•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Los hijos de Oneida Reyes no han ido a la escuela y cuando escuchan gotas anunciando lluvia se asustan, porque después del “diluvio”, del martes en la noche, su casa, ubicada en el asentamiento Rubén Darío,  cerca del parque Candelaria en Managua, quedó “en el aire”, luego de que las correntadas socavaran las bases laterales de la misma y una acera.    

“El día del diluvio no pudimos salir. Allí íbamos a morir ahogados. Ayer (el miércoles) teníamos que pasar por el techo de la casa de la vecina, poníamos la escalera que nos prestaron y allí nos tirábamos (para salir). Hoy nos pusieron eso --un andamio hecho de reglas y tablones--, pero la van a volver a quitar”, apuntó Reyes, cuya vivienda irónicamente colinda con una zanja que es parte de las obras para el mejoramiento del drenaje pluvial de Managua.    

Los Reyes no tienen agua potable, ni servicio de aguas negras,  ni luz, porque el agua arrasó con los primeros dos servicios y el tercero fue suspendido por precaución.     

Los pronósticos que ayer brindó Meteorología anunciando nuevas lluvias tensionan a Reyes y a su familia, porque el martes, cuando escucharon un estruendo en la zanja en el costado noreste de su casa, inmediatamente se levantaron de las camas, pero ya tenían el agua hasta las rodillas.

“Entonces no podemos dormir, porque cuando llueve ‘reciecito’, como el miércoles, tenemos miedo de que  nos vuelva a pasar lo del martes”, apuntó la mujer al comentar que vivir con miedo no es vida.

Aferrados a la fe
Reyes no quiere reubicación, lo que pide a la Alcaldía de Managua es que termine de una vez por todas las obras de drenaje que surcan el barrio, porque fue la tierra acumulada en las calles la que impidió el paso del agua hacia el lago, provocando la inundación.  

“En 20 años nunca había pasado algo así en el Rubén Darío y ya le habíamos advertido al ingeniero que se apuraran, porque ya venían las lluvias y no nos hizo caso”, agregó Oneyda Reyes.

200.4  MILÍMETROS de lluvia cayeron en Managua el martes pasado.

Gloria Elena Medal Zavala, de 57 años, es vecina de doña Oneyda y la corriente casi se le lleva su casa.  Existe una tercera vivienda dañada, pero en menor magnitud.

Con Medal viven 6 personas más, incluyendo 4 niños que, la noche del martes, fueron los primeros en advertir que algo no estaba bien en la casa. El “traqueteo”, la vibración y los gritos de los vecinos les anunciaron el peligro.  

Tensión
“Se me subió el azúcar y empecé a temblar. Lo primero que le pedí al Señor fue que no permitiera que mi casa se cayera… Anoche (el miércoles) que empezó a llover,  yo me puse en las manos de Dios y a los niños los llevamos a dormir a otro lado. Dios no permita otro aguaje igual (al del martes), si no voy a volver a salir en carrera, aunque ellos (los que construyen el drenaje pluvial capitalino) dicen que con las obras de mitigación que están haciendo no va a haber más problemas”, agregó Medal.

En otro punto de Managua, en el bloque 28 del Reparto Nueva Nicaragua, cerca del Puerto Salvador Allende, Miguel García estaba sacando ayer de la casa lo que le quedó tras las inundaciones del martes.

Ese día literalmente estaba con el agua al cuello. Todos los enseres, que eran nuevos, los perdió, incluyendo una camioneta. La aseguradora se la llevó remolcada.  

“No nos hemos ido por completo, pero no queremos esperar otra temporada de lluvias”, aclara al explicar que el día de la inundación se subió a un andamio junto a un vecino,  esperaron que las aguas bajaran y luego salieron nadando del lugar.

Lesbia Ruiz, ama de casa y habitante de la casa número 49 del bloque 28, dice que también perdió todo en la inundación del martes. Solo salvaron un ropero. Su hijo pequeño se puso histérico y en pijamas salieron huyendo del lugar en vehículo, se aparcaron en Telcor y cuando las aguas bajaron, se fueron a dormir donde sus parientes.

“Estas casas las estamos pagando, no me gustaría irme”, agregó Ruiz, quien al igual que muchos de sus vecinos sienten temor por una eventual nueva inundación.  

  • Al menos 6 familias del bloque 28 se fueron a vivir a otro sitio tras la inundación. 

Dios no permita otro aguaje igual (al del martes), si no voy a volver a salir en carrera”.  Gloria Elena Medal, afectada
por las lluvias.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus