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En una carrera contra el tiempo, un nuevo defensor de oficio de Bernardo Tercero intentará introducir nuevas evidencias y elementos en un último intento por revertir la decisión de ejecutar al nicaragüense a través de inyección letal, el próximo 26 de agosto, en Texas, uno de los estados con mayores ejecuciones en Estados Unidos.

Michael Charlton, con una amplia carrera en el campo de defensa criminal, a cargo del caso de Tercero, manifestó, vía correo electrónico a El Nuevo Diario, que en estos momentos cuando recién ha retomado este caso, está haciendo una revisión lo más rápido posible para poder introducir nuevos elementos en la lucha por parar la ejecución.

Bernardo Tercero fue sentenciado a pena de muerte en octubre de 2000, después de ser enjuiciado por la muerte del profesor Robert Keith Berger, durante un asalto a una dry cleaner (lavandería). La víctima estaba acompañada de su hija, de tres años de edad, mientras su esposa esperaba en el carro. El profesor murió un día después en un hospital de Houston, producto de un disparo en el cuello.

Tercero ha señalado que la muerte de Berger se debió a un accidente al dispararse el arma durante un forcejeo entre ambos.

“Así que es demasiado pronto para decir exactamente lo que vamos a hacer. Ha habido mucha controversia y confusión sobre la edad de Bernardo”, dijo al ser consultado sobre el plan de acción de la defensa.

¿Menor de edad?

“Obviamente sabemos lo que dice (Tercero), pero necesitamos documentación. Si en realidad era menor de 18 años en el momento de cometerse el delito, entonces vamos a continuar, a pesar de que se ha litigado con esto durante algún tiempo”, aseguró Charlton.

Agregó que además tratarán de demostrar que “se falló en su asesoría para proporcionar mucha información sobre su niñez, circunstancias que no le permitieron tener un juicio justo”.

Consultado sobre si aún hay posibilidades de poder hacer apelaciones en introducir nuevas evidencias, aseveró que espera que sí, pero que aún no está seguro cuándo podrá hacerlo. En ese sentido, afirmó que será a más tardar en la tercera semana de julio.

“Si hay tiempo para debatir esto, es cuestionable, mucho dependerá de lo que encontremos”, acotó.

Espera ver a su hijo

Al ser consultado sobre si ha tenido algún contacto con personal del Consulado de Nicaragua en Houston, respondió que todavía no.

Al parecer, si la ejecución no se detiene, a pesar de los múltiples esfuerzos de los organismos defensores de derechos humanos y organizaciones en contra de la pena de muerte, uno de los últimos deseos de Tercero sería ver a su hijo Franklin Tercero,  a quien dejó en Nicaragua cuando este era muy pequeño.

Luz Álvarez, que ha sostenido una relación amorosa con el reo en los últimos tres años, comentó que Tercero ha expresado su deseo de ver a su hijo antes de la ejecución.

“A él no le gusta hablar sobre el asunto, tiene confianza en que saldrá de esto, pero me ha comentado que si llegara a ser ejecutado le gustaría que su hijo estuviera allí”, relató Álvarez, una salvadoreña que se enamoró de Tercero en la Unidad Allan Polunsky, en Livingston, Texas, conocida como el Corredor de la Muerte.

Reveló que ella está segura de que no estará presente al momento de la ejecución. 

“Yo lo conozco a él y sé que no me anotará en esa lista. Él no quiere que yo vea eso”, afirmó al referirse al derecho que tiene cada reo de llevar a cinco personas a su ejecución.

Al momento de la ejecución, en primera fila estarían los familiares de la víctima de Tercero, el profesor Robert Keith Berger. También podrán estar los familiares o amigos de Tercero que él decida incluir para uno de los espectáculos más dramáticos para un ser humano.

En el 2014, el 80 por ciento de las ejecuciones ocurrieron en Texas, el estado con mayores ejecuciones, seguido de Missouri y Florida. Actualmente solo 32 estados de EE.UU. mantienen la pena de muerte, en 18 no se aplica. El último estado en suprimirla fue Nebraska, en el 2015.

32 Estados de EE.UU. mantienen la pena de muerte, mientras en los restantes 18 no se aplica.

80 por ciento de las ejecuciones ocurridas en Estados Unidos en 2014 se llevaron a cabo en Texas, el estado con la mayoría de reos ejecutados.

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