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La primera señal que dio el cáncer linfático de Maynor Zamorán, de 4 años, fue una bola que apareció de repente en su cuello. Sus padres creyeron que se trataba de topa, que es el nombre común de la parotiditis, una infección viral contagiosa cuyo tratamiento consiste en aliviar los síntomas a través de analgésicos.

Sin embargo, la hinchazón creció y adquirió un color rojizo, por lo que decidieron salir de su comunidad La Colonia, a seis horas de Nueva Guinea, Región Autónoma del Caribe Sur, para llevarlo a la unidad de salud más cercana. Allí los médicos no hicieron un diagnóstico, pero remitieron el caso al Hospital Regional Asunción, de Juigalpa.

Maynor Zamorán está a punto de finalizar su tratamiento de quimioterapia y radioterapia.“Allí nos dijeron que aparentemente era un tumor”, cuenta su padre Lorenzo Zamorán, de 40 años.

Maynor cumplió 11 meses en tratamiento de quimioterapia y radioterapia en el Hospital Infantil La Mascota y Lorenzo Zamorán ha estado dos meses junto a su hijo en la casa albergue de niños con cáncer, ubicada en el mismo terreno del centro asistencial.

Antes, el pequeño estuvo acompañado por su mamá.

Según Zamorán, el diagnóstico de cáncer linfático fue confirmado en julio del año pasado y en ese momento les dijeron que el tratamiento iba a durar dos meses, pero el mismo se ha alargado y ya ajustan un año en Managua, lejos de su hogar, donde junto a su esposa, se dedica a la siembra de maíz y frijoles para consumo propio y para vender, y dos veces al año compra un cerdo con el mismo fin.

Con esperanzas
Hasta ese momento, asegura, nunca había escuchado sobre tumores ni sobre cáncer. Ahora sabe que esta enfermedad puede matar, pero que si es diagnosticada a tiempo el paciente puede sobrevivir y él confía en que su hijo saldrá victorioso de esta lucha, pues ya recuperó su cabello y está en las últimas semanas de quimioterapia y radioterapia.

Maynor Zamorán cumplió 4 años el pasado 6 de mayo, el mismo día que Alonso Joseth Díaz, de 20 meses de edad, fue diagnosticado con leucemia linfoblástica aguda, el tipo de cáncer más común entre los niños de 3 a 8 años, de acuerdo con el registro del departamento de hemato-oncología del Hospital La Mascota, indica el doctor Fulgencio Báez, jefe de dicha unidad.

La mamá de Alonso, Jasnary Estrella Castillo, de 20 años, señala que su hijo nunca padeció anemia, o al menos su pediatra de cabecera nunca se lo notificó; tampoco presentó síntomas sospechosos, sino que siempre fue un niño sano, con buen peso y apetito. Fue hasta hace poco más de dos meses que el niño se enfermó aparentemente de neumonía.

Su pediatra de consulta privada, recuerda la joven madre, le recetó penicilina, pero cuando en el Hospital Regional Asunción de Juigalpa realizaron el diagnóstico preliminar de leucemia, le dijeron que dicho antibiótico más bien había bajado los glóbulos rojos del niño. Ellos provienen de San Miguelito, Río San Juan.

Para Castillo es muy difícil hablar de la situación del pequeño Alonso Joseth. Rompe en llanto a cada instante. Pero, como el resto de padres y madres de la casa albergue para niños con cáncer del Hospital La Mascota, tiene esperanzas en que su hijo terminará satisfactoriamente el tratamiento de quimioterapia y regresará a casa totalmente curado.

Trabajo de la mano en pro de los niños

Coordinación • La Comisión Nicaragüense de Ayuda al Niño con Cáncer (Conanca), y la casa albergue de niños con cáncer del Hospital Infantil La Mascota tienen 24 años de existencia y han contribuido a salvar la vida de 1,800 infantes que en su momento fueron diagnosticados con algún tipo de esta enfermedad.

La administradora de la casa albergue, sor Azucena Narváez, explica que los trabajos de ambas partes se complementan, pues por un lado Conanca hace posible que los niños reciban su tratamiento de quimioterapia y complementario, y por otro, la casa albergue permite que los pacientes que provienen de lugares alejados permanezcan allí con un familiar para que los reciban en tiempo y forma.

  • 35 niños con cáncer permanecen, en promedio, en la casa albergue.
  • 5 mil dólares es el costo promedio del tratamiento que requiere al año un niño con cáncer.

 

 

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