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Salió de Suiza hace 15 años con rumbo a Santiago de Compostela, dio la vuelta a todo España y luego se dirigió a América. Llegó a Los Ángeles y ahí tomó un autobús para emprender una aventura que lo trajo a Nicaragua en noviembre de 1999.

Aunque andaba de paseo, Carli estaba buscando también un país donde establecerse. Al bajar de aquel vehículo repleto de turistas, tuvo una sensación muy particular: “Me gustó todo. Me encantó la ciudad. Sentí una buena vibra... Uno percibe inmediatamente cuando se siente bien o se siente mal. Y yo me sentí muy bien”.

Estuvo tres días en Granada y se marchó. El suizo había escuchado hablar mucho de Costa Rica, fue a conocer el vecino país, pero no le gustó. Siguió su camino por el mundo, dio “una vueltecita más” y dos meses después, en enero del 2000, regresó a la tierra que lo enamoró; Granada, Nicaragua.

“Granada era muy diferente entonces. El turismo no estaba tan desarrollado, había poca inversión, casi no había hoteles. Recuerdo que no había ningún restaurante en la Calzada, esa calle era de doble vía para los vehículos, con un boulevard en el centro”, rememoró.

Agregó que la gente también era diferente en ese entonces; era más tranquila y las casas no tenían tantas verjas. Con una visible nostalgia, este ingeniero en mecánica industrial opina que esta ciudad de arquitectura colonial sigue siendo hermosa.

Un emprendedor

A su llegada a Granada, Carli creó una pequeña sociedad para abrir un restaurante en la calle El Caimito, donde ofrecía pizza, pasta y pescado, entre otros alimentos.

El negocio tuvo una muy buena acogida entre el público que llegaba a deleitarse, pero la sociedad no funcionó, razón por la cual decidió retirarse. En ese tiempo ya había comprado una vieja propiedad en la esquina opuesta al restaurante y entonces pensó en construir un horno para elaborar pan, el que sería vendido en diferentes sitios de la ciudad.

En abril de 2001 continuó emprendiendo y junto a su esposa abrió la pizzería Don Luca, en la Calzada, a tres cuadras de la Catedral, que pronto se convertiría en un referente y la cual sigue cautivando a los visitantes.

“En 2007 hicimos El Coyote bar and grill, contiguo a la pizzería, en una esquina. Funcionó durante cinco años, pero nos cansó tener que desvelarnos hasta las dos o tres de la madrugada todos los fines de semana… eso no nos hace más joven”, confiesa.

El más grande

Carli señala que la bebida tampoco resultó rentable para su restaurante; eso lo llevó a tomar la decisión de cerrarlo y aprovechar el espacio para agrandar la pizzería. Estima que actualmente Don Luca es el restaurante más grande de la Gran Sultana, capaz de albergar a 164 personas en condiciones cómodas.

En su menú ofrece también pastas, carnes rojas, pollo, pescado, ensaladas, cocteles y vinos, los que degustan muchos nicaragüenses y extranjeros que conocen ya el sabor y la calidad de la comida del lugar.

Pero un poco antes del restaurante, el flujo turístico que divisó en 2004 lo animó a iniciar la reconstrucción de la casona que había adquirido al llegar a la ciudad, rescatando el estilo con que había sido construida en el siglo XIX, para convertirla en un elegante hotel que hoy se llama La Pérgola, de 26 habitaciones, ubicado en El Caimito.

La proyección que está ganando Granada en el mercado extranjero es una importante señal de que el desarrollo de la industria turística va por buen camino. Su aparición en medios de comunicación de renombre y eventos internacionales debe ser aprovechada al máximo, recomienda Carli.

Muchas oportunidades

El inversionista cree que Nicaragua es un país que aún guarda muchas oportunidades en el sector turismo, sin embargo, considera que hay muchas cosas que deben trabajarse, empezando por el tema de la educación en las escuelas.

“El gran problema de Nicaragua es la educación. Si tuviéramos mejor educación hubiera mejor servicio e hiciéramos mucho más por este país. Hay que empezar a educar mejor desde la primaria”, apuntó.

Según el empresario, esa educación debería incluir, entre otras cosas, el manejo del algún idioma extranjero, particularmente el inglés.

“En Europa, los niños empiezan a estudiar el primer idioma extranjero a los ocho o nueve años y a los once van con el segundo. Se preparan desde pequeños”, destacó.

Señaló que una educación de calidad en la infancia evitaría actitudes dañinas, como la mendicidad tan frecuente en Granada, los robos, los asaltos, las agresiones y otras manifestaciones delincuenciales que van en detrimento de la imagen segura y acogedora que se quiere brindar.

Las verjas de hierro en los domicilios de Granada es una de las consecuencias de esa inseguridad. No obstante, Carli confiesa que quiere quedarse a vivir definitivamente en Nicaragua.

 

Antes de asentarse en Nicaragua, el suizo decidió visitar otros países, entre ellos Costa Rica, porque había oído hablar mucho de ese país, pero se enamoró de Granada.

 

27 Empleos formales está generando el inversionista suizo Luca Carli en la ciudad de Granada.

 

 

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