
Lamentablemente, estos “cortes de corriente” que sufrimos en Juegos Olímpicos, no son algo nuevo, ni sorprenden, solo extienden nuestra decepción por la falta de previsión y de precisión en un asunto tan sencillo, como saber cuáles son las restricciones establecidas, lo que es una obligación para la jefatura de la delegación.
En 1976 en Montreal, el púgil Agustín Martínez tuvo que regresar a casa porque la reglamentación no permitía inscribir en boxeo a menores de 17 años, y en el año 2000, en Sidney, el jabalinista Rigoberto Calderón fue enviado a correr los 100 metros porque no se le abría espacio en pruebas de campo a quienes no lograban alcanzar marcas mínimas, y no nos percatamos. Conociéndonos, nunca podremos decir que no nos volverá a pasar.
Lo ocurrido con Michelle Richardson en Londres es una historia mal contada, como diría Plinio Apuleyo. ¿Por qué temer asumir errores con toda la claridad que se requiere? Se ha perdido valor hasta para eso. Es triste.
Osmar Bravo con la bandera, no Michelle como se anunció con claros clarines, sorprendió primero y se convirtió en algo intrigante de inmediato: ¿Qué es lo pasó para cambiar el orden, alterando el producto que vimos? La familia Richardson, tan frente a la pantalla como nosotros, desconcertada y rascando sus cabezas, llamó a los diferentes medios, incluyendo a este prójimo, con la misma pregunta.
Le dije a Frank hijo, que como se veía Michelle, sonriente y animada, marchando detrás de Bravo, es que independientemente del nudo del problema, no se captaba la menor alteración nerviosa. Es decir, que hubo acuerdo sobre cualquier tipo de problema presentado. Eso no le quitaba un gramo de interés a la pregunta de: ¿Qué fue lo que pasó?
Moisés Ávalos es un periodista eficiente que le trabaja al Comité Olímpico Nicaragüense. Como tal, muchas veces su eficiencia tropieza con el compromiso de “maquillar” informaciones. La mayoría de veces lo hace bien, como trabajando en el bellísimo rostro de Megan Fox, pero en otras no puede evitar que las explicaciones se distorsionen como ocurre con el grotesco rostro del “Acertijo”, cuando se jacta y festeja atormentar a Batman.
Pero Moisés facilitó la clave. Trató de explicar que existe una disposición, que reserva el portar la bandera, solo a los atletas activos, y por lo tanto Michelle quedaba descartada. Agregó el jefe de Prensa, que por esa razón Nicaragua inscribió a su abanderado hasta las 10 y 35 de la mañana --madrugada aquí-- y fue el último país en hacerlo una vez agotadas las gestiones contrarreloj.
¿Por qué en las siguientes 30 horas no se pudo informar desde allá, que Michelle no sería la abanderada, y en cambio recibimos un amplio informe con toda la actividad que la medallista estaba desplegando en la Villa, con entrevistas, fotos y visitas? Ese miedo a ir de frente, no lo entiendo. Un jefe de misión que se supone viajó previamente, debería estar al tanto de todo eso.
Cuando Michelle fue abanderada por Daniel, estaba presente el presidente del CON, Emmett Lang, y buena parte de su equipo de apoyo. Todo el enfoque fue sobre el nombramiento de Michelle. No quedó la mínima duda. Obviamente Daniel (Ortega) estaba desinformado, igual que todos, así que alguien tiene la responsabilidad de esa falta de información, pero hasta hoy nadie la asume, pese a no ser visto el caso como dramático, sino de inutilidad.
¿Qué se conversó con Michelle?, ¿cómo se planteó el problema?, ¿de qué manera se llegó a un acuerdo?, ¿por qué no se envió un comunicado a tiempo, si se pudo hacer? Repito, no es un drama, pero somos tan inclinados a convertir hasta lo más sencillo en un misterio, que de vivir entre nosotros Agatha Cristie estaría oculta.
Hacer gestiones frente a una restricción establecida es inútil. Lo fue en 1976 cuando se peleó por Agustín Martínez, argumentando que había estado en los Panamericanos de México.
Seguramente este caso será lo más noticioso que produzca Nicaragua en los Juegos de Londres 2012, aunque su interés sea estrictamente casero, a menos que el púgil Osmar Bravo tenga algo que decir cuando entre mañana a las brasas, en el torneo olímpico de boxeo.
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