
Su acento, su porte y su conversación delatan una personalidad formada como por mil piezas del mundo. Genéticamente es una mezcla de parte de Honduras, Nicaragua y Lituania. En el aspecto cultural es un híbrido de idiomas, y se desempeña con soltura en siete escenarios lingüísticos, es amante y conocedora del arte, de refinado gusto, y profesional de las Ciencias Políticas, del Mercadeo y de la Historia del Arte.
Vive en una de las avenidas centrales de Masaya. Se ha empecinado en mantener impecable la casa construida por su tatarabuelo, mantenida por su bisabuelo, restaurada por su abuelo y conservada por su padre. El inmueble tiene enormes paredes claras, antiquísimas puertas de madera y patios vastamente ornamentados, y se ha convertido en el remanso donde se ha refugiado desde hace seis años, cuando volvió a su terruño después de hacer del cosmopolitismo una especie de filosofía de vida.
María Isabel Tiffer Alduvín en tan solo seis años se ha hecho conocida en la elite culta del país, gracias a que fundó en su ciudad natal un espacio medio europeo, medio nicaragüense, bohemio y elegante. Es diferente a todo, porque ahí se combinan el café, el vino, la buena música, la literatura y el arte en general, un lugar desde el que ha contribuido al desarrollo y a la proyección de la cultura mediante recitales, presentaciones de libros, ciclos filosóficos, simposios y eventos ecológicos, entre otros.
“Nací en Masaya, a los dos años me trasladé a México con mi madre, donde mi abuelo el doctor Ricardo Alduvín. A los cuatro años regresé a Nicaragua, hice un par de años de jardín infantil aquí, que ya había hecho en México, luego me enviaron a los Estados Unidos a estudiar inglés, estuve en San Francisco, otra vez donde mi abuelo, que esta vez era el cónsul de Honduras. Regresé a Nicaragua, hice mi bachillerato, y el día después del bachillerato, el 21 de enero de 1967, salí para Europa, ese día se dio el incidente histórico entre Fernando Agüero y Pedro Joaquín Chamorro. Estuve en Europa 43 años”, así condensó parte de su itinerante vida, como en una escena introductoria hollywodense.
“Siempre quise volver a mi país”
Esta nieta de Ricardo Alduvín, el hondureño que vino a Nicaragua en la época de José Santos Zelaya, entre los liberales que salieron huyendo de la dictadura de Carías. Se define como “una mujer independiente y libre, fiel a la ética y a la verdad, cueste lo que cueste, ya que la sinceridad lo hace a uno más grande. Como decía Darío: Ser sincero es ser potente”.
Después de vivir en Suiza, Austria, España, Francia y África, decidió volver, movida en parte por el fallecimiento de su mamá, aunque dice que “siempre había pensado regresar, porque soy nica, y aunque haya vivido casi toda mi vida fuera, tenía el corazón en mi país”.
Regresó como pensionada, pero no vino a descansar, sino a dejar bullir su pasión por el arte y la cultura.
“Desde muy pequeña (observé que) en mi familia siempre hubo un gran interés por la cultura. Mi abuelo Alduvín era una persona que amaba el arte, además de ser médico era político, era combatiente por los derechos de los obreros, fundó la central de trabajadores y tenía muchas amistades de ese mundo. A esta casa venían don Pablo Antonio Cuadra, Pedro Joaquín Chamorro, Carlos Martínez Rivas, don Gabry Rivas, el doctor Modesto Armijo y Ernesto Mejía Sánchez. Yo estaba muy pequeña cuando don Pablo Antonio llegaba, y recuerdo que decía: ‘¿Está el doctor Alduvín?’. Yo lo tengo presente como un señor alto, tenía una barba gris, golpeaba la puerta de madera, y yo salía corriendo y diciendo: ‘¡Abuelito, aquí está don Pablo Antonio!’”, explicó.
Así que esas experiencias me marcaron y se acentuaron con los conocimientos que adquirí en los países en los que viví, hasta el punto de que vine con la idea de fundar un cafetín literario, como los que conocí en Europa.
Café Kolchitzky en Masaya
Un año después de su regreso, su obstinación y terquedad le permitieron abrir las puertas del Café Literario Kolchitzky, con el que logró generar grandes expectativas en la gente, que estaba muy interesada en saber cómo sería el espacio que está dedicado a Álvaro Urtecho y a Ricardo Llopesa, que radica en Valencia.
“Los primeros días fueron muy excitantes, yo estaba agotada porque los trabajadores nunca terminaban el trabajo, entonces me armé de valor, despedí a la arquitecta y yo misma terminé de dirigir la obra, sin tener ideas de arquitectura e ingeniería pero ahí está. Terminé agotada, pero lo tuve listo un día antes de la inauguración”, recordó.
Y en lo que al nombre se refiere, ilustró acerca de que Kolchitzky “era un joven polaco armenio que vivió en el siglo XVII en Viena, fue sirviente del Pacha, en Viena, y cuando la segunda invasión de los turcos él llegó con ellos, y como hablaba como nueve idiomas y conocía los hábitos de los turcos pudo entrar en el campamento de ellos, y así pudieron los austriacos salvar Viena. El primer cafetín en Viena lo instaló Kolchitzky, a él le dieron permiso para hacer café, y frente a mi departamento había una estatua de Kolchitzky que veía todas las mañanas”.
Reconocimiento por su labor de promoción cultural
Recientemente, la Universidad de Ciencias Comerciales, UCC, le entregó un reconocimiento por su labor en pro del desarrollo de la cultura nacional, y no fue por poca cosa, pues gracias a su gestión ha logrado reunir a los máximos exponentes de la cultura nacional en ese altar que consagró para tal fin.
“Puedo decir orgullosamente que en mi cafetín se han presentado la crema y nata de la literatura. Aquí han estado Ernesto Cardenal, Claribel Alegría, Gioconda Belli, Julio Valle-Castillo, Sergio Ramírez, Juan Carlos Vílchez, Álvaro Urtecho, Ricardo Llopesa, Onofre Guevara, Arnoldo Martínez, Iván Uriarte, Jorge Eduardo Argüello Sansón, Christian Santos, Luis Rocha, Nicasio Urbina, Michele Najlis y Edgard Escobar”, destacó, sin poder ocultar una sonrisa de satisfacción.
Por otro lado, a nivel internacional, el Café Literario Kolchitzky también acogió a la diputada del Partido Socialista de Basilea, doctora Andrea Bollinger, reconocida investigadora de Friederich Nietzsche.
“La doctora Bollinger realizó un simposio sobre Nietzsche, que, en conjunto con el doctor Alejandro Serrano Caldera y Juan Bosco Cuadra, formaron un ciclo educativo y rico. He tenido personajes como la doctora Carolina Alduvín, que es especialista en genética y amante del planeta azul, también a miembros de la Academia de Ciencias, como Jean-Michael Maes, así como a docentes de diversas especialidades y la primera actriz de Nicaragua, Evelyn Martínez”, acotó.
Actualmente, Tiffer Alduvín está realizando remodelaciones en el lugar que pretende esté listo en agosto para seguir acogiendo a los titanes del saber y del arte, sin embargo, hay que reconocer que no es necesario visitar el café para establecer contacto directo con la cultura, pues basta estar en su sala para deleitarse con muebles antiquísimos, cuadros de arte rupestre de Argelia, cortinas alusivas al Sahara, candelabros estilo victoriano, botellas decorativas y sillas que pertenecieron a sus bisabuelos, entre otros tesoros de gran valor histórico y artístico.
La conversación concluyó con una pregunta incómoda a la que respondió: “en el campo cultural siempre hay obstáculos, envidia y competencia, pero yo sigo y seguiré adelante, porque soy una mujer fuerte e independiente, y mi meta es darle espacio a todos, sin importar credo religioso, tendencias políticas y sexuales”.
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