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Cuántos son, no se sabe, pero diariamente arriban a Managua trayendo a cuestas bolsos cargados de ropa, electrodomésticos, roperos de plástico, espejos, almohadas, pailas y todo lo que se pueda vender a plazos.

A veces el producto que ofertan triplica el precio de contado que este tiene en el mercado, además no ofrecen garantías sobre el producto, por lo que el Instituto de Defensa de los Consumidores, Indec, ya ha recibido nueve quejas contra ellos.

En los barrios les dicen “semanero”s o corteros, aunque este último término se refiere a la persona que corta caña; sin embargo, en Nicaragua usamos esa palabra para designar a la persona que vende cortes de tela, ropa o artículos varios “al fiado”.

Juan José Cruz es uno de ellos. Tiene 43 años, 15 de los cuales ha dedicado a la venta de productos de puerta en puerta para mantener a su familia en Ciudad Darío.

Escasez de empleo

Cruz era albañil, pero la falta de empleo fijo y una tarifa de pago justa lo obligaron a buscar otra forma de ganarse la vida. “Un señor que es supervisor me trajo a este trabajo”, confiesa.

De martes a domingo, sin excepciones, Cruz madruga para viajar en bus de Ciudad Darío a Managua, donde tiene seis líneas de distribución en igual cantidad de barrios que tiene que visitar “a golpe de calcetín”, porque camina unos 10 o 15 kilómetros diarios.

Cada “semanero” tiene una cartera promedio de 120 clientes, aunque los más avezados poseen hasta 300.

¿Usura?

El costo del transporte, la alimentación, el riesgo que corren con los clientes “mala paga” y hasta el “peaje” de 5 o 10 córdobas que pagan a cada delincuente en los “barrios peligrosos”, sale de la bolsa del “semanero”, que alega que él no duplica ni triplica el precio del producto para cubrir esos gastos.

“No, a nosotros nos dan una factura conforme a la que nosotros vendemos; no podemos dar ni más caro ni más barato, nosotros ganamos un porcentaje (28%) sobre cobro”, argumenta Cruz.

Sin embargo, Marvin Pomares, director del Indec, dice que a este tipo de negocio “nosotros le llamamos usurero”, porque los ciudadanos pagan el producto hasta cinco veces, independientemente de que la cuota semanal sea mínima.

“Pero cuál es el problema que nosotros vemos en esto: no hay un contrato y lógicamente se pierde cualquier tipo de garantía cuando el producto que la persona adquirió se le dañó, y lo tiene que pagar”, agrega Pomares.

Además, explica que la persona no tiene un documento para llevar el conteo de sus pagos, porque “uno guarda los dos primeros recibos, luego los pierde y ve que nunca termina de pagar”.

Sin control

Los “semaneros”, por su parte, alegan que sí hay control y lo hacen por medio de las tarjetas donde anotan la prima, los pagos y los saldos.

La Ley de Defensa de los Consumidores no establece ningún tipo de control para este tipo de ventas, sino que es un negocio entre particulares, normado en la Ley Reguladora de Préstamos entre Particulares.

Nosotros creemos que se debería ordenar esto”, opina Pomares.

El Indec recomendó a la población “ahorrar” para comprar de contado, “para no caer” en las manos de los “semaneros”, quienes alegan que ellos son la solución de compra para las familias de bajos recursos, porque no les exigen fiador ni documentos para otorgarles el crédito.

Sobreendeudamiento

“Esta práctica no es una salida al desarrollo o a la crisis que tienen las familias”, considera José Luis Solórzano, director del Centro de Gestión Empresarial de la Universidad Centroamericana, UCA.

“Nosotros estamos enfrentando en nuestra sociedad, como en muchas otras sociedades de Latinoamérica y el mundo, un problema que está relacionado con el alto consumismo: una extrema fijación en los bienes materiales. Porque una familia a veces invierte más en enseres o utensilios de diversos tipos –comprados a plazos–, que en la educación de sus hijos”, critica el especialista.

Solórzano comenta que comprar al crédito “puede satisfacer una “necesidad”, generalmente suntuaria, pero a la larga, esto terminará creando un problema de sobreendeudamiento al usuario.

 

18 DISTRIBUIDORES de Ciudad Darío ofertan artículos en Managua, vía “semaneros”.

 

80 HOMBRES y líneas de distribución tiene cada empresa para cubrir la capital.

 

"Estos trabajadores están desprotegidos, sus ingresos no son grandes, y forman parte del mismo círculo vicioso de las desigualdades sociales".

José Luis Solórzano, Economista.

 

“Carne de cañón de asaltantes”

El “gremio” de los “semaneros” no tiene seguro social ni de vida, ni derechos laborales, ni pólizas contra robos.

En un día “bueno”, un “semanero” se va a casa con 500 córdobas en la bolsa; y en uno malo, con 200.

Cuatro de cada cinco “semaneros” ha sido asaltado en Managua, según cálculos hechos por ellos mismos.

“Los ladrones caen de un momento a otro. A mí me robaron por el colegio “Manuel Olivares”, andaban en moto y usaban pasamontañas, me amenazaron con una pistola y se me llevaron todo. Fui a interponer la denuncia a la Estación Dos (de Policía), pero no los agarraron”, relató Miguel Ángel Vallejos, quien tiene 13 años de ser “semanero”.

Para protegerse de los ladrones, los “semaneros” han desarrollado sus técnicas, como usar doble pantalón para ocultar billetes “grandes”.

“Ellos corren riesgo, en algunos barrios los han matado a los pobres, porque ellos se meten a lugares sumamente peligrosos. La tarea fundamental es organizar a estos compañeros para que puedan gozar de algunas prestaciones, sobre todo de la seguridad social”, apuntó Silvio Martínez, secretario político de la Central Sandinista de Trabajadores, CST, y miembro de la Coordinadora Sindical de Nicaragua.

“Cuánto quisiéramos que nuestro Gobierno pudiera alcanzar y beneficiar a estos compañeros”, manifestó por su lado Luis Sánchez, encargado de comunicaciones de la CST.

 

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