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Halagos para unos, bascosidades para otros. El piropo es un tema que causa polémica, sobre todo entre las feministas, que lejos de hacerlas sentir “valiosas, inteligentes y bellas”, afirman sentirse sexualmente acosadas cuando un hombre las piropea. Algunas, incluso, se atreven a catalogar este viejo arte de galanteo --muy tradicional en Hispanoamérica-- como una nueva forma de violencia verbal, que no se puede tomar a la ligera, y hasta aconsejan denunciarlo. Y es que para algunas, tener pechos grandes o mostrar piernas hermosas bajo una minifalda, se ha vuelto un problema cotidiano. 

Tomado de La Boletina No.83

“Eran como las siete de la mañana; yo caminaba de mi casa a la parada de bus para ir al trabajo. Las calles estaban desiertas y en eso apareció un hombre que quiso acercarse a mí. Entonces yo me crucé la calle y él, desde la acera contraria, empezó a decir vulgaridades sobre mis pechos. Yo le dije: Estúpido, busque cómo lavarse la boca con jabón antes de hablarme”.-

“El hombre no dejaba de seguirme y decirme cosas. Entonces le grité que iba a llamar a la Policía. Aunque no andaba saldo para llamar, me puse el celular al oído y empecé a decir: ‘Aquí me está acosando un hombre, me quiere violar’. Al oírme, el tipo salió corriendo. Otros hombres que estaban por ahí se pusieron a reír de mí haciéndome sentir como una loca”.

Este es el testimonio de Fanny Sánchez, de 24 años. Pero es bastante seguro que miles de mujeres podrían contar historias parecidas, porque a diario se vive esta agresión verbal mal llamada piropeo.

¿Cuál es el problema con los piropos?
Se supone que el piropo es una palabra o frase corta que una persona dice a otra con el fin de halagarla y llamar su atención. Pero algunos hombres utilizan esos supuestos halagos para mostrar que miran a las mujeres como un objeto sexual. Por eso los piropos básicamente se refieren al cuerpo y sexualidad femenina, pero siempre al servicio del placer masculino.

Algunos hombres se sienten con el derecho de decir lo que se les venga en gana, porque creen que las mujeres son de su propiedad. Por eso si se camina por la calle con un hombre al lado, muchos no se atreven a decir nada, pero si se va con otra mujer o a solas, el acoso verbal.

“De esta manera van limitando nuestra libertad de salir, de ponernos la ropa que queremos, de andar tranquilamente por las calles. Un verdadero halago no debería hacernos sentir heridas en nuestra condición de personas, no debería dañar nuestra dignidad ni avergonzarnos”, explica María Eugenia Delgadillo, sicóloga de la Asociación de Mujeres Axayacatl, en Masaya.

¿Qué tiene que ver el piropo con enamorar?

Desde niños a los varones se les alienta a cortejar. “Enamorá a esa muchacha, está bien bonita, decile ‘adiós amor’”, le aconseja un hombre mayor a un chavalito. Y a las mujeres se les enseña que esto es normal y que deben sentirse felices cuando cualquier hombre evalúa su cuerpo y le dice que está bien. Estas ideas están tan metidas que algunas mujeres pueden hasta sentirse feas si no las piropean, comenta la sicóloga.

 “Salía con mis amigas y como era la menos desarrollada, los chavalos no me decían nada, mientras enamoraban a mis amigas. Seguro es porque no les gusto, decía yo. Ahora me enoja tener que aguantarles las bascosidades porque tengo las chichas grandes”, afirma Herenia Hernández, de 20 años.

“Por lo general nos lanzan piropos no para hacernos sentir valiosas, inteligentes y bellas. Es más bien una invasión a nuestra intimidad.

Los piropos invaden nuestro espacio y pueden convertirse en acoso sexual, que es una forma de violencia”, advierte la sicóloga Delgadillo.

El piropeo que se practica en la sociedad nicaragüense es una expresión del machismo y a menudo después vienen otras formas de violencia, como el acoso sexual, el abuso sexual y hasta el femicidio.

Para muestra un botón. En 2010 Aleyda Jarquín Angulo, de 26 años, fue asesinada en el municipio de Rosita, Región Autónoma del Atlántico Sur. Dixon Almendárez Gaitán, el asesino, empezó a enamorarla, según él,  y la invitó a subirse en su caballo. Como ella se negó y le reclamó el abuso, la mató. Después dijo a las autoridades: “La maté porque no me hizo caso y me trató”.

También es acoso sexual
Muchas mujeres no se sienten tranquilas cuando caminan por las calles. Afirman sentir miedo porque se invade su espacio con frases amenazantes como: “Vas a ser mía”, “te voy a robar”, “todas dejan su orgullo en esta portañuela”.

Los piropos son una forma de violencia verbal que utilizan algunos hombres. Al decir estas frases hacen uso de su poder para sentirse superiores, dueños del cuerpo y la sexualidad de las mujeres, opina la sicóloga María Eugenia Delgadillo.

El piropeo se convierte en acoso sexual cuando es frecuente y repetitivo. Aunque la mujer le diga al hombre que sus palabras no le gustan, le conteste mal y le exija respeto, la mayoría de veces el tipo lo que hace es burlarse y seguir molestando, para demostrarle que él puede continuar con su acoso.

“Cada vez que pasaba por un negocio que estaba cerca de mi casa, el vigilante me lanzaba piropos que no me gustaban, hasta que un día lo amenacé con hablar con su jefe. Después de eso ya no me dijo nada. En general me siento mal, irrespetada, desnuda por sus miradas, siento que no puedo caminar libremente por las calles y este sentimiento me afecta más cuando ando sola”, relata Leonor Delgado, de Managua.

Además de las palabras, los hombres utilizan otras maneras para llamar la atención e intimidar. Por ejemplo; miran fijamente los pechos, vientre o nalgas. También lanzan besos sonoros al aire, hacen gestos vulgares y comentarios sexuales; pueden bloquear el paso obligando a la mujer a pasar en medio de un grupo de hombres y hasta hay quienes tocan o manosean en el momento menos esperado.

¿Cómo enfrentar este tipo de violencia sexual?
“En la calle, los hombres me han agredido verbalmente con las cosas obscenas que dicen. Pero, aunque sean desconocidos, hay que llamarles la atención, decirles que paren de andar agrediendo a las mujeres”, comenta Carmen Quinto, de Camoapa.

Por su parte, Gaby Sarmiento nos comparte: “Si voy por la calle y veo a un grupito de hombres en una esquina, desde que me voy acercando los volteo a ver, paso cerquita y los reviso de pies a cabeza con actitud relajada pero seria, dejo el modo de la ‘señorita asustada’ a un lado y paso con una actitud de ‘tú a tú’, sin confrontar, pero tampoco temblando”.

Aceptar el piropeo y el acoso sexual en la calle como parte de la cultura es tolerar la violencia. Las mujeres tienen derecho a andar tranquilas, sin temor a ser agredidas verbal y físicamente.

“El piropeo es una forma de violencia verbal y sexual. No lo tomemos a la ligera, como si fuera una expresión inocente de galanteo, porque puede tener consecuencias para nuestra seguridad”, señala la sicóloga Delgadillo.

Cada vez que marcamos un límite y cada vez que hombres conscientes pueden influir en sus amigos para que respeten a las mujeres, avanzamos para cambiar esta situación, subraya la sicóloga. Y finaliza diciendo que la sociedad en su conjunto también debe empezar a rechazar estas expresiones violentas.

 

Algunas estrategias para enfrentar los piropos:

Mirá fijamente a los ojos al hombre que te lanza el piropo, por lo general son cobardes que esconden la cara y verse descubiertos los avergüenza.

Evitá contestar a cada frase que te dicen. Probá a repetirles una sola palabra, por ejemplo “acosador”, hasta que te alejés del lugar. Eso lo dejará desconcertado.

Si te persigue, podés correr, gritar, pedir ayuda en una casa cercana, que no te dé pena.

Si el piropo ya se convirtió en acoso:
Amenazá al agresor con denunciarlo con su jefe o en la Policía.

Hacé uso de las radios locales para denunciar públicamente a un acosador.  Se puede hacer de manera anónima, sin dar nuestro nombre.

Si el acosador permanece en alguna calle de tu barrio o comunidad, pedile a un amigo o familiar que te acompañe, para que atestigüe y te apoye en caso de denunciar el acoso.

Si es un taxista abusivo, anotá la placa para luego poner la denuncia.

Alertá a tus amigas, familiares y vecinas dándoles las señales del hombre y del taxi que maneja para que no lo aborden.
Sé firme pero no te expongás, a veces estos hombres se ponen más agresivos cuando nos defendemos ante sus insultos.

 

 

(Reportaje elaborado con la colaboración de Rebeca González, de Radio Camoapa, de Camoapa, Boaco.)
 www.puntos.org.ni/boletina

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