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Desentrañar la obra artística de Ilse Ortiz de Manzanares significa enfrentarse a formas, colores y expresiones tan numerosas como icónicas por sus propuestas diversas.

La reconocida curadora guatemalteca Marcela Valdeavellano emprendió la tarea de analizar el arte de una de las pioneras de la plástica centroamericana y encontró que la física holográfica era aplicable al arte de Ilse Ortiz de Manzanares, a través del concepto de la criptomnesia y la epigenética, para transportarnos a una nueva visión de su trabajo.

¿Por qué hablar de arte holográfico en la obra de Ilse Ortiz de Manzanares?

Recordemos que un holograma es una fotografía tridimensional confeccionada con ayuda de un rayo láser, como lo vimos en la “Guerra de las Galaxias”. La imagen registrada en un holograma difiere de una fotografía convencional en muchos sentidos. Si cortamos una fotografía normal por la mitad, cada parte contendrá solo la mitad de la imagen contenida en la fotografía original. Esto se debe a que cada diminuta sección de la fotografía, tal como cada punto de una pantalla de televisión en color, contiene nada más que un único fragmento de información de la imagen entera. En cambio, si se corta un holograma por la mitad y se proyecta un haz de láser a través de una de las secciones, se comprobará que cada mitad contiene la imagen completa del holograma original. Dicho de otro modo, en un holograma cada parte de la imagen forma parte de todas las demás partes, de la misma forma que en el universo no localizado, pensado por el físico David Bohm, todas sus partes se contienen.

Esa es la intención en la obra de Ilse Ortiz de Manzanares, en la que desde sus pinturas de los setentas hasta sus esculturas actuales, pasando por su arte reciclado, cada imagen contiene la información de la otra, plegándose y desplegándose, para compartirla con nosotros.

¿Cuál es la relación entre esta obra y la tradición mesoamericana?

Esa información contenida en su obra estaba presente en la escultórica mesoamericana, como lo registra la arquitecta mexicana Iliana Godoy en su investigación “Coatlicue: visión holográfica”.

A la luz de estos conceptos de la física contemporánea, resulta sorprendente encontrar en los desdoblamientos, abatimientos y giros que muestran las esculturas prehispánicas de las islas Zapatera y de Ometepe,  los principios del universo plegado y desplegado, visión holográfica y sincronicidad que la investigadora Iliana Godoy analiza en la escultura náhuatl.

Conceptos presentes también en rangos más amplios del arte prehispánico mesoamericano, que incluye el tiempo en su expresión como elemento fundamental y que Ilse Ortiz de Manzanares recupera en sus esculturas holográficas, estructuras que se interrelacionan y que responden a la simbología náhuatl aun antes de que tomara contacto con ella, siendo estos casos muy frecuentes entre los artistas visuales entregados a representar una sensación y luego resulta que  es una imagen preexistente, fenómeno al que Carl Gustav Jung llamó  criptomnesia, que demuestra que algunos episodios de creatividad no son más que imágenes de un material que pervive en el inconsciente colectivo y son  captados por el artista, quien sin reconocerlos, es el primer asombrado cuando estos se vuelven conscientes --lo que solo ocurre a veces-- de manera secundaria, sea a través de una lectura, un descubrimiento fortuito o la observación de un tercero.

¿En qué momento de la obra de Ortiz de Manzanares se advierte este desdoblamiento?  

Ya en los años setenta, Ilse manifiesta esos desdoblamientos desde un lienzo oscuro del que surge una forma metálica fracturada, doblada, pero siempre repetida. A propósito de la crítica de arte del “boom latinoamericano”, Marta Traba escribió: “Grandes cuadros oscuros, despojados, que logran una fuerte irrealidad por el juego dramático de las luces. Maneja con gran dominio las luces y las sombras al estilo de Zurbarán, Caravaggio o Rembrandt, los maestros de la pintura barroca europea”.

¿Cómo aplica la epigenética al arte de Ilse Ortiz de Manzanares?

La epigenética (del griego: epi --sobre-- y genética) se introduce en el campo de la biología en los albores del siglo XXI. Su búsqueda se ha enfocado en incorporar nuevas preguntas que establezcan por qué dos hermanos, herederos de los mismos genes, parecen diferentes, actúan en forma distinta y responden a la vida en forma disímil, conteniendo exactamente el mismo material genético.

La epigenética está descifrando los lenguajes del genoma y mostrando cómo nuestras experiencias colectivas localizadas, pueden “marcar” nuestro material genético y sus huellas pueden ser transmitidas a generaciones futuras, así como son heredadas del pasado.

Cuando Jung hablaba de criptomnesia en la producción artística de algunos individuos, no contaba con la información de cómo, al separar al colectivo de sus raíces, mucho de la epistemología originaria se apaga, tal como un embrión en la platina. Este suceso se ha venido llevando a cabo desde la conquista, la colonia y la transfusión del consumismo en vena, y por supuesto, de la globalización, que pretende la homogenización de la cultura (eurocéntrica, por supuesto).

Al caer el muro de Berlín, cede con él  el equilibrio global que era posible en el mundo gracias a la existencia de dos fuerzas antagónicas que mantenían “un pulso”, que bajo su forcejeo, dio lugar a un espacio de reflexión y cuestionamiento, que generó en América Latina el así llamado “boom latinoamericano”, que se reflejó en las artes visuales de Centroamérica en grupos como Vértebra en Guatemala y Praxis en Nicaragua. En este último expone Ilse Ortiz de Manzanares, siendo una de las primeras mujeres del istmo que rompe con los esquemas tradicionales del arte femenino y su figuración, engarzándose en las luces y las sombras de esquirlas plegadas y desplegadas, al tiempo que Claudia Fuentes de Lacayo se enfoca en las huacas (los entierros prehispánicos) de la memoria.

Estas imágenes debían marcar la epigenética del arte centroamericano, abriendo nuevas miradas, desde puntos de vista no patriarcales, pero llegó la globalización y con ella el triunfo absoluto del capital y sus ferias y bienales, trasladando a la platina del “no pensemos” ese patrimonio (en este caso “matrimonio”, por su línea matriarcal).

¿Cuál es el impacto del mercantilismo en el arte?

Cualquier vuelta a ese espacio es para los curadores y marchantes del “arte actual”, una tendencia “ochentera”, un calificativo despectivo, ya que la mentalidad mercantilista no les permite vislumbrar la riqueza de una herencia que facultaría la innovación en las nuevas generaciones, otro término denostado por el eurocentrismo, y que algunos curadores centroamericanos, en su posición de obedientes lacayos de la institución del arte, siguen a pie juntillas, a partir del decreto de Arthur Danto, “del fin del arte”.

Así que “todo se vale”, siempre y cuando no haya que pensar mucho y continuemos en la vía del apropiacionismo, garantizando --eso sí-- que los artistas sean muy jóvenes (más allá de los cincuenta años están perdidos) y que sean aprobados por las reglas globales del arte.

¿Quién es?

 Marcela ValdeavellanoEs una curadora guatemalteca especializada en mercadeo estratégico del arte. Enfocada en el trabajo decolonial para encontrar nuevas vías de desarrollo en un mercado saturado por los mismos temas y las mismas soluciones en las artes visuales.

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