
Primera entrega
“Rosita”, la niña violada
que abortó a los nueve años y que provocó un escándalo en Nicaragua y Costa
Rica, ha sido abusada por su padrastro. EL NUEVO DIARIO revela hoy que sus
agresor siempre estuvo en casa y supuestamente su madre lo consintió, al
extremo que la víctima ahora vive oculta en un albergue, junto a su hija, una
niña que su padrastro le engendró y que tiene 19 meses de edad.
La verdadera vida de
“Rosita” era hasta hoy el secreto mejor guardado de
La “Rosita” que el mundo
conoció
“Rosita” dejó el anonimato a
comienzos de 2003, cuando se convirtió en una de las pocas niñas que en el
planeta quedan embarazadas a los nueve años de edad. La versión de la época
cuenta que el embarazo era producto de supuestos abusos cometidos por un
vecino, y la búsqueda de un castigo ejemplar para el pedófilo hasta llegó a ser
un asunto de Estado entre Nicaragua y Costa Rica.
A nivel local, la historia de
la niña se convirtió en bandera de los sectores que apoyan la existencia legal
del aborto terapéutico, derogado en septiembre pasado en medio de un proceso
electoral, y levantando una ola de indignación entre las mujeres organizadas.
“Rosita” incluso trascendió
las fronteras. Países europeos dedicaron sendos murales para exponer la lucha
contra el abuso sexual a menores, se hicieron documentales, se escribieron
libros y ensayos, y en todos, alrededor del mundo, aparecieron sus padres
apoyados por los organismos feministas pidiendo justicia para la menor a la que
un desalmado extranjero le robó la niñez. La historia culminó con un aborto
practicado en febrero de 2003. Se dijo un mes después, que la niña había vuelto
a sus muñecas y que era feliz de nuevo.
“Lo que está pasando ahora
es trágico, es una historia con un final que nadie esperaba y que pocos
creemos”, dice Marta María Blandón, también de
Un caso, detrás, un
escándalo
La verdadera historia de
“Rosita” es manejada con reservas y ha sido investigada por
Los detalles del caso se
encuentran recogidos en el expediente 26-03 de
Del expediente se desprende
que una madre denuncia “a su compañero de vida porque ha descubierto que abusa
a su hija menor de 14 años desde hace no menos tres años”. Agrega que está
segura, “que una niña de 19 meses, es producto del abuso, y que bajo su techo
se ha cometido el incesto”. En Masaya, donde historias como éstas saturan cada
día los archivadores de
Aunque las autoridades a
cargo de la investigación dicen desconocerlo, admiten que miembros del
organismo feminista han pedido manejar el caso con cautela. La razón es ésta:
son los mismos del caso “Rosita” de hace tres años, con matices que al final de
nuestra investigación dejan un sabor amargo.
¿“Rosita” ya no más para su
madre?
La historia continuaría
“soterrada” en una humilde vivienda de Las Flores, Masaya, donde la familia
habita desde hace dos años, de no ser porque hace dos semanas y media, la madre
de “Rosita” la desconoció y miró en ella a una mujer que competía con ella por
la relación con su compañero de vida, Francisco Leonardo Fletes Sánchez.
Los vecinos dijeron escuchar
por esos mismos días gritos entre la madre y la hija. Aquella fue la última vez
que las vieron y oyeron en la vivienda. La primera en desaparecer fue “Rosita”
con la niña, y un día después, la madre. “Es la fecha y el muchacho no explica
dónde están”, dicen los que se atreven a comentar el tema.
La versión de que allá vivía
una menor que dio a luz a un bebé engendrado por su propio “padre”, es un
secreto a voces en el caserío, confirmamos durante las varias visitas que
hicimos a la vivienda en esta semana.
No obstante, miembros de
Otro niño en la historia
END comprobó que “Rosita”
buscó refugio en el albergue “Acción Ya”, de Masaya, entre el 28 y el 29 de
julio pasado. Para justificar su ingreso, acusó a su madre de maltrato. Los
sicólogos del centro detectaron que además, la menor era víctima de abuso
sexual, y que la niña con la que huía era producto de una relación incestuosa. Importante
es aclarar aquí que para efectos de la investigación, las autoridades asumen
que aunque Fletes no es su padre biológico, “Rosita” sí es su hija legal.
“Acción Ya” remitió entonces
el caso a
El perito que la recibió
cuestionó la demora de la denuncia, pues la víctima hasta madre es ya de una
bebé. Doña María le respondió que antes “Rosita” se la acuñó a “otros
muchachos, incluso de su misma edad”, de entre 13 y 14 años. Aunque nunca, sin
certeza, se creyó que un compañero de clases llamado “Oscar” fue el responsable
del embarazo. Miembros de
Tres horas y 25 minutos más
tarde de ese mismo día en que la madre puso la denuncia, Fletes Sánchez fue
detenido y llevado a la delegación policial para rendir declaración sobre el
caso. Por supuesto negó todo, y redujo el conflicto a rencillas personales
entre su señora y su hijastra, a las que “él se encontraba ajeno”. Todavía ante
END mantiene que sólo es la víctima de un conflicto entre “Rosita” y su madre.
“Son celos de ellas, no tengo culpa en nada”, nos dijo.
Agresor intenta despistar
El 2 de agosto, Fletes
Sánchez fue puesto en libertad por vencimiento de término, pues el juez de
audiencias encontró fallas de forma en la acusación que presentó
A Fletes Sánchez lo buscamos
en su casa la tarde de ese mismo día. La única referencia que teníamos de él
era su nombre y una fotografía de archivo en los tiempos en que se le vio
acompañando el periplo de la niña embarazada. Primero negó que él fuera la persona
buscada. Se identificó como un amigo de la familia, con Pedro como nombre, y
que se encontraba cuidando la vivienda por encargo “de la señora de la casa”.
Fletes no es el mismo de
hace cuatro años. Usa el pelo corto, va sin bigotes y tiene algunas libras de
más. Se le ve un poco más joven y alejado del estilo rural con el que se le
conoció públicamente. El poco tiempo que duró la primera charla en persona, fue
suficiente para que nuestro reportero gráfico, Óscar Cantarero, comprobara que
se trataba de la misma persona, con una gráfica de archivo tomada durante el
primer acontecimiento.
Desparece y llama: “Estoy
absuelto”
El supuesto Pedro dijo
también desconocer el nombre de las menores y dónde las podríamos encontrar, se
negó incluso a que lo aguardáramos dentro de la vivienda. Varias respuestas
vacilantes sobre su relación con las desaparecidas mujeres de la casa y su
evidente nerviosismo, fueron suficientes para detectar que mintió todo el
tiempo.
Tampoco se declaró informado
de que sobre “su amigo” (Fletes Sánchez) pesaba una grave acusación. En una
segunda visita, el hombre desapareció como por arte de magia.
No fue sino hasta pasadas
las siete de la noche del martes, que el hombre llamó. Esta vez uso su nombre
verdadero, y dijo que respondería nuestras preguntas.
Salí de esa acusación el
jueves pasado (02 de agosto). Me han absuelto, señor.
La acusación fue
desestimada, pero volverán a introducirla. ¿Usted responderá a ella?
Pues estoy aquí, no he
huido.
Le dije que estoy absuelto,
me absolvieron.
Podemos hablar de lo que
quiera, pero yo pongo mis condiciones.
Sin gente, sin fotógrafos,
sólo usted y yo.
Déme dirección y hora…
No, yo lo llamo. Punto.
Tras esa conversación de 82
palabras, Fletes colgó el auricular.
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