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Kevin Rodas, un joven de 17 años que estudia Ingeniería Civil, nunca se ha preocupado por su ortografía. Piensa que en el mundo de los números no hay que prestarle atención a las tildes, comas, o puntos y comas.

“Siento que en mi carrera no es necesario saber escribir o redactar bien, y si lo hago alguien más lo puede revisar por mí”, considera Rodas. 

Sin embargo, la directora ejecutiva del Foro Educativo Nicaragüense Eduquemos, Eva Córdoba, sostiene que es importante preparar profesionales que además de adquirir los conocimientos técnicos de su carrera, tengan buenas habilidades comunicativas, lo que implica saber hablar y escribir con propiedad el idioma español.

“Los problemas de ortografía, que se arrastran durante la vida estudiantil y luego en la vida profesional, traen dificultades que limitan a un joven en sus relaciones interpersonales y también en su trabajo profesional en general”, mencionó Córdoba.

El español, idioma oficial de Nicaragua, no se domina bien entre los estudiantes de secundaria, al tomarse como parámetro los resultados de los exámenes universitarios de admisión.

Este año, en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en Managua solo el 24.5% de los estudiantes aprobaron el examen de español, es decir 3,198 personas de 13,054 que hicieron la prueba.

Formación tradicional

En el caso de Rodas, desde sus primeros años de estudio no se sintió atraído por el mundo de las letras, que involucra gramática, ortografía, literatura, análisis y comprensión.

Su preescolar fue interactivo, pero bastante básico en enseñanza. En la primaria las cosas no cambiaron: los maestros aplicaron una educación tradicional, que consistía en aprender todas las lecciones por el método de reproducción memorística.

Los expertos sostienen que este tipo de metodología tradicional limita el desarrollo de las personas y también aplica técnicas de castigo, como por ejemplo: bajar notas por errores ortográficos en un examen o implementar el cuadernillo de refuerzo, que se basa en repetir innumerables veces una palabra que se escribió mal.

“La efectividad de esta técnica no representa un gran avance porque aún se presenta con mucha frecuencia la deficiencia en ortografía y a su vez contradice el enfoque pedagógico de aprendizaje con placer”, explica Córdoba.

Nueva metodología

Visión Mundial Nicaragua impulsa desde hace tres años el proyecto Leo, Comento, Imagino y Creo, que busca inculcar el hábito de la lectura y ejercitar la comprensión lectora en niños de preescolar y primaria.

“Leer no solo enriquece el vocabulario, sino que mejora considerablemente la ortografía y ejercita la comprensión lectora”, dijo Claudia Picado, coordinadora nacional de educación por la vida en Visión Mundial.

La metodología de este proyecto consiste en comenzar desde preescolar a relacionar la literatura con los niños de una manera dinámica y entretenida y después, en sus primeros años de escuela, enseñarles a leer con libros animados que motiven a los estudiantes. 

En los últimos grados de primaria se ejercita la lectura comprensiva, haciendo grupos de lectura para que entre los mismos alumnos comenten y debatan sobre cada libro que leen y también se utiliza la mochila viajera, que hace que los niños lleven a sus casas libros para leer en familia. 

La organización impulsa el proyecto en 180 escuelas rurales de 7 departamentos, cubriendo aproximadamente 3,000 niños y niñas.

Leo, Comento, Imagino y Creo trabaja en conjunto con el Ministerio de Educación (Mined) ha mostrado en el último monitoreo del avance del hábito lector que en solo 2 años se ha logrado mejorar en un 31%.

Esto significa que alrededor de 800 niños y niñas leen más de 6 libros al año cada uno, señala el informe anual de Visión Mundial. 

Picado explica que la lectura tiene efectos beneficiosos en el desarrollo educativo de las personas, porque relacionan las palabras leídas en un libro al momento de hablar y escribir.

El resultado del programa de Visión Mundial, además, es importante si se toma en cuenta que, según estudios del Foro Eduquemos, 6 de cada 10 niños no saben lo que leen, y esto se debe a la falta de lectura comprensiva de los infantes. 

Los resultados de 2008 de la prueba EGRA en Nicaragua, que mide el nivel de lectura, indican que un estudiante de segundo grado de una escuela pública lee 46.5 palabras por minuto, mientras que el de un instituto privado logra 56.5 palabras, pero ambos están por debajo del mínimo que se exige: 60 palabras por minuto.

Desprestigio

El joven Kevin Rodas pasó toda su primaria y secundaria leyendo los resúmenes cortos de los libros para completar sus tareas y siguió sin prestarle importancia a la clase de español.

A su criterio, eso no le dio problemas porque pudo graduarse con un promedio de 90, el cual es bastante alto, y está casi seguro de que debido a la carrera que ha elegido estudiar, la ortografía o habilidades de redacción no tendrán mayor relevancia en su vida profesional. 

Rodas cursa primer año de la carrera de y asegura que “se basa en números y no tiene que ver con la redacción”.

Los docentes universitarios contradicen por completo la manera de pensar de Rodas.

El profesor Byron Delgado, coordinador del Departamento de Español de la Universidad Centroamericana (UCA), advierte que “los problemas ortográficos generan desprestigio en el nivel de educación de una persona y más cuando esta ya tiene un nivel de escolaridad superior”.

Pero tratar de cambiar los malos hábitos al escribir en un joven universitario es un reto. La ortografía es algo que preferiblemente se debe tratar en los primeros años de escolaridad, expresa Eva Córdoba. 

El docente insiste en que el problema se debe atacar desde la raíz, mejorando la formación de los futuros profesores normalistas, haciendo cambios en el sistema educativo y trabajando en la construcción familiar y social.

257 mil estudiantes tiene este año Nicaragua en preescolar.

974 mil alumnos hay en primaria, según un informe gubernamental.

527 mil son los estudiantes en secundaria.

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