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Corría noviembre de 2001 cuando Pedro Pablo Canales recibió una carta remitida desde Polunsky Unit, una cárcel en Livinsgton, Texas, Estados Unidos. En letras grandes y gruesas, escritas con un marcador negro, estaba el nombre del remitente, su amigo de infancia: Bernardo Abán Tercero, el nica condenado en ese estado, sentenciado a la pena de muerte y quien podría ser ejecutado el próximo 26 de agosto.

Canales había regresado hacía poco de Costa Rica, adonde estuvo trabajando por varios años, y recién se había enterado que “Tato”, el moreno aquel con quien estudió la primaria y con quien recorría las calles de Posoltega, de donde ambos son originarios, estaba preso en una cárcel de Texas acusado de haber asesinado a un maestro en 1997. 

La carta estaba escrita a mano, con letra de carta comprensible, inclinada a veces muy a la derecha y otras veces muy a la izquierda. En un inicio, el remitente agradecía por la misiva que Canales le había enviado y luego abundaba en recuerdos de niñez. Hacía referencia a cuando recogían nancites del árbol de un vecino en el barrio Juan XXIII y a la alegría que a ambos les provocaba ver aterrizar los aviones que fumigaban los algodonales en el Occidente del país, en la década de los ochenta.

Luego, sin entrar en demasiados detalles, relataba cómo fue apresado. No explicaba las razones de la acusación que le imputaban pero sí decía cómo llegaron a él. “Una exnovia me traicionó”, escribió. 

En la carta cuenta que en 1999 fue capturado a través de un plan del FBI en el que estuvo involucrada esta exnovia, quien según detalla, “recibió dinero” a cambio de entregar información sobre él. 

“Como en 1998 hablé con él, fue la última vez. Platicamos cómo es la vida allá (en Estados Unidos), lo difícil, el ser indocumentado, que uno trabaja en muchas cosas allá, en fábricas, en hoteles, en construcción, poniendo alfombras”, relata Canales, luego de mostrar la carta, a la que pide que no se le tomen fotos ni videos. 

Nació en el Casita

Bernardo Abán Tercero es el segundo hijo de Lidia Tercero, nacida y criada en la comunidad Rolando Rodríguez, que desapareció el 30 de octubre de 1998, producto del deslave en el volcán Casita.

Es el segundo Bernardo de esta mujer de 59 años, que llora a ratos y tiene impregnada la tristeza en su rostro. Su primogénito murió a causa de una picadura de alacrán, se llamaba Bernardo y quedó enterrado en las faldas del volcán. “Después tuve a Bernardo Abán”, cuenta.

“Como me volví a casar, a mi mamá no le gustaba como que tuviera otro marido, entonces ella se lo llevó y lo crió, ella lo puso a estudiar. El papá de Bernardo solo me embarazó, nunca lo vio, era un agricultor cómodo, estaba casado con otra mujer… y murió quemado”, recuerda. 

Bernardo se había ido indocumentado a Estados Unidos en más de una oportunidad. “Creo que dos o tres veces, porque me acuerdo que la primera vez se fue y no supimos de él, después volvió a irse y al tiempo nos dimos cuenta que regresó. Después se volvió a desaparecer. Mi mamá y yo lo aconsejábamos, yo le decía: estate conmigo hijo, pero ya no, él ya tenía otras ideas, otras aspiraciones. Usted sabe, uno está comiendo bien, después ya no quiere estar mal otra vez”.

“Mama, yo quiero ayudarle, usted es muy pobre —me decía— y nos mandaba, a través de mi mamá, él me mandaba dinerito. Yo no puedo decir que fue malcriado conmigo, fue bien obligado”, continúa.

Lidia Tercero abandonó la comunidad Rolando Rodríguez después del deslave en el Casita, estableciéndose en Los Laureles, comarca de Chichigalpa, en la que aún reside. Hasta ahí llegó un amigo para contarle de la situación de su hijo. “Me dijo que mi hijo estaba preso en Estados Unidos y ahí fue cuando nos dimos cuenta de todo”. 

Su futuro

En la casa de los Tercero Huete, los padres de Lidia, en el barrio Juan XXIII de Posoltega, son reacios a las entrevistas porque dicen que han tenido malas experiencias con la prensa. 

Franklin Tercero, el único hijo de Bernardo Abán Tercero, lo explica con amabilidad y pide comprensión. “Su mamita”, Amanda Huete, lo crió a él y a su padre. La anciana es la típica mujer que ha sido golpeada por la vida, pero que resiste con estoicismo y serenidad.

“Estamos preparados”, dice ella cuando sale de su casa hacia la venta, adonde va a comprar frijoles. 

—¿Qué quiere decir con eso?, ¿que está resignada? —pregunto a Franklin.

—No, no es resignación, es confianza en Dios, es serenidad —responde él.

La familia del primer nica que podría ser ejecutado en Estados Unidos está convencida de que el 26 de agosto próximo no será un día aciago para ellos. 

CIDH otorgó medidas cautelares

El 4 de abril de 2013, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares a favor de Bernardo Tercero.

Justicia debería esperar
Los defensores de Tercero alegaron ante la CIDH que le violaron sus derechos consagrados en la Declaración Americana.

Recomendaciones 
La Comisión solicitó a los Estados Unidos abstenerse de ejecutar la pena capital mientras ellos no se pronunciaran sobre el caso.

Solicitud
No es la primera vez que la CIDH solicita a Estados Unidos no aplicar la pena de muerte, sin embargo hay casos negativos. 

Llamados
Organizaciones contra la pena de muerte y el Cenidh están abogando a favor de Bernardo Tercero.

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