•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La lluvia estaba fuerte y José Antonio Sevilla regresaba del trabajo cuando le dijeron que su hijo,  Junior José Sevilla, de 13 años y estudiante del sexto grado, había salido en la carreta a traer guate para el caballo, por lo que caminó media cuadra para tratar de divisar al niño, sin saber que sería la última vez que lo vería con vida.

“Regresé del trabajo, pero mi papá le había dicho que hiciera el mandado. Eso fue a las cinco de la tarde, antes que comenzara la lluvia, pero como el niño se va a círculos de estudio y luego se queda jugando, me imagino que por eso tardó tanto”, relató el señor Sevilla, quien apuntó que a eso de las 6:30 de la tarde algo en su interior le dijo que lo fuera a buscar.

El área donde habitan en el barrio Blanca Segovia, en el Distrito V, contiguo al reparto René Schick, es de calles onduladas y su casa queda en una zona baja, así que para ver el resto de la calle hay que caminar unos 50 metros hasta la cima, desde donde se observa la parte más baja de la vía, atravesada por las corrientes que desembocan en un cauce.

“Miré que el niño venía y le hice señas para que no cruzara, pero parece que no me vio. Ya estaba casi en medio de la corriente y el caballo se hizo de lado. Junior se cayó sobre el cruce de la corriente que se lo llevó”, recuerda don José con evidente dolor.

Con horror vio que  el niño,  el equino y  el carretón elaborado de tubos de metal fueron tragados por las aguas. De inmediato, con otros habitantes del barrio, trataron de rescatarlo, pero la corriente que cae sobre un cauce no revestido, de 3 metros de profundidad, estaba muy fuerte.

[Relacionada: País a merced de las lluvias]

“Comenzamos a buscarlo, pero nada. Llamamos a los bomberos,  a todos los números de emergencia y no vino nadie;  hasta como a las 10:40 de la noche lo encontramos, prensado en las raíces de un árbol, en la oscuridad, sin vida. Ahí también estaba el carretón. Del caballo no supimos nada”, dijo el progenitor.

Ruego de madre

Luis Centeno, quien estaba en las cercanías del cauce también miró la desgracia. “Todo el barrio se movió, pero no se pudo salvar al niño. Nadie se metió en la corriente,  porque  también hubiéramos quedado ahí…es peligrosa”, expresó Centeno.

Con lágrimas corriendo por su rostro, Lucrecia del Socorro Moraga Díaz, madre del muchachito, demandó a la Alcaldía de Managua que haga algo con las aguas negras que caen del lado oeste del barrio y que cruzan  al costado de un colegio antes de bajar por una cuesta hacia el cauce.

“Quiero que hagan algo. Ahí se fue la juventud de mi hijo. No quiero que nadie más pierda la vida”, comentó abrazando a sus cuatro niños restantes, hermanitos de Junior, el niño que yacía en  el féretro en la sala de su casa.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus