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El fenómeno climático de El Niño podría variar su intensidad de moderada a fuerte en el segundo semestre de este año, informó la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOOA, por sus siglas en inglés).

Y es que según el último reporte de esta agencia estadounidense, “existe un 90 por ciento de probabilidad que el fenómeno climático El Niño varíe su intensidad hacia el hemisferio norte en el otoño del 2015 (septiembre, octubre) e inclusive hay un 85 por ciento de probabilidades que este se extienda hasta el invierno 2015-2016”, se lee en el comunicado publicado en el sitio web de la NOOA.

De acuerdo con la NOOA,  estas condiciones estarían propiciadas por los cambios de temperaturas que se ha venido registrando en el litoral Pacífico Central Ecuatorial.

Pero ¿qué escenario podría representar estas proyecciones para el istmo centroamericano?

A juicio de Patricia Ramírez, secretaria ejecutiva del Comité Regional de Recursos Hidráulicos (CRRH), entidad adscrita al Sistema de Integración Centroamericana (Sica), si bien la información es aplicable para definir la intensidad del evento en el océano, esta no puede asociarse directamente con la magnitud de las manifestaciones en la lluvia ni con los impactos.

“La intensidad del evento en su fase oceánica, así definido, no tiene una relación lineal”, expresó vía correo electrónico, Ramírez.

Perspectivas  

Ramírez explicó que en la región centroamericana la magnitud de las anomalías en la época lluviosa está asociada no solo con la temperatura en el océano Pacífico, sino también con el comportamiento de esta en el océano Atlántico y el Caribe y responden más bien a la diferencia de temperatura entre ambas masas de agua.

“Por ejemplo, si un calentamiento en el Pacífico coincide con un período también cálido en el Atlántico, las lluvias se manifestarán y distribuirán diferente que si este último está frío. Los impactos por otra parte dependen también de cómo se acopla el período de máximo calentamiento con la estación lluviosa o la seca y de la ubicación geográfica y la exposición o vulnerabilidad de fondo en las áreas que puedan ser afectadas por el déficit de precipitación”, argumentó Ramírez.

Es por ello que la especialista reiteró que de momento se mantienen para Nicaragua y el resto del istmo las perspectivas climáticas para el ciclo mayo, junio y julio, el cual fue dado a conocer el abril pasado en Managua, cuando se dijo que habrían ciertas áreas del país en las que se registrarían menos lluvias de lo normal y una prolongación del periodo de la canícula (15 de julio al 15 de agosto).

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