a la cirugía a muy temprana edad.

Inconforme con adaptaciones
“No me han entusiasmado las adaptaciones que se han hecho hasta ahora. Se han ido a la parte más ligth, dejando de lado el drama social que es el que más me interesa. Resulta escandaloso convertirse en prostituta de la mafia, pero no hay que olvidar que esas niñas no han nacido en Suecia”, puntualiza el escritor. El filme empezará a rodarse en Colombia el 15 de junio.

Bolívar recuerda con cierta tristeza la historia de la joven. La muchacha, de una gran belleza natural, finalmente logró aumentar sus senos tras prostituirse con un cirujano plástico que le colocó unos implantes de segunda mano, gracias a los cuales cumplió su sueño de “convertirse en la novia de un narco de tercera con ínfulas de Pablo Escobar. Para muchas jóvenes, aumentar el tamaño de sus tetas les abre las puertas al paraíso de los narcos”. Catalina estuvo dos años viviendo con él, y después la dejó tirada por otra niña con los pechos más grandes.

“Implantarse mamas de silicona en Colombia puede rondar los 960 euros, frente a los 6,000 euros que cuesta en España. Muchas niñas que habitan en los barrios marginales colombianos contemplan su cambio físico como la única solución para ser la mujer de un narco, hombres que las sacan de la miseria en la que viven y les facilitan un estatus con el que se sienten reconocidas”, señala el escritor.

Bolívar considera que entre los jóvenes de su país se ha extendido un mensaje “letal” debido al narcotráfico. Que si uno quiere puede enriquecerse fácil y rápido. Un mensaje que puede resultar atractivo para los jóvenes. Mi deseo es que esta novela sea una llamada de atención a la sociedad, porque es muy triste que la juventud del país esté pensando que la educación no sirve para nada como me dijo Catalina el mismo día que la conocí. Todas las novias de los narcos juntas, parecerían hermanas”.

Pechos grandes: fijación narco
¿A qué se debe esa fijación de los narcos por lucir mujeres con pechos voluptuosos? “Creo que muchos de ellos son personajes con dinero y escaso nivel cultural, que se quedaron pegados a la televisión con la serie Los Vigilantes de la Playa, en la que Pamela Anderson mostraba con un ceñido bañador rojo unos enormes pechos”.

El escritor recuerda que es frecuente en su país que las jóvenes de cierto poder adquisitivo soliciten como regalo de los 15 años un implante mamario. “Quizás en Europa pueda resultar estrambótico, pero es una realidad en Colombia que muchos padres hagan ese regalo a las niñas. No quiero decir con esto que estoy en contra de la cirugía estética, porque a mucha gente le mejora la calidad de vida, sino que es algo que se tiene que hacer con responsabilidad, y cuando uno tiene 14 ó 15 años no es consciente de muchas cosas”.

Si un implante mamario tiene un coste de pocos euros, una liposucción 770 euros, más barato que en Europa, lleva a las clínicas de estética colombianas a ofertar paquetes turísticos con operaciones incluidas. “La media de operaciones que se hacen al año en Colombia es de cerca de medio millón, y el 50% son de implantes mamarios. Eso lleva a que existan cirujanos que comiencen colocando tetas a las seis de la mañana y terminen a las siete de la noche. Muchas de las operaciones realizadas cada día son a jóvenes destinadas al turismo sexual o a convertirse en prostitutas de narcos o políticos”.
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