16 de febrero de 2012


Incendio en cárcel deja más de 350 reos muertos

Comayagua, Honduras | AFP y EFE

Infierno en Honduras


Se vivieron escenas de terror con cuerpos calcinados abrazados a los barrotes, al parecer víctimas de la larga demora de los guardias en abrir las celdas

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Los cuerpos calcinados y colocados en bolsas plásticas, se amontonan a la salida del penal, antes de ser llevados en camión refrigerado hacia Tegucigalpa.

Más de 350 reos murieron calcinados o asfixiados en un incendio este miércoles en el penal de Comayagua, en el centro de Honduras, afirmó a  la AFP el ministro de Seguridad, Pompeyo Bonilla, sin descartar que la cifra aumente.

Cuerpos calcinados abrazados a los barrotes, al parecer víctimas de la larga demora de los guardias en abrir las celdas, fue la escena descrita por reclusos sobrevivientes y por forenses y autoridades que ingresaron al amanecer a la prisión, ubicada a 90 kilómetros al norte de Tegucigalpa.

Hay “más de 350 muertos, es un aproximado, no descartamos que sea un poco más, pero estamos verificando para dar una información oficial y exacta de la cifra de esta tragedia”, dijo Bonilla, al dar el balance de lo que ya constituye el peor incendio en una cárcel en todo el mundo en la última década.

Defensores de derechos humanos denunciaron negligencia y demora en abrir las puertas de los reclusos.

“Vemos que hubo negligencia de abrir los portones. Se debe hacer una investigación exhaustiva”, dijo Andrés Pavón, Presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras, a la AFP.

“Mi hijo se asfixió allí. Los guardias no les abrieron la puerta para que murieran quemados. Si hubieran abierto la puerta se hubieran salvado. Había una gran balacera cuando los reos desesperados querían salir”, denunció Johel Leonidas Medina, de 69 años, en conversación con la AFP.

Disparos al aire

Aterrados por las llamas, los reos que lograron salir de sus celdas debieron, además, sortear disparos al aire de los guardias que, según testimonios, creyeron que se encontraban frente a un intento de fuga del penal, en cuya entrada está inscrita la frase: “Hágase justicia aunque el mundo perezca”.

Honduras es considerado el país más violento del mundo, con una tasa de homicidios anual de 82 por cada 100,000 habitantes. El narcotráfico lo ha transformado en ruta alternativa para el trasiego de droga hacia Estados Unidos y sufre el azote de las maras o pandillas.

Noche de terror

El siniestro comenzó a eso de las diez de la noche con 50 minutos, hora local del martes, por causas hasta anoche desconocidas, y fue controlado por los bomberos unas tres horas después.

En un mensaje al país en cadena de radio y televisión, el presidente Porfirio Lobo anunció la separación temporal de las autoridades penitenciarias para garantizar una investigación eficaz de las causas del incendio.

“Haremos toda la investigación para determinar qué provocó esta lamentable e inaceptable tragedia, para dilucidar responsabilidades”, manifestó.

Dos posibles causas

Las autoridades investigan dos posibles causas: una, un cortocircuito, y otra, que uno de los reclusos habría quemado un colchón con aparentes fines suicidas.

“A las 11:10 recibí una llamada de un interno. Me dijo que otro reo había dicho: ‘Voy a meter fuego a esto y nos vamos a morir todos’. Y le metió fuego y nos estamos quemando, nos estamos muriendo todos”, relató la gobernadora del departamento hondureño de Comayagua, Paola Castro, a la AFP.

Familiares histéricos

Desesperados, unos 300 familiares que denunciaron una reacción tardía de los bomberos y del resto de las autoridades, se enfrentaron con la Policía a pedradas, clamando por información de los reclusos en las afueras del penal.

La histeria se desató al ser leída una lista de sobrevivientes: los familiares rompieron el cerco del penal y se agolparon en el patio frontal, lo que provocó el repliegue de los agentes, que controlaron los disturbios mediante disparos al aire.

La prisión es un complejo agrícola ubicado a 500 metros de la carretera que une San Pedro Sula, el corazón económico de Honduras, y la capital Tegucigalpa, y muy cerca de la base aérea estadounidense de Palmerola, que cedió los contenedores refrigerados para transportar los cadáveres hasta Tegucigalpa.

En esta cárcel los reclusos se dedicaban, entre otras actividades, al cultivo de hortalizas y la cría de gallinas y de cerdos, y era considerada un modelo en el sistema penitenciario hondureño.

En mayo de 2004, un centenar de reos murieron calcinados en un incendio en el presidio de San Pedro Sula, debido, según las autoridades, a problemas estructurales de la prisión.

Honduras cuenta en la actualidad con 24 establecimientos penitenciarios con capacidad para albergar 8,000 personas, pero la población carcelaria sobrepasa las 13,000 para una población de 8.2 millones de habitantes.

El secretario de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, pidió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, enviar una delegación a Honduras para investigar el incendio.

Reos sobrevivientes: no nos ayudaron

Sobrevivientes de la tragedia aseguraron que se salvaron porque rompieron el techo de sus celdas al ver que ninguna autoridad del recinto les ayudaba.

“La gente quería salir por el portón, pero nadie nos abría, levantamos entre todos las láminas del techo y saltamos por el techo, y saltamos un muro”, contó a la AFP Fabricio Contreras, de 34 años, a quien salvar su vida le costó un tobillo quebrado y fue trasladado al hospital Santa Teresa, de Comayagua.      

“No sabemos cómo fue, (no) nos dimos cuenta hasta que vimos humo (...) El fuego fue tan tremendo que no podíamos salir de la bartolina (calabozo), gracias a Dios estamos vivos”, dijo a los periodistas, por su parte, otro sobreviviente que se identificó como Heber López Hernández.

“La Policía como pudo nos ayudó, no hubo disparos, como dicen (...); como pudimos, rompimos el techo para poder salir”, refirió López Hernández contradiciendo otras versiones de sobrevivientes.

“El enfermero, que tiene compañerismo, fue el que abrió; aun cuando lo estaban quemando las llamas logró abrir las bartolinas”, y gracias a esa acción “hay cierto personal que está vivo”, agregó.

Uno de los reos que habló con Acan-Efe aseguró que entre las víctimas “murió una persona que ayer se tenía que haber ido libre”, pero que seguía recluido “un día más por capricho de la jueza” responsable de su caso, ya que “no hicieron la nota” para que abandonara el centro penal.

La hermana de dos reclusos, Damaris Cáceres Hernández, dijo a Acan-Efe que no sabe si siguen vivos o murieron, y relató que, como ella vive cerca de la Granja Penal, oyó cuando los reos pedían auxilio y los guardias disparaban para evitar que huyeran.

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