•   Madriz, Nicaragua  |
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No suele salir en las fotos, pero siempre está ahí. Es ese elemento indispensable de cualquier viaje. Contagia, aburre, ameniza y en este caso también nos hace volver a la historia. A él le dicen “Tacho”, como llamaban al presidente “déspota” que muchos nicaragüenses aún recuerdan: Anastasio Somoza Debayle.

Pero este “Tacho” es diferente. Él vive de forma sencilla a dos kilómetros del Cañón de Somoto, no tiene dinero para comprar propiedades y manda únicamente en su casa, y eso si su esposa le autoriza --al menos eso dice con una sonrisa--.

Anastasio Martínez es un guía turístico de 50 años de edad, alto, delgado, ojos claros y piel ligeramente morena, tostada por el sol. Muchos de sus compañeros lo llaman “Somoza”, aunque a él su apodo poco le gusta.

“No tengo buenos recuerdos de la época de Somoza. Según dicen, mi madre me puso el nombre en honor a él (Anastasio Somoza Debayle) y como solo tengo un nombre, no dos como los demás”.

Por amor abandonó su natal León para establecerse en la comunidad La Papaya, en el municipio de Madriz. Ahora tiene cuatro hijos, de los cuales tres estudian y uno, al igual que él, es guía en el mismo lugar.

Trabajo impresionante
La fascinación que provoca a los turistas recorrer el cañón y la facilidad con la que “Tacho” se desplaza por esa zona de rocas inmensas y aguas verdes profundas, lo motivó a combinar su trabajo de agricultor con la de guía turístico en el Cañón de Somoto.

“Para mí es impresionante este trabajo, porque te relacionás con los turistas. Me gusta servirles cada vez que vienen, no tanto por el pago que me dan, porque hay quienes traen suficiente plata para pagar, sino por enseñarles el lugar y ver la cara de felicidad cuando regresan a casa”, confiesa.

Sus palabras parecen sinceras. En la entrada se encuentra un grupo numeroso de turistas nicaragüenses que han llegado del norte y el occidente del país a conocer el sitio. A ellos el precio proporcionado por los guías del lugar les parece un poco alto (C$250 por persona).

El grupo se reúne a conversar, mientras “Tacho” lo observa. Al ver que ellos no cuentan con el suficiente dinero y valoran la posibilidad de regresar, se les acerca y les ofrece una ruta más corta y, por supuesto, más económica. Los aventureros parecen estar de acuerdo con el nuevo precio y deciden realizar el tour.

“No podía dejar que se fueran del lugar por falta de dinero si ya habían llegado hasta aquí”, afirma mientras empieza la caminata con el grupo, por un camino de piedras.

Cuando le preguntamos si considera esta decisión como una pérdida, responde: “Lo hago de corazón, con toda la voluntad, siento que no estoy perdiendo. Ellos (los turistas) se van a ir complacidos y yo también, porque les pude ayudar a cumplir su deseo de conocer el cañón… Para mí es duro ver que por falta de dinero la gente no pueda cumplir su sueños”.

El idioma no es barrera
Al realizar el recorrido se evidencia la afluencia de turistas extranjeros y “Tacho” no habla inglés. “¿Cómo hace para guiar a los extranjeros?”, preguntamos.

“Siempre en los grupos viene alguno que habla español. Ellos se preparan para venir aquí, traen sus libros y si uno les habla despacio ellos entienden”, dice Anastasio.

Y así empieza a narrar la experiencia que ha tenido con algunos grupos de turistas que le piden ser hospedados en su casa.

“Me llama la atención ver a extranjeros que les gusta quedarse en la casa de uno. Una vez unas muchachas españolas me dijeron que querían conocer mi casa y a mi familia, les gustó y nos dijeron que si podían quedarse por una noche”, expresó.

Trabajo por temporada

INGRESO • Anastasio Martínez cuenta que a pesar de que le gustaría dedicarse a ser guía turístico, esta actividad no siempre es rentable. Los días de semana se dedica a cultivar maíz, frijoles y sorgo millón en su pequeña parcela.

“Hay temporadas altas y bajas, entonces uno no puede dedicarse solo a esto (me dedico), porque si no, no podríamos comer”, afirma.
Según “Tacho”, en el cañón la mejor época es  diciembre y Semana Santa, y de vez en cuando los fines de semana.

El pasado fin de semana seguro fue uno de esos días, el grupo de turistas nacionales a quien ha decidido hacerle el tour lo invitó a comer. Unas tajadas de plátano verde, carne y un poco de arroz que decidieron llevar para degustar al llegar al cañón.

Los turistas parecen divertirse, han dejado a un lado la comida y han preferido darse un chapuzón, mientras Anastasio sentado sobre una roca gigante los observa y se prepara para una tarde que puede alargarse hasta que se oculte el sol o hasta cuando los turistas decidan marcharse.

“Mi característica es hacer que el turista se sienta bien, no estar presionándolos, porque me gusta que se tomen el tiempo de disfrutar y así se vayan satisfechos”, puntualiza Anastasio.

A “Tacho”, más que el dinero, lo que le importa es que los turistas regresen a casa contentos y, por eso, no deja que se vayan sin conocer el cañón.

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