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“Su Eminencia Santo Papa Francisco, sobre todas las cosas por las cuales soy acusado, me siento lleno de fe y esperanza de que sea ante su Santidad ante quien tenga que presentar mi defensa este día”.

Así comienza la dramática carta que Bernardo Tercero, nicaragüense condenado a pena de muerte en Texas, envió el año pasado al Vaticano, a través del cardenal Leopoldo Brenes.

En la extensa carta de cuatro páginas, Tercero deja de manifiesto que ha leído mucho sobre derecho dentro de la cárcel donde se encuentra recluido desde hace 15 años, después de ser condenado a la pena capital por la muerte del profesor Robert Keith Berger, en 1997.

En la misiva Tercero expone diferentes aspectos de su vida personal, incluyendo los niveles de pobreza que lo obligaron a emigrar a Estados Unidos a la edad de 15 años. Habla de las dificultades que enfrentó para conseguir trabajo por ser menor de edad, por lo que decidió utilizar el certificado de nacimiento de un hermano mayor, ya fallecido.

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Se justifica

“Influenciado por las malas compañías me involucré en el asalto a una tintorería, pero uno de los clientes me agarró el arma intentando frustrar el asalto y forcejeamos por el control del arma la cual se descargó accidentalmente ocasionando la muerte de la víctima”, alega.

“Al instante sentí remordimiento de conciencia, porque no era mi intención matar a nadie”, agrega.

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Posteriormente hace un largo relato en el que expresa que “mi juicio se tornó en un triste drama lleno de falsas acusaciones y manipulaciones judiciales (coerción), en donde las declaraciones de los testigos que me exculpaban fueron retenidas deliberadamente por el Fiscal en conspiración con mis abogados y me sentenciaron a muerte”.

“Aun cuando después de mi sentencia tres de los testigos admitieron ser víctimas de “coerción”, el jurado nunca tuvo la oportunidad de escuchar la verdad”, plantea en la segunda parte de la carta.

“Su Eminencia, estoy en inminente peligro de ser ejecutado por tres errores serios de orden judicial, que representan un incidente Internacional que el Estado de Texas intenta ocultar con mi ejecución”, dice. Posteriormente Tercero detalla explícitamente al Papa Francisco en qué consisten, según él, esos errores.

Menciona que como era menor de 18 años al cometer el delito, aplicarle la pena de muerte constituye una violación constitucional, luego refiere que en su caso “no aplica la definición de asesinato ´capital´”, sino asesinato involuntario en el curso de un delito mayor.

El tercer error se refiere al hecho de “que el FBI no comunicó al consulado de Nicaragua sobre su arresto”.

La súplica

“Le ruego a Su Santidad con el corazón en la mano, en acto de humildad, que intervenga por mi vida ante el Gobierno Federal de EE.UU., públicamente, y por escrito ante el panel de perdones del gobernador Rick Perry del Estado de Texas por “clemencia” para que me conmuten la pena de muerte a cadena perpetua”, escribió.

Tercero, quien se convertiría en el primer nicaragüense en ser ejecutado en Estados Unidos, se despide en su carta al Papa de la siguiente manera: “Le ruego a su Santidad que considere mi petición porque yo tengo la absoluta convicción de la fe que su petición ya fue concedida en nombre de Cristo Jesús y la Virgen Santísima. Amén!”.

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