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Madrid / El País 
No había ni banderas preconstitucionales ni símbolos políticos. Por cada tres personas que asistieron el jueves a la misa que conmemoró el 33 aniversario de la muerte de Francisco Franco en la basílica del Valle de los Caídos, en la sierra madrileña del Guadarrama, había un agente de la Guardia Civil velando por el cumplimiento del artículo 16 de la ley de Memoria Histórica: “En ningún lugar del recinto (el Valle de los Caídos), podrán llevarse a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas, o del franquismo”.

Los asistentes a los oficios religiosos, unas 70 personas, se encontraron en la entrada al valle un dispositivo con varias decenas de guardias civiles que impidieron el paso de cualquier símbolo franquista. Registraron coches, bolsos y ropas para que no se pasase por alto la ley de Memoria Histórica en el primer aniversario de la muerte de Franco y José Antonio Primo de Rivera en el que está en Vigor.

Incluso dentro de la basílica había agentes de paisano, lo que provocó la indignación de algunos asistentes la misa. “No hay libertad de culto, de movimientos. Esto es indignante”, lamentaba Manuel Andrino, jefe nacional de La Falange, el partido fascista español. Él y varios miembros de su partido rehusaron llevar símbolos porque sabían lo que les esperaba: “Un trato vejatorio y vergonzoso”. Otros, sobre todo chavales más jóvenes con las cabezas rapadas, sí que tuvieron que dejar en la puerta banderas, cinturones e incluso parte de sus vestimentas.

El oficio religioso fue, según explicó el abad de la basílica, uno más de los que cada día se celebran allí a las once de la mañana, sin organización ni encargo de ninguna asociación ni partido. Sin embargo, el sacerdote que la ofició hizo un recuerdo: “A nuestros hermanos José Antonio y Francisco Franco y a todos los caídos que lucharon por Dios, por España o por sus ideologías”.

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