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La plaga de roya ha sumido en la desesperación a los pequeños productores cafetaleros del Norte del país, entre ellos Amado González, dueño de una finca en Quilalí, donde ahora sobran los árboles secos, pero faltan los cortadores.

El drama que vive González se repite por toda la zona, donde los productores requieren entre US$5,000 y US$7,000 para renovar cada manzana de café, pero no tienen el dinero para hacerlo.

Si en términos macroeconómicos la roya provocará la pérdida de unos US$100 millones y hasta 400,000 quintales de café, en el aspecto micro los efectos son devastadores: han disminuido el rendimiento de la tierra y los ingresos de los productores, el café ha perdido calidad y se ha reducido el tiempo de corte del grano.

Para estos pequeños productores, perder una manzana de café significa dejar de comer. 

Demanda de renovación

Finqueros resienten pérdidas de sus cosechas en Jinotega y Nueva Segovia y mantienen su demanda, de un plan de renovación de los cafetales.

 

Pequeños cafetaleros que lo pierden todo

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